viernes, 28 de febrero de 2014

Armelle Stéphant: Raíces y redes


Estuve hace unos días en la inauguración de la exposición Raíces y redes, de Armelle Stéphant en la Galería Orfila. El encuentro fue muy singular, toda vez que la autora había fallecido el pasado mes de diciembre. Es una sensación extraña encontrarte con que la muestra que vas a ver, programada desde hace tiempo, sigue adelante a pesar de que la protagonista principal y única, ya no está.

La primera visión de la exposición fue la ausencia de la artista con quien no pude comentar su trabajo y la técnica que utiliza. en sus obras, a base de tejido, tramas sobre el bastidor exentas de tela que en ocasiones parecen inconclusas, aunque en realidad, al observarlas se percibe una progresión de obra en obra, como si se hubiesen congelado los pasos, y se avanzara uno a uno en la creación de la red, hasta completarla en una secuencia de 4 piezas. Utiliza arpillera, tela, hilo, lana que mezcla con acrílico hasta conseguir un entramado denso y negro que en ocasiones pinta de blanco, como si tiñese la superficie con ceniza o dándole un toque sutil de colores vivos que resaltan extraordinariamente del conjunto.

Los nombres de las obras son elocuentes: Redes, Maraña, Cruces, pero lo más revelador es la constante evolución de la obra, seis piezas aparentemente iguales, como si la artista hubiese estado investigando con el color y la textura, dejando entre las piezas una parte del material simulando formas inconclusas: un rostro, una mano, un nido, un guante, y lo más sugerente, la escasa presencia de colores que recuerden vida más allá de la obra. Es la premonición de un desenlace fatal, un luto temprano que evoca un silencio sobrecogedor, roto sólo por una serie blanca, como la vuelta a la vida.

El triunfo de la finitud, comentamos, la acotación del tiempo: alfa y omega. Oigo hablar a dos personas sobre la autora. Hay dos retratos suyos. Uno de ellos es como un juego de abstracción: la red en la que ha sido atrapada al principio de la muestra para luego desaparecer y ausentarse hasta el final en el en que, en otro pequeño retrato, parece despedirse dejando entre raíces y redes, la mortaja de la última obra.

Raíces y redes, de Amelle Stéphant, en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 12 de marzo de 014.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Chirino & Chirino


Hacía mucho tiempo que no visitaba la Galería ArtePaso y ha coincidio que el día anterior acababan de inaugurar la exposición Chirino & Chirino, con obras de Martín Chirino y Marta Chirino, una dualidad que no dejó de sorprenderme, no sólo por la coincidencia de apellidos, sino por la forma de expresión de cada uno de ellos, dos concepciones opuestas del arte: la fuerza de la escultura y la delicadeza del dibujo.

Al inicio de exposición uno se queda absorto ante los dibujos de Marta Chirino, como el alumno atento se quedaría en la clase magistral del dibujante o del grabador que acompañara a Celestino Mutis en su viaje de herborización por América o el ilustrador de un libro de José Cavanilles para su gabinete de ciencias: dibujos minuciosos y delicados, con ese trazo que permite captar la esencia de la planta, la textura, la flexibilidad, la armonía en la más perfecta tradición de la Ilustración, como presentando al público una nueva planta, una pequeña joya de la naturaleza dormida hasta entonces en lo más abrupto de la selva. Imágenes de ensoñación: un rosal, de la primavera, del granado, un ramillete de pensamientos o la humilde jara.

Y al girar la mirada el encuentro con la fuerza y la dureza de la escultura de Martín Chirino, metálico brillo de la fragua y concepto del viento desbocado, que desde el rincón, o sobre una columna improvisada, alargan su devastadora fuerza a través del espacio, tan imperceptible como emotivo y sosegado: el viento solano, la espiral de la rosa, la raíz, el árbol que evoca el horizonte agostado y yermo, el viento africano que  abrasa y vivifica la forma.

