viernes, 25 de octubre de 2013

Felipe Hodgson Ravina: Lowlands


Explosión de color sin concesiones. Una persona que conoce a Felipe Hodgson me dice que vive una etapa de alegría vital, de creatividad exultante aunque, me confiesa sonriendo, no puede sentirse imparcial a la hora de juzgar su obra. Hay cuadros que son puro impresionismo y así lo vi nada más entrar, sin encomendarme al catálogo ni a ninguna otra opinión, aunque claro está que aquí no hay formas, es como si se tratase de una multiplicación de reflejos irisados sin fin. Pero es mucho suponer, así que mejor ir a lo certero, a lo que dice el autor.

"Esta muestra es un estudio de gabinete de un hipotético análisis continuado de la especifidad del carácter casi fitobiológico del humus, de la tundra o de la turba que se genera en los espacios de los lowlands". La explicación es mucho más sencilla, nos comentó luego, es una visión a ras de suelo del humos que compone el propio suelo, una visión exagerada o microscópica de lo que veríamos allí abajo en el bosque o en la tundra, tal cual lo analizaría un biólogo o una estudiante avanzado de farmacia para explicar la composición de su herbario a un catedrático.

El autor investiga la descomposición del color y la forma: "Si observamos la tierra vegetal, vemos que en ella se genera un maravillosos paisaje de la hierba que transmite una impresión casi abstracta (...) una forma casi inconsciente de la abstracción en la narración de mis sensaciones en busca de la luminosidad, entre otras propiedades, y del color como la meta del resultado plástico".

Hay momentos, en algunos cuadros, en los que la obra se descompone en dos partes bien diferenciadas, una, la más llamativa, esa eclosión de color, un estallido de formas de gran expresividad, es el movimiento, la brisa que mece la hierba y desbarata cualquier intento de orden; y por otro lado la quietud, un fondo uniforme en el que apenas se aprecia la pincelada, en el que se intuye el horizonte, un horizonte de azul o de un violeta profundo e intenso que parece indicar que más allá ya no existe nada, sólo placidez y sosiego.


Estas obras me encantan. Estaría mirándolas horas y horas, penetrando literalmente en las telas y paseando como si fuese una hormiga en ese suelo abstracto que nos explica Hudgson, en esa serie de planos limitados únicamente por los colores, sin una línea que los defina, y de vez en cuando un espacio libre de movimiento y ruido, de un celeste casi blanco que puede sugerir infinidad de cosas, agua, hielo o cristal de  transparencia infinita. La conocida del artista que me hablaba al principio tenía razón, hay alegría y vida en las obras y lo transmite, quizá yo no sepa expresarlo de otra forma sino con pequeñas metáforas que me permiten recorrer la galería en silencio antes de que lleguen los invitados y se haga imposible la contemplación serena de las obras.

Lowlands, de Felipe Hodgson Ravina en la Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid
Para ver más sobre la exposición en http://www.galeriaorfila.com/Exposicion_actual.htm

jueves, 24 de octubre de 2013

El Laberinto de "El Capricho" de la Alameda de Osuna

En 1946 un avión correo de Iberia hizo un aterrizaje de emergencia nada más despegar de Barajas, y lo hizo sobre una zona que debía ser de arbustos. Acababa de arruinar el jardín bajo, y con él lo que quedaba del laberinto del parque "El Capricho", de la Alameda de Osuna. Son cosas que no suelen ocurrir, pero pasan.

Estatua en la plaza de los Emperadores
De todas las historias que se pueden contar de la Alameda de Osuna, esta es la que más me gustó, quizá sólo por lo inusual del caso. "El Capricho" es una especie de "Versalles en miniatura", me dijo mi vecina, y en efecto, lo es. Me recordó un relato parisino de Rubén Darío, de un modernismo absoluto, sobre un poeta y una ninfa. Aunque tampoco es difícil de imaginar al duque don Pedro correr tras el carruaje de su amada y caer desvanecido hasta la muerte, según cuentan allá por 1844; ni los paseos fastuosos que diera don Mariano, el último duque, "el grande entre los grandes de España"; ni las carreras de caballos al estilo inglés o los apartados rincones entre estatuas, frondas, nenúfares y patos deslizándose en el remanso del lago testigos de vete tú a saber qué secretos, pero nada más sugestivo que el laberinto de laurel.

