domingo, 13 de octubre de 2013

Santiago Talavera: Conmigo llevo todas las cosas

Sorpresa, es la impresión que tiene uno nada más entrar en La New Gallery para ver la exposición de Santiago Talavera. Primero porque no es una exposición al uso, y sobre todo, porque parece una apuesta arriesgada que vale la pena llevar a cabo. Traerse el taller del artista a la galería, o mejor dicho, hacer de la galería el taller del artista, no sé si es novedoso, pero es impactante y sorprendente.

Leí en la crónica de ABC, al poco de inaugurarse la exposición, que este montaje conseguía colocar al espectador frente a la obra "en ese punto crítico que queda entre ésta y el propio Santiago Talavera". Anduve buscando ese punto crítico y me encontré envuelto por la dimensión del taller, no las medidas, sino la dimensión que le da el artista para crear la obra. Yo parto de la idea de que las musas no existen, y si existen no son la baza principal de la obra, sino el genio del artista unido al trabajo y a la búsqueda de las formas, y aquí quedaba claro que las musas eran esos bocetos sin acabar, las miles de piezas sueltas, lápices, rotuladores, fotografías y recortes de papel, que hacen que algunas veces el taller parezca una fiesta recién terminada, donde han dejado los vasos con los posos del café, confetis, restos de comida o una radio mal apagada; otras veces aparece como un taller industrial donde sobresale un nivel, un martillo, chinchetas (¿qué hace un nivel en el taller de un pintor?), tijeras, recortes cogidos con pinzas como patrones de un sastre, las obras sin rematar, como si el dibujo o la pieza no encajara en el puzzle que se había pensado; y esa pieza recortada, o la hoja del bloc de apuntes colgada del techo o se clavada en la pared para ser utilizada en un futuro ¿Servirá para algo? Bueno, eso sólo lo sabe el artista.


Y entre los bocetos y las innumerables piezas repartidas por el taller casi imposibles de enumerar, como si se tratase del cuarto de un alquimista, o el de un anticuario descrito en una novela de Balzac, se encuentra la piel de zapa, el tótem último: la obra terminada, dispuesta y enmarcada entre cientos de útiles, temperas, acrílicos, tubos de óleos aplastados, pinceles... Y quizá, pensé, se corre el riesgo de confundir la obra expuesta en ese maremágnum, en ese "conmigo llevo todas las cosas" que da título a la exposición, con el fin que el catálogo nos desvela, donde el espectador se introduce "literalmente, en la obra y observa el trabajo en el ámbito natural en el que ha sido creada. El artista se rebela contra la dictadura del aséptico cubo blanco de la galería..." como el miedo a la hoja en blanco del escritor o como un desafío al espectador, que nada surge de la nada, que todo tiene un objetivo, que las ideas se acumulan como un collage para conformar la obra.


La obra de Talavera es minuciosa, es lo que transmite un poco el entorno. Tiene un dibujo delicado y preciso, domina la técnica y los materiales con maestría, son composiciones que distorsionan el paisaje y transportan la naturaleza viva al paisaje urbano, una metáfora que traslada el curso de un río a las escaleras mecánicas, el amanecer idílico a ser observado tras la valla de una obra, o el desayuno preservado en una quesera de cristal.

De la exposición no sobra nada, total y rotunda es un perpetuo ir y venir de ideas, acertadas unas, insospechadas otras, pero que no te dejan indiferente. Es de agradecer la valentía de los galeristas, de La New Gallery, presentarnos la muestra en este formato desmedido y alejado de la norma que dicta el "cubo blanco de la galería". Fascinante.


Santiago Talavera en La New Gallery, en calle Carranza, 6 de Madrid
Para saber más de la exposición en: http://www.lanewgallery.com/index.php/santiago-talavera-2/

1 comentario:

  1. Visualmente impresionante. Mezcla de ficción y realidad, de artificialidad y naturalidad. Ignoro si exponer de esta manera es habitual o no, pero a mí me ha fascinado, en serio.

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