"Hacía tiempo que no veía una exposición de dibujos" le digo a María, que me acompaña mientras miro el grabado Ramas de granado a su derecha. Hablamos de los dibujos y los grabados, de lo atractiva que es la exposición; le hablo de mi impresión sobre la delicadeza de los dibujos y la fuerza de las esculturas. Ella me comenta que está teniendo muchos visitantes: "Martín Chirino es un nombre de peso" me dice. No es muy normal encontrarme con obras de un artista ya acomodado en los museos en las salas que visito, y me viene la imagen de su obra entre las de Sempere, Torner, Mompó Saura, obras que me animaba en los 80 a aquellas escapadas a las casas colgantes buscando la abstracción. Recuerdos gratos que no dejan a uno indiferente por la permanente actualidad de su obra, o la conmovedora capacidad que aún posee para remover sentimientos de regocijo que aún suscita, ahora, en pleno corazón de Madrid.

Chirino & Chirino en Galería ArtePaso, en la calle Bárbara de Braganza, 10 de Madrid, hasta el 19 de abril de 2014.

domingo, 23 de febrero de 2014

Art Madrid'14 Cibeles

Miguel Ángel Iglesias - N2 Galería
Estuve el día de la inauguración y volví 2 días después, porque no había tomado nota del nombre de las galerías y estaba subiendo imágenes en mi Facebook, sin anotar la procedencia. En 2 días todo había cambiado, evidentemente para mejor. El ambiente era muy diferente, los rostros expectantes y algo inseguros del primer día se habían tornado en caras risueñas, algunas eufóricas. La sensación era de que las cosas funcionaban, incluso mejor de lo que las expectativas más halagüeñas podían prever. Yo, por mi parte había cometido el error, poco acostumbrado a estas lides, de no distinguir que el protagonista era la galería, que cada feria engloba a un grupo más o menos homogéneo de galerías y movimientos, y de ahí mi error tomar imágenes de las obras y sus autores y no del expositor.

Jose Ramón Lozano
Galería Bat (Alberto Cornejo)
La primera visita fue al stand de la la Galería Bat, presidido por una gran obra de Jose Ramón Lozano, la que precisamente se ha utilizado como imagen para los carteles. Aún se estaban dando los últimos retoques, de hecho en estos eventos siempre hay retoques, los propios de la eventualidad. Me entretuve  con las obras de Pepe Puntas, Gustavo Díaz Sosa y el propio Lozano.

Lo más agradable fue encontrarme con Miguel Angel Belinchón, Belin, el artista urbano, invitado el año anterior, que expone éste en la Galería Fernando Latorre. Cercano y entrañable, Belin ocupa prácticamente el espacio de la galería; junto a sus obras han instalado un vídeo en el que muestra el proceso de la creación de una de ellas con su herramienta preferida: el spray.
Belin - Galería Fernando Latorre

Samuel Salcedo - Galería 3 Punts
El paseo continuó desde el principio, en la Galería 3 Punts con una serie de esculturas hiperrealistas de Samuel Salcedo y los niños de José Cobo subiendo, jugando, sobre, contra, por las paredes; y terminó en la Galería Arte Lorenart con obras de Mencho Gal.
Entre medias las galería Odalys, Ansorena, Val i 30, Obra Gráfica Original... y las obras de Mompo, Picasso, Miró, Barjola, Guinovat y varias del Equipo Crónica, alguna de Botero, Tapies, Barceló o Carmen Calvo...

Obras en Schmalfuss Berlín
A veces me entretuve más tiempo, cómo no, en algunas galerías como en la galería Schmalfuss Berlín donde exponían obras sin título, o en la galería Marita Segovia con obra sutil de Pilar Pequeño y de Miguel Macaya; o en la Galería Jordi Pascual frente una obra de Miquel Barceló... Quizá enumerar los 45 expositores y los más de 200 artistas sea un exceso, lo mejor y más recomendable, para quien desee y pueda, será visitar la feria y comprar alguna obra.