Laberinto de El Capricho en la actualidad

El laberinto es un elemento que se encuentra en los jardines desde antiguo. Tiene un origen oscuro y envuelto en el misterio que representa el mito de Teseo y el Minotauro. Según éste, Atenas, derrotada por Creta en una guerra, debía entregar todos los años 7 jóvenes y 7 doncellas al rey Minos para ser devorados por el Minotauro, bestia que comía carne humana. El Minotauro habitaba una gruta en lo más profundo del laberinto creado por Dédalo. Teseo se ofreció a ir  a Creta como víctima y liberar a su patria de este sacrificio. Ayudado por Ariadna, hija del rey Minos, de quien se enamora, Teseo penetró en el laberinto y dio muerte a la bestia.

El laberinto, a partir del barroco, deja de tener el significado filosófico de un submundo abierto y cerrado en el que se penetra en pos de la verdad, y pasa a ser un lugar puramente ornamental enriquecido a base de estatuas, pérgolas, bancos, fuentes... Con el romanticismo, el laberinto pierde todo su significado inmaterial y espiritual, es una pieza más de los jardines de la nobleza, y aunque mantiene sus características ornamentales, comienza a ser un lugar que se presta a juegos románticos y amorosos propio de la época. Es en esta época cuando se le añade una gruta donde ya no habita el Minotauro, sino el amor de Teseo y Ariadna.

Plano del Laberinto de El Capricho
Un mes después de la muerte de don Mariano, en 1882, totalmente arruinado y sin descendencia, se declara la banca rota de los Osuna. Tras varias vicisitudes y propietarios, entre los que destaca la poderosa e influyente familia Bauer, el Ayuntamiento de Madrid compra los terrenos mediante permuta en 1978. Después del aterrizaje del avión correo de Iberia, la zona se fue degradando y llegó a convertirse en almacén de materiales, hasta que se localizan los planos con el diseño que tenía el laberinto en 1870. Esto permitió su reconstrucción a partir de 1987 a base de plantones de laurel y recuperando parte del mobiliario, que es lo que conocemos hoy.

Para conocer más de El Capricho y su historia os recomiendo su visita que es gratuita y la lectura de "El Capricho" de la Alameda de Osuna, de Carmen Añón Feliú, de la colección Parques y Jardines de Madrid que he utilizado para documentarme y guiarme en mis visitas al lugar.

lunes, 21 de octubre de 2013

Iucunda: Estela funeraria en Segóbriga

Junto a la línea que delimita la parte sur del circo de la ciudad romana de Segóbriga, en Cuenca, hay una estela funeraria que impresiona por su sencillez y conmueve su ternura, si es que a la muerte se le puede considerar tierna en algún momento. La estela que identifica la sepultura de Iucunda, esclava romana de 16 años. En ella se representa a una joven tañendo una cítara, preciosamente labrada, y debajo una inscripción breve y conmovedora que dice:


No tendrá que añorar tras su muerte a sus hijos perdidos.
Para Iucunda, esclava de Manio Valerio Vitulo e hija de Nigella.
Desahuciada al acercarme a mis 16 años, cedí, vencida, al peso de mi destino.
He aquí lo que puede abatir mi corazón, lector, la causa prematura, lamentable,
de mi sepultura. Pero, llegada a mi fin, descanso en un lugar querido, antes que
las enfermedades destruyeran mi cuerpo con violencia de un tumor intolerable
para cualquiera, ahora, libre de preocupaciones, reposo bajo la hierba ligera.
Ahora os toca a vosotros el cuidado de mi sepultura, padres, mi querido esposo,
adiós para siempre.
Que a mí no me pese la tierra y a vosotros los dioses os sean favorables. Sé
propicia para esta citareda, como también Febo lo fue mientras viví.


sábado, 19 de octubre de 2013

Lenguaje Codificado: Simbolismo y grafismo en África Ritual

África. No es un grito, es el título de un libro que tengo y comienza así: "La historia de África no ha atraído aún, salvo en raras ocasiones, a los historiadores. La razón es que la documentación escrita, materia prima y base de la técnica historiográfica, es prácticamente inexistente en lo que se refiere al periodo que ha precedido a la llegada de los europeos" y apunta en una nota "cuando decimos África nos referimos, de ahora en adelante, a la parte del continente africano situado al sur del Sahara".

Parece que hablar de escritura en África es hablar de un imposible, de una entelequia. Hace una semana la Edith Mbella Gallery ha inaugurado la exposición Lenguaje codificado. Simbolismo y grafismo en África Ritual. Le pregunté a Edith si las telas y los paños estampados son dibujos o es escritura. "Escritura, sin duda, muchos pueblos africanos no conocían la escritura y se expresaban mediante estos signos. Los signos representan el entorno en que viven: la caza, los hijos, el rebaño, la familia. Son las pinturas rupestres de Europa." Las telas son una pequeña maravilla y hay, sobre un radiador, unas fotocopias que explican el entramado que se utilizan. Son de una delicadeza sublime, colores ocres todas ellas, unas enrolladas, amontonadas con mucho orden en un banco junto a la pared, otras que están colgadas se antojan alfombras, mantas, abrigos o túnicas de colores suaves que permitirán resaltar la piel negra y los tocados de colores vivos.

Y en el escaparate, unas tablas con la forma humana tienen escritura árabe. "Son las que utilizan  los niños para escribir en la escuela", me dice, son las pizarras infantiles "el niño escribe en ellas, utiliza carbón para poder borrarlas y volverlas a utilizar". Todo, prácticamente todo lo expuesto no tiene autor, es del común, unas para uso personal y otras para la comunidad, como las pizarras de madera. Sólo una fotografía, la fotografía de un niño abrazado a una de esas tablas con escritura árabe, es la única obra que está firmada, "Djenne" de Carlos Duarte.

Entre las telas hay varias máscaras rituales y alguna figura. También hay una escalera, es el tronco completo de un árbol, y una hermosa cabeza de toro que según mi vecino ocasional "es la magnífica síntesis del saber de toda una cultura". Hay dos figuras negras, son parte de ambas cimeras que representan un antílope cada una, aunque ninguna es de ébano. "Los pueblos africanos no hacen figuras de maderas con fines religiosos, creen que al cortar el árbol el espíritu que habita en él se seca y muere". Edith explica que son animistas, viven en armonía con la naturaleza; para ellos los seres vivos tienen alma, los animales, las plantas, el agua, todo cuanto les rodea, y sus rituales son el agradecimiento a la naturaleza de la que forman parte, "las figuras, no son sagradas, son de maderas blandas o semiblandas", concluye, el ébano, como cualquier madera, no tiene alma, sólo tiene valor en la cultura occidental.


La sala fue llenándose de personas y un murmullo cada vez más envolvente hacía que las explicaciones fuesen cada vez más difíciles de seguir. Se sucedían los saludos en ese ritual iniciatico que es la inauguración. Ya sólo quedaba despedirse discretamente, y pensé que para cerrar esta entrada tomar prestada una frase de mis amigos Joan y Ángeles, de Casa África, que concluye "no es nada sencillo hablar de África".

Lenguaje Codificado: Simbolismo y grafismo en África Ritual, en Edith Mbella Gallery, en Marqués de Cubas, 8 de Madrid.
Para saber más de la galería en http://www.edithmbella.com/index.php?lang=es&q=exhibitions

jueves, 17 de octubre de 2013

Helí García: Zoografía e histeria



Para escribir este post lo lógico hubiese sido escuchar de fondo El Carnaval de los Animales de Saint-Saëns, que al parecer es una obra cómica, sarcástica, grotesca y satírica. No sé por qué escogí la Cantata nº 147 de Bach. En la contraportada del disco de Bach dice que éste se había propuesto estrenar la obra el cuarto domingo de Adviento de 1716, pero toda vez que Bach no la había terminado y se había ido a vivir 7 años después a Leipzig, resultó que allí no se interpretaban cantatas el cuarto domingo de Adviento. En fin...

Me pregunta, quién se yo, si he prestado atención a toda la ironía que contiene la obra del granadino Helí García, Zoografía e histeria, cuando ya me disponía a dar la segunda vuelta a la sala. En la primera me había detenido a mirar la pincelada enérgica y suelta en todos los cuadros, lienzos, tablas, lino, óleos y acrílicos, obra propia de un alumno avanzado del impresionismo. Y en eso estaba pensando, que la exposición parece narrada por un perro o un gato, una metáfora más de la muestra. Al fondo hay una obra Estudio zoológico. Esperanza; sobre una alfombra la aristocrática manada de ocas deambula entre cuervos; más allá la Clase A, sobre otra la alfombra un grupo de gallinas, unos pavos y dos gallos.