Laura Ramis (One Project)- Galería Adora Calvo
Art Madrid'14 en la Galería de Cristal del CentroCentro Cibeles, en calle Montalbán, 1, edificio del Ayuntamiento de Madrid hasta hoy 23 de febrero de 11:00 a 20:00.

sábado, 22 de febrero de 2014

La New Fair

Ironía de Rigoberto Camacho

Apoteósico final con música y danza; la sala a rebosar, el ambiente nebuloso y murmullos incesantes. ¡El show ha terminado! Grandioso. Espectacular. No cabe un alma y en la calle la gente espera. ¿Y todo este derroche de imaginación por un grupo de artistas noveles? Grande, grande. La New Gallery se ha salido. Pasa a mi lado un cámara de TVE. Le pregunto para qué programa. Para los informativos. La sorpresa es aún mayor porque le van a dar el mismo tiempo, más escaso y sin el carismático presentador seguramente, pero lo verá todo el país. Es como un punto y aparte en el panorama del día. Somos algo diferente. Desde luego. La vorágine que provoca la gran feria llega hasta aquí, al margen de ella.

A. Marcos Barbado - Gustav Klimt 
El evento es breve, de sólo 2 días, consiste en la presentación de la obra de 25 artistas con el objeto de lanzar, dar a conocer nuevos valores, presentar obras frescas, nuevas formas, conceptos nuevos, en eso consiste la esencia de La New Fair. Se ha escogido entre un amplio grupo de artistas que presentaron su obra en casi todos las disiciplinas: pintura, vídeo, escultura, instalaciones, fotografía y algo que empezaba a echar en falta, el dibujo. Es la gran apuesta de la galería.

Alberto Marcos Barbado con La ilusión de la verdad presenta una serie de retratos a lápiz sobre papel de factura, quizá sea una metáfora, pero la obra es impresionante y el tiempo de las elucubraciones mercantilista se queda al margen.

J.Carlos Naranjo - El Gran Poder
El graffitero frente a su obra, el taqueo sublime, la sublevación del arte urbano que llena las calles, perseguido, clandestino: El Gran Poder de José Carlos Naranjo, un óleo sobre lino que llena todo el fondo de la sala, como una pieza de arte urbano que acapara el muro, sin concesiones.

Impactante es la pieza de Oliver Behrmann, Sin título, materiales: Parabrisas y hormigón armado, expuesta en la Sala 2, el sótano o la cripta, en la oscuridad, en el subconsciente, la culpa irredenta y la responsabilidad del otro. Quizá sea otra metáfora; no lo sé, pero no deja indiferente. Obra soberbia, sin dudad.
Oliver Behrmann - Sin título

Las esculturas Paradigma de la represión del ser, de David González-Carpio e Ironía, de Rigoberto Camacho; la serie de fotografías y vídeo Bidea de Miren Pastor; el dibujo Fills de la Utopía de Felix Coll; óleos Roma-Amor de Xavi GarcíaSalvavidas en mitad de la catástrofe..., de Simón Arrebola, la serie de Nuria Baena; las obras de Jorge Mañés, Adriana M. Bergés, Alberto Marcos, David Ortega, Edurne Herrán, Joo Eun Bae, Jorge Flores, Kela Koto, Martín Blázquez, Nauzet Mayor, Nuria Baena, Plastic Guajiras, Pol Parrhesia, Rocío Guerrero, Santi Xander, Santiago Gómez, Sebas Cabero Xavi García. Es injusto dejar fuera a alguno de autores y sus obras, ya lo sé, pero no hay espacio, igual que, lo más seguro, algún artista se quedó fuera de la selección y tenía mérito suficientes como para estar ahí.
Simón Arrebola - Salvavidas en mitad de la catástrofe
Al principio me preguntaba si valía la pena tanto esfuerzo para introducir a unos autores noveles en el circuito, obviamente sí, si son el objeto de la galería, cuidar a los artistas que son realmente su fondo, y nada mejor que eventos como éste. Bienvenidos.