"Bien, le digo, bien. Me ha gustado la sardina". "¿La sardina?" "". Leo con voz medio atiplada el poema del catálogo: "Lo aterrador es el orden, la estructura, / la impunidad de la forma; / del color, lo subjetivo. / Arte, ingeniería jurisprudencia. / No es la muerte, no el asesinato: es el protocolo, la liturgia." Estamos parados ante el Rey león, una obra inmensa. El Rey león posa en su trono, cegado y a su lado dos cuervos; sobre éstos dos buitres detrás una banda sujetada por otros tres cuervos que dice "Amén", a los pies el cráneo de un elefante, una ratonera y detrás del trono un gato observa aburrido como el galgo de Felipe IV pintado por Velázquez. Al pie un deseo: "Sueño con ser el pintor de la Corte". Sigo leyendo: "Me asustan, por ejemplo, ciertas aves: / son salvajes, ¡Salvajes" / en el sentido estrictamente / los cuervos, los buitres, las gaviotas..."

Sobrevuela un buitre un paso de peatones con la inscripción "in statu quo ante" es el Estudio zoológico I; a su lado, un perro inaugurando un aeropuerto, enredado en la cinta roja que acaba de cortar lo observa un burro. Más buitres, más ocas, más gallinas y más cuervos. Las cabezas de un par de ciervos sobre el lecho conyugal y sobre éste una picadora, y posados entre los cuernos, palomas y cuervos.

 A la izquierda un gato Odasiscat, II se exhibe tranquilo, recostado sobre el lomo en la mullida alfombra, enseña la panza y mira fijo con ojos azules al espectador, tras él van y vienen los ratones. "¡Harto de pan!" dice mi vecino. Mejor nos centramos en la familia de perros o en la pelea de oseznos, o en el gato dispuesto para la fiesta de disfraces.

"Yo siento la violencia del gusano, / que es casi nada, silencio, / que no protesta, no molesta, / que con su permiso devora / los restos podridos, la carroña, / el postre acerbo de la santa cena". Un león grande, imponente y poderoso, sabedor de su fortaleza, cierra la muestra, tras él un grupo de buitres sostiene una pancarta que dice "Nosotros estamos contigo".


Ante el contratiempo, Bach aprovechó su trabajo anterior "introduciendo algunas adaptaciones: transformó y desglosó ciertos textos, añadió recitativos e incorporó una estrofa coral. A ello se sumó la presencia de una trompeta junto a la orquesta habitual, lo que otorgó a esta cantata en dos partes una solemne brillantez".

Zoografía e histeria, de Helí García, en galería Bat Alberto Cornejo, en María de Guzmán, 61 de Madrid.
Para ver más de la exposición en http://www.galeriabat.com/exposiciones/

domingo, 13 de octubre de 2013

Santiago Talavera: Conmigo llevo todas las cosas

Sorpresa, es la impresión que tiene uno nada más entrar en La New Gallery para ver la exposición de Santiago Talavera. Primero porque no es una exposición al uso, y sobre todo, porque parece una apuesta arriesgada que vale la pena llevar a cabo. Traerse el taller del artista a la galería, o mejor dicho, hacer de la galería el taller del artista, no sé si es novedoso, pero es impactante y sorprendente.

Leí en la crónica de ABC, al poco de inaugurarse la exposición, que este montaje conseguía colocar al espectador frente a la obra "en ese punto crítico que queda entre ésta y el propio Santiago Talavera". Anduve buscando ese punto crítico y me encontré envuelto por la dimensión del taller, no las medidas, sino la dimensión que le da el artista para crear la obra. Yo parto de la idea de que las musas no existen, y si existen no son la baza principal de la obra, sino el genio del artista unido al trabajo y a la búsqueda de las formas, y aquí quedaba claro que las musas eran esos bocetos sin acabar, las miles de piezas sueltas, lápices, rotuladores, fotografías y recortes de papel, que hacen que algunas veces el taller parezca una fiesta recién terminada, donde han dejado los vasos con los posos del café, confetis, restos de comida o una radio mal apagada; otras veces aparece como un taller industrial donde sobresale un nivel, un martillo, chinchetas (¿qué hace un nivel en el taller de un pintor?), tijeras, recortes cogidos con pinzas como patrones de un sastre, las obras sin rematar, como si el dibujo o la pieza no encajara en el puzzle que se había pensado; y esa pieza recortada, o la hoja del bloc de apuntes colgada del techo o se clavada en la pared para ser utilizada en un futuro ¿Servirá para algo? Bueno, eso sólo lo sabe el artista.


Y entre los bocetos y las innumerables piezas repartidas por el taller casi imposibles de enumerar, como si se tratase del cuarto de un alquimista, o el de un anticuario descrito en una novela de Balzac, se encuentra la piel de zapa, el tótem último: la obra terminada, dispuesta y enmarcada entre cientos de útiles, temperas, acrílicos, tubos de óleos aplastados, pinceles... Y quizá, pensé, se corre el riesgo de confundir la obra expuesta en ese maremágnum, en ese "conmigo llevo todas las cosas" que da título a la exposición, con el fin que el catálogo nos desvela, donde el espectador se introduce "literalmente, en la obra y observa el trabajo en el ámbito natural en el que ha sido creada. El artista se rebela contra la dictadura del aséptico cubo blanco de la galería..." como el miedo a la hoja en blanco del escritor o como un desafío al espectador, que nada surge de la nada, que todo tiene un objetivo, que las ideas se acumulan como un collage para conformar la obra.


La obra de Talavera es minuciosa, es lo que transmite un poco el entorno. Tiene un dibujo delicado y preciso, domina la técnica y los materiales con maestría, son composiciones que distorsionan el paisaje y transportan la naturaleza viva al paisaje urbano, una metáfora que traslada el curso de un río a las escaleras mecánicas, el amanecer idílico a ser observado tras la valla de una obra, o el desayuno preservado en una quesera de cristal.

De la exposición no sobra nada, total y rotunda es un perpetuo ir y venir de ideas, acertadas unas, insospechadas otras, pero que no te dejan indiferente. Es de agradecer la valentía de los galeristas, de La New Gallery, presentarnos la muestra en este formato desmedido y alejado de la norma que dicta el "cubo blanco de la galería". Fascinante.


Santiago Talavera en La New Gallery, en calle Carranza, 6 de Madrid
Para saber más de la exposición en: http://www.lanewgallery.com/index.php/santiago-talavera-2/

jueves, 10 de octubre de 2013

Vitruvio en la Biblioteca de la E.T.S de Arquitectura de Madrid

"El descubrimiento, en 1414, de una copia manuscrita del libro "De Architectura" de Vitruvio, despertó un gran interés dentro del mundo de la arquitectura y del humanismo siendo el germen de toda una serie de tratados que vieron la luz durante el Renacimiento".

Así comienza la exposición que la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid dedica al arquitecto romano Marco Vitruvio Polion. La muestra sorprenden por su sencillez, escasamente dos vitrinas en las que se muestran los ejemplares, traducciones y un recorrido histórico de la obra y los ejemplares en poder de esa biblioteca. No destaca la muestra precisamente por la difusión que se le da fuera de la Universidad Politécnica de Madrid, que en este caso es mínima, sino por la del protagonista: un libro, por otro lado, algo normal tratándose de una muestra a iniciativa de la biblioteca.

La muestra está en la línea en las que suelen haber en la Biblioteca Nacional en la que se muestra el libro abierto, generalmente por la portada, en la que aparecen el título, autor, editorial y año de la edición, solo que en este caso hay una pequeña historia sobre la edición de cada ejemplar, lo que ayuda a entender las peculiaridades de cada edición. Por ejemplo la obra fue traducida y editada por primera vez al italiano en 1521 por Cesare Cesariano, como los correctores alteraron el texto sin consultar al traductor éste protestó con tanta energía que fue encarcelado y le fueron robados los manuscritos y los dibujos de la obra, aunque en 1529 se resolviera el pleito a su favor. Estas pequeñas anécdotas son las que realmente dan interés de la muestra a los profanos.