Público ante la obra de Mirem Pator- Bidea 
La New Fair, comisariada por Semínaris González, ha tenido lugar en La New Gallery, en calle Carranza, 6 de Madrid, los días 20 y 21 de febrero de 2014.

jueves, 20 de febrero de 2014

Castillo de Fuente el Sol


En la anterior entrada salía de Fuensaldaña dirección a la última parada en la ruta de castillos por tierras de Valladolid: Fuente el Sol. Comenzaba a declinar el sol, el calor seguía siendo sofocante y temía no llegar a tiempo para poder tomar las fotografías, porque el castillo para mi era una verdadera incógnita. Dejé a un lado la fortaleza de Simancas, bordeé Tordesillas y el castillo de La Mota  en Medina del Campo, llegando hasta Ataquines. Desde allí una carretera prácticamente recta te lleva a Fuente el Sol, un pequeño pueblo de poco más de 300 habitantes. Al llegar casi no encontré a nadie, y al pasar frente a una casa vi un cartel que anunciaba carreras de galgos. Llegué al final del pueblo donde media docena de hombres charlaba a la sombra, sentados contra una pared de adobe. Les pregunté por el castillo y señalaron a mi derecha.


La historia del castillo de Fuente el Sol tiene muy poca bibliografía sobre la que documentarme. Ésta se inicia cuando el rey Fernando I de Aragón premia la fidelidad de su camarero, Álvaro de Ávila donándole la villa en 1413. Éste debe ser el (hierno de Mosen Rubín de Braquemonte)  "Álvaro Dávila Mariscal, y Camarero del Rey de Aragón que casó con Juana de Braquemonte, señor de las villas de Fuente El Sol y Cespedosa..." que menciona Mosén Rubín en su testamento. A su muerte en 1435 Álvaro de Ávila dona la villa en testamento a su hijo, Álvaro de Bracamonte, quien decidió tomar el apellido de su madre en vez de mantener el paterno, quien emparentó mediante matrimonio con la poderosa familia Álvarez de Toledo (Ducado de Alba) y es entonces, con la aportación de su mujer cuando decide construir el castillo en torno a 1470. Álvaro de Bracamonte era a su vez regidor de Arévalo y Medina del Campo, posición que aprovechó para obligar a los vecinos de ambas a aportar mano de obra forzosa para la construcción de la fortaleza.


El castillo sigue el patrón de la denominada Escuela de Valladolid: planta cuadrada con torres en los extremos, en uno de ellos es sustituida por una poderosa torre del homenaje. En Fuente el Sol no se pudo elevar la torre según estaba previsto por lo que, para mantener las proporciones, se optó por no elevar tampoco los muros, "por ello quedó poco esbelto y algo pobre". La torre debió ser mayor de lo que ahora conocemos, sobre todo por la robo de materiales que hizo desaparecer un piso superior y parte de los muros. Los materiales, muy pobres, tan sólo cuentan sillería en los ángulos de la torre del homenaje, y el en tránsito de ésta al patio de armas existe un vano encintado de grandes dovelas que es lo más llamativo. Al parecer tenía un foso defensivo en parte tallado sobre la roca.
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Sobre los Dávila y Bracamonte de la época, sólo encontré breves reseñas que no me aportaron mucho, y sí algo de confusión, además de la cita del testamento de Mosén Rubín que añade sobre los hijos de Álvaro de Ávila (el Mariscal): "Álvaro de Braquemonte, hijo mayor del Mariscal casó con la señora de Pinto, y no tuvieron hijos. Juan de Braquemonte, su segundo hijo casó con doña Teresa de Vargas en Truxillo, y procrearon a Diego de Braquemonte, y a Juan de Braquemonte." Cobos Guerra y Castro Fernández añaden en su libro que Álvaro de Bracamonte murió en 1486 y hubo un "ruidoso pleito por los bienes familiares entre Rubín de Bracamonte, su sobrino, y su hijo Juan, legitimado en 1488. Al final Rubín se quedó con Fuente el Sol" y a la muerte de éste lo heredó "su hermano Diego que en 1515 instituye el mayorazgo con "la fortaleza e casa que esta fecha en la dha villa de Fuente el Sol"." En la actualidad el patio de armas, propiedad del Obispado, es cementerio municipal; mientras que la torre del homenaje, que ha sido almacén y palomar, llama la atención la gran cantidad de palomas que hay en la torre, es de propiedad particular. Respecto a su estado actual se puede observar la consolidación llevada a cabo en la cubierta de la torre del homenaje.