"La obra está estructurada en 10 libros, expone todos los conocimientos de su época sobre la teoría y la práctica arquitectónica, entendiendo por tal no solo el arte de construir edificios, a los que dedica los siete primeros libros, sino también a las obras públicas y los diseños de máquinas para la construcción de edificios". La primera traducción al castellano fue obra del arquitecto Miguel de Urrea, en 1582, imprimió en Alcalá de Henares, aunque tosca y con grabados muy esquemáticos.

La importancia de la obra de Vitruvio está en que éste arquitecto, que vivió en la época de Augusto, "compuso su obra como un compendio de todos los saberes arquitectónicos de su tiempo, siendo ésta la línea seguida por los principales tratadistas del Renacimiento. Arquitectos como Alberti, Serlio, Vignola o Palladio, tuvieron muy en cuenta este tratado ya que era el único texto conservado que recogía todo el saber arquitectónico de la Antigüedad, modelo de inspiración para el Renacimiento. En primer momento la obra fue estudiada fundamentalmente por filólogos que intentaron hacerla inteligible, dado lo complicado del texto, pero pronto se sucedieron otras versiones más personalizadas e ilustradas.
Hacia 1486 Fra Giovanni Sulpicio da Veroli publicó la primera impresión de la obra sin traducir, todavía en latín vulgar. La siguiente la realizó Fra Giovanni Giocondo y en 1521 Cesare Cesariano presenta la primera traducción en italiano. A estas ediciones sucedieron otras ya traducidas al idioma de país impresor".

Quizás no aprendamos nada sobre arquitectura y siempre nos quedaremos con las ganas de tener una de estas hermosísimas ediciones en nuestras manos, y lo más seguro es que casi nadie se desplace hasta esa biblioteca para ver esta minuciosa muestra, pero siempre es de agradecer el interés que tienen algunas personas en las instituciones para mantener "vivo el espíritu del saber" y mostrarnos riquezas que de otro modo estarían encerradas entre cuatro paredes sólo accesibles a eruditos y estudiosos.


Información completa de la muestra en: http://www.aq.upm.es/biblioteca/biblioteca_digital/vitruvio.html

martes, 8 de octubre de 2013

El Prometeo de Kafka


Recordaba tener este libro pero no sabía dónde y el otro día lo encontré entre otros medio olvidados también, en el desván del pueblo. Tengo varias ediciones del La Metamorfosis de Kafka, pero ésta es la más antigua que conservo y la peor editada. Tiene erratas en casi todas las páginas, pero también su encanto. Como casi todas las ediciones del breve relato de la metamorfosis de Gregor Samsa, los editores suelen rellenar el libro con otros relatos también breves, a veces son meros apuntes que los convierten en relatos, en fin, son percepciones personales. Uno de estos relatos es sobre la leyenda de Prometeo que sólo he leído en esta edición argentina de 1976, que ya no recuerdo ni dónde ni cuándo la compré. Recuerdo, eso sí, que siendo muy joven escribí una versión del mito, pero tampoco sé dónde está, incluso si tengo o no una copia. Es lo que suele ocurrir con las historias que todos conocemos, acaban olvidándose o deteriorándose en el recuerdo. El relato de Kafka dice así:

PROMETEO

     Hay cuatro leyendas referidas a Prometeo. Según la primera,  fue encadenado al Cáucaso por haber revelado a los hombres los secretos divinos,  y los dioses mandaron águilas a devorar su hígado, que se renovaba perpetuamente.
     Según la segunda, Prometeo, aguijoneado por el dolor de los picos desgarradores, se fue hundiendo en la roca hasta hacerse uno con ella.
     Según la tercera, la traición fue olvidada en el curso de los siglos. Los dioses la olvidaron, las águilas la olvidaron, él mismo la olvidó.
     Según la cuarta, se cansaron de esa historia insensata. Se cansaron los dioses, se cansaron las águilas, la herida se cerró de cansancio.
     Quedó el inexplicable peñasco.
     La leyenda quiere explicar lo que no tiene explicación.
     Como nacida de una verdad, tiene que volver a lo inexplicable.

sábado, 5 de octubre de 2013

Paulina Parra: "Y lo incierto que es todo"

"Todo en el Universo está compuesto por átomos, pero el vacío forma también parte de ellos, están hechos a su vez de algo que no es real", afirma Paulina Parra en el catálogo de su exposición. Me dice que intenta buscar y expresar el movimiento que hay dentro del átomo, la materia que se mueve en el vacío que existe en el mundo intratómico.

El vacío, el miedo al vacío, pienso. Descartes propone el éter para evitar el vacío, el medio de trasmisión del movimiento, del soplo divino a la materia (en sus cuadros Paulina Parra plasma el movimiento con una técnica que recuerda a Pollock, tan imperceptible es la huella del pincel que dudo que el mismo pincel toque la tela). Explora la necesidad cartesiana de crear a Dios, o de justificarlo, algo de lo que prescindirá Newton poco después; que luego retomará Einstein y al que Hawking dejará jugar a los dados: Existence - Non existence, propone en One and the same.

Y uno se pregunta mirando las obras de Parra, ¿dónde está Dios? Quizás no sea tampoco necesario. Ella enseña y explica su obra a los asistentes con minuciosidad, y las palabras que más se oyen son 'tridimensionalidad', cultura oriental y átomo, la introspección del átomo. Me recuerda las infatigables horas de estudio con Parménides, Anaxágora: y los cuatro elementos propuestos por Empédocles: Aire, Agua, Tierra y Fuego y, sobre todo, el átomo de Demócrito: en un vacío infinito, elementos indivisibles e infinitos en número.

What is real? Are you real?, escribe en Reality is merely an illusion. Me explica que su obra es la interpretación personal del interior del átomo y la ruptura de las formas, un viaje al interior más íntimo de la materia, que los hilos que se hunden  y brotan del lienzo representan el movimiento de infinitud de partículas imperceptibles, las sombras reales, el volumen, la tridimensionalidad. "Le preguntaré a un amigo que es físico" le dije. "¡Qué suerte! ¡Un amigo físico que te explique el interior del átomo!", contestó entusiasmada, y añadió "según la mística oriental el vacío es la madre de toda existencia".

"Las obras están muy trabajadas", oigo a mi lado. En efecto, son varias capas superpuestas, trabajadas hasta lograr la textura deseada, "y luego, ese toque expresionista...". Una obra me atrae especialmente: Almas gemelas. Es fácil sumergirse en ella, como si esa materia minúscula se hubiese engrandecido y pudiera ver, en la oscuridad de ese submundo, cómo circulan los pequeños elementos, deambulan de un lado a otro en un cosmos cerrado y finito. Pero no sólo son los lienzos, también hay una serie de 3 esculturas que parecen emerger y sumergirse de la pared sucesivamente: Estoy en todas partes y en ninguna las ha titulado, es como la interpretación del texto de Lao Tse que encabeza el programa de la exposición: "No existencia y existencia son idénticas en su origen, sólo se diferencian al hacerse manifiestas".


Paulina Parra "y lo incierto que es todo", en Galería Orfila, calle Orfila, 3 de Madrid
http://www.galeriaorfila.com/Exposicion_actual.htm

jueves, 3 de octubre de 2013

Antón Lamazares

"Sin título" Antón Lamazares
Hay situaciones y cosas, por decirlo de alguna forma, tan delicadas y sutiles, imágenes o recuerdos, que deben tratarse con especial cariño, con cierta ternura y tanto sosiego que no sabe uno cómo manipularlas ni explicarlas. Cuando entré en la galería me encontré con unos dibujos de un trazo tan fino y expresivo que prácticamente no necesitaba volumen para expresar toda el mundo que contenían. Por un momento pensé que era algo pueril e ingenuo, incluso sentí la necesidad de buscar a posteriori, en los libros, qué sentido tenía el Art Brut para expresarlo mejor. Pero lo dejé ahí. Una amiga al ver uno de los cuadros me dijo: "Extraño. No sabría decir si me gusta o no". Otra apunto: "Wow. Me encanta".

La exposición de la galería Rafael Pérez Hernando es la historia de una amistad y de una influencia mutua, un homenaje a la amistad que hubo entre Antón Lamazares y Alfonso Fraile, aunque el protagonista ahora es Lamazares. Pero vamos al principio; y el principio es una historia que cuenta Lamazares cuenta en el catálogo. De pequeño, dice, pasaba largos ratos con un señor mayor, el señor Evaristo, "un republicano 'cristiano muy practicante' que estuvo muchos años en Cuba, dado a contar largas historias de mulatos, de barcos y de tierras lejanas. Este entrañable personaje tenía la curiosa costumbre de firmar con su nombre todo lo que le venía en gana: ponía 'EVARISTO' en los árboles, en las paredes, incluso en la vaca o en el perro del vecino..." (Alfonso Fraile, in memoriam).