Terminada la visita, y atosigado por los perros de la finca colindante, salí de nuevo dirección a Ataquines, donde cuenta la tradición que allí paró la Reina Isabel la Católica para descansar en un viaje entre Arévalo y Medina del Campo. Al dar los primeros pasos para estirar las piernas observó que tenía el cordón de un zapato desatado y llamando a su criada le ordenó: "Ata aquí, Inés", origen romántico del nombre de la población. Seguí la ruta bordeando Arévalo, ya en la provincia de Ávila, dejando su castillo majestuoso en la confluencia de los ríos Adaja y  Arevalillo a mi derecha dirección Ávila hasta Mingorría donde terminaba mi periplo por tierras de Valladolid.


Para preparar la visita y conocer mejor la construcción e historia del castillo, consulté los siguientes libros:
Historia de las Grandezas de la ciudad de Ávila , de Fray Luis Ariz, 1607 ed. Facsímil. Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ávila, Ávila, 1978
Los castillos y fortalezas de Castilla y León, Martín Jiménez, Carlos M., Ed. Ámbito.
Castilla y León. Castillos y fortalezas, Cobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa.
http://www.monumentalnet.org/ Esta web es muy interesante pues ofrece información muy útil.

lunes, 17 de febrero de 2014

Marta Barrenechea: El gusto de los otros


"¿Qué significa? -le pegunté a Marta. - No sé, lo que tú veas - me contestó". Así empezó la visita a la  exposición de Marta Barrenechea en la Galería Rafael Pérez Hernando. Tenía vía libre para mirar los cuadros e interpretarlos con tranquilidad, sin prisa, porque había llegado mucho antes de la hora de la inauguración. Me invitó, eso sí, a leer la nota que había escrito Rafael Casero para la ocasión. No lo leí, lo dejé para más adelante, porque quería percibir o intentar averiguar por mi mismo la aparente ingenuidad de las obras de Marta, saber qué tenían todas ellas en común., y creí descubrir que el lugar que debía ocupar el espectador dentro de la obra estaba vacío, era como si Velázquez se hubiese salido de Las Meninas y en su lugar sólo estuviesen la paleta y los pinceles. "Todas las obras son óleo sobre papel". La textura del óleo sobre una hoja de papel es muy singular, nos gusta, coincidimos.

Las primeras obras son los interiores de la casa, la habitación, la mesa y la pieza común que hace de nexo entre unas estancias y otras, el respaldo del sillón, la almohada, el mantel que se ha abandonado precipitadamente para pasar a ser el observador de la escena: esta es mi casa, el empedrado de entrada, la cocina, los platos, la bandeja y un cuadro, colgados sobre la chimenea, desde la que miro mi casa.

Es un entorno íntimo cargado de objetos tan cotidianos, y anodinos algunos, que nos sería difícil reconocer que nos pertenecen, que nos son necesarios e imprescindibles, y en el fondo sabemos que en efecto así son, y que como muchas cosas de las que nos rodeamos no son nuestras, simplemente las usamos: ese plato del desayuno, ese cuadro, esa bandeja, esa mesa, ese papel pegado a la pared, esa cama, esa silla en la que nos sentamos a contemplar nuestro entorno, todo esa multitud de pequeñas cosas que nos conforman y que a la vez nos son ajenas.