Art Brut, es un concepto del artista francés Jean Dubuffet, que lo define como el arte concebido al margen de las corrientes artísticas y lo sitúa en creaciones de pacientes o de artistas residentes o recluidos en centros psiquiátricos. "El arte es un juego. El juego mayor del hombre. Un niño contempla un instante una bola de trapo, se le ocurre una idea; ese objeto es un Piel Roja". El catálogo recoge esta cita de Dubuffet. A mí me recordaba, sin embargo, una frase de Picasso que decía haber tardado toda una vida para aprender a dibujar como un niño, que también se recoge en el catálogo, y me traía a la memoria un paseo por el monte de Bernardos durante la primavera con mi amigo Vicente.

"Sin título" Antón Lamazares
Domingo García es un pueblecito de Segovia. Allí, en medio del monte, en un roquedal de pizarras hay una colección inimaginable de petroglifos. Estos petroglifos son un grupo de personajes, guerreros, jinetes, lanzas, flechas, grabados en la roca con trazos esquemáticos, con la  ingenuidad propia de un demente, si atendemos al contexto. Vicente habla mucho con su perro. El animal, recién operado de la cadera casi no podía caminar, "entra con cuidado en el coche", le decía, "anda, ven que te coja". Frente a los grabados, los restos de un convento dominan la inmensa llanura que llega hasta el Sistema Central: Somosierra, Guadarrama y la Mujer Muerta. "Por aquí cariño" le decía Vicente al perro "no te metas por ahí donde los frailes, que te vas a caer". Alguien, hacía 13.000 años, había narrado o, mejor dicho, había grabado allí una batalla y se hacía difícil imaginar dónde ocurrió, y si es que fue una batalla, quizás a los pies del convento abandonado donde las tumbas vacías excavadas en la roca estaban llenas de agua; quizás en la llanura cuarteada de sembrados; quizás en el mismo monte, quién sabe. Todo esto me venía a la cabeza mientras miraba los dibujos de Lamazares, y recordaba a Vicente silbando, imitando a los pájaros y hablando con su perro "eso es un avión que va para América, pasará por el Polo Norte"; e iba recordando las figuras esquemáticas de los jinetes y guerreros en la batalla, solo que ahora me trasladaba a una caja de muñecas, o al sobre de una carta, o a los restos de una caja de zapatos, o a las hojas arrancadas de un cuaderno de apuntes, y me parecía oír al señor mayor contando historias de mulatos y escribiendo sobre el perro de su vecino: Evaristo.
"El solitario" Alfonso Fraile

"Prepara el cartón con una aguada de color; unas veces usa lápices, otras rótring y tinta china, otras contornea las manchas de café y las integra en el dibujo, agujerea el cartón, los personajes se alargan, te miran con grandes ojos, tullidos, insolentes, ajenos..."; es un desfile de figuras que posan mientras caminan sobre un fondo rosa, amarillo o verde. Comentamos los cuadros y me aplico a mi mismo la recomendación del catálogo: "Pero miremos, rumiemos y gravitemos de una vez por todas dentro de estos dibujos volátiles, efímeros y por eso mismo atractivos a nuestros ojos inexpertos."

"Allí, allí está el zorro" le dijo Vicente a su perro señalando un punto en el monte. Es lo que tienen las cosas de salir al campo, como hacía a Lamazares en su infancia, para contemplar la naturaleza y luego contarlas durante "las largas noches de invierno" al calor de la lumbre, o dibujarlas, sobre cartones y pizarras.

Alfonso Fraile - Antón Lamazares, en la galería Rafael Pérez Hernando, calle Orellana, 18 de Madrid.
En la web de la galería: http://www.rphart.net/exposicion/alfonso-fraile-ant-n-lamazares-2013#1770

Para saber más de los petroglifos en http://asociacionmaritere.jimdo.com/rutas-y-visitas/visita-al-cerro-de-san-isidro/ y podéis ver uno de los abrigos en: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=385224294938841&set=a.196098647184741.40701.100003538219175&type=3&theater