Y junto a la silla, ésa desde la que miro la infinidad de apuntes y bocetos ordenados como se ordenan las cosas de una casa, hay un paisaje inmenso y profundo, muy sencillo, que transmite placidez y serenidad. En él hay pintadas pequeñas islas que salpican un paisaje sin fondo, sin horizonte, tan solo dos diminutos barcos bajo un cielo de nubes  grisáceas, con las velas débilmente desplegadas que recuerdan al Caronte de Patinir ayudando a las almas a cruzar la Estigia en su barca. Y uno se quedaría allí contemplando ese tránsito de almas desde esa cama, en ese sillón, en esa silla, frente a esa mesa que sin ser nuestras nos sirven y de alguna forma nos acompañan en cada acto y son cómplices de cada mirada.


Leo, por fin, el texto de Rafael Casero: "No nos petenecemos. Nada de lo que solemos llamar nuestro nos petenece. Y lo sabemos. Nuestra voz es sólo un eco..."


El gusto de los otros de Marta Barrenechea, en la Galería Rafael Pérez Hernando, en calle Orellana, 18 de Madrid

viernes, 14 de febrero de 2014

Susan Meiselas: Prince Street Girls


Todo empezó con un juego de niños: "Estábamos sentadas frente al 26 de la calle Prince, aburridas. Susan estaba montando en su bicicleta, y Carol tenía uno de esos espejitos de mano, estaba jugando con el sol... haciendo el bobo y siguiéndola con los destellos. Susan llegó hasta la esquina -no sé en qué estaría pensando- y vino, fue a su apartamento y cogió su cámara y... bueno, he aquí la historia de todo esto (mirando a las fotogarfías)". Así relata Frankie Castello, el único chico que formaba parte del grupo de las Prince Street Girls, el inicio de la historia.

Es la historia que recoge la fotografa Susan Meiselas y que se expone, en parte, en la Galería Pelayo4. Es la historia de un pequeño grupo de adolescentes que vive en el gueto italiano la Little Italy del Upper East Side de Nueva York en 1978, lo que se conoce hoy como SoHo. El proyecto era sencillo, Meiselas comenzó a fotografiar a las chicas de forma fortuita pero poco a poco se dio cuenta que las chicas iban cambiando "y decidió que quería documentar ese crecimiento".

Cuando llegué a la galería para ver la exposición no sabía muy bien qué esperaba encontrar, ni tan siquiera tenía muy claro qué significado tiene la palabra gueto, quizá algo marginal, un reducto en la gran ciudad donde se dan una serie de circunstancias, procedencia, raza o religión que te diferencian del resto. Esperaba encontrar algo similar al barrio periférico de Barcelona en los años 60 donde crecí; a fin de cuentas los niños son igual en cualquier barrio de cualquier ciudad, juegan a lo mismo y se entretienen haciendo las mismas cosas.

Lo atractivo del trabajo de Susan Meiselas es documentar ese proceso de cambio y ahora, al rescatarlo plantearse qué fue de las protagonistas. Dejar impresa estas historias, los viajes en metro, los juegos, el grupo, las comuniones, las bodas, y volver a retomar años después aquellas imágenes. A veces ese juego no tiene mucho sentido. Es, le explico a una amiga, como si hoy te encuentras con un novio que tuviste a los 15 años, recordarás que fue una historia hermosa y tierna, y por unos segundos sentirás o recordarás muy intensamente algo que sentiste con él entonces, pero la persona que ves hoy ya no es nadie en tu vida.

Algo así piensa Frankie Costello, "¿Dónde están todas estas niños? Se han esfumado, dentro de ellas no queda ni rastro de esas niñas." Unas se casaron, dejaron el barrio, querían una vida mejor y se mudaron. Pude leer al pie de algunas fotografías sus nombres: Carol, Julia, Tina... Ahora, lo complejo es que sus hijos están volviendo a la ciudad "y ahí está la parte difícil, porque ellas se fueron y sus hijos están volviendo. ¡Pero no hay nada a lo que volver!" no son bien acogidos en la comunidad, "es difícil que la gente que ahora vive aquí no entienda que en este sitio hay historia" y añade lacónico "Hemos cambiado a los niños por los perros".

Prince Street Girls, de Susan Meiselas en la galería Pelayo47, en calle Pelayo, 47 de Madrid.
Susan Meiselas es una prestigiosa fotógrafa de referencia en EE.UU., socia de la Agencia Magnum Photos.


martes, 11 de febrero de 2014

El retrato y la muerte. Historia de una colección de fotografía post-morten


La Galería Rafael Pérez Hernando ofrece 2 exposiciones, una de ellas sobrecogedora, en la Cripta de la galería: El retrato y la muerte. Es una de esas muestras por las que uno no sabe por dónde empezar a comentar, porque va más allá de lo que nos tiene acostumbrado el arte. En cuanto se baja a la Cripta, la media luz y el silencio que se hace dueño del espacio, un cúmulo de sensaciones, pensamientos e imágenes ajenas se amontonan nada más ver las primeras fotografías, una  de esa docena de niños que parecen dormidos, pero que están muertos, en su caja, en su cuna o en su cama. "Las tomaban como recuerdo. Los padres contrataban a un fotógrafo que los retratara", era el último intento de retener al pequeño, se le preparaba como en un teatrillo, con un decorado humilde, para que posaran quietos y perpetuarlos de alguna forma.

Me vino a la memoria un lamento de mi abuela que me hablaba de aquellos años duros de post guerra, y no sé cómo me habló de su hijo, de su primer hijo, un niño que murió muy pequeño, se le inundaron los ojos de lágrimas y después de un pequeño suspiro sólo dijo: "mi niño". Mantener vivo ese recuerdo, retener esa última imagen idílica era práctica habitual desde que irrumpió la fotografía a mediados de 1800 y que se fue perdiendo cuando ya todo el mundo tenía una cámara, algunas de las imágenes de la colección, me dice Virginia, son de la década de 1980.

Al proyecto se ha unido una serie de fotografía de Olga Simón, que hace una intervención sobre una imagen del  Archivo Maximino Reboredo (Lugo). Un niño yerto sobre una cama o su caja, una mujer que se inclina sobre él, lo abraza y se aleja con el cuerpecito oculto entre su pecho, la cama se queda vacía, o la caja. ¿Qué ves? me pregunta Olga. "Es una imagen de como si la escena ya hubiese pasado, que se tomó cuando ya había ocurrido, una imagen imposible, parece más un deseo que una realidad". Me pide que lo escriba en un cuaderno. Hay poca luz y no tengo gafas, le digo. Detrás de mi un hombre escribe en el cuaderno de bitácoras si impresión

Es duro ver esas imágenes, pensé, esas vidas tronchadas tan temprano, cuerpecitos inocentes que no dejaban de evocar a León Felipe: "vi cómo se la llevaban / en un caja muy blanca..." Y al hilo de estas imágenes y ese silencio profundo que se impone en la Cripta leo que Rafael Pérez Hernando estuvo a punto de anular el proyecto, y si así hubiese sido nos habríamos quedado sin esa docena de imágenes tan amargas y esa estupenda intervención de Olga Simón tan llena de sentimiento y este homenaje al recuerdo que intentaban perpetuar, creo yo, más que una imagen un sentimiento.

Las fotografía son propiedad de Virginia de la Cruz Lichet, comisaria de la exposición, que ha hecho una selección de entre el centenar de su colección, material recogido para su tesis doctoral, Retratos fotográficos post-morten en Galicia.

El Retrato y la Muerte. La historia de una colección de fotografía post-morten, comisarada por Virginia de la Cruz Lichet y obra de Olga Simón, en Galería Rafael Pérez Hernando, en la calle Orellana, 18 de Madrid, hasta el 29 de marzo de 2014.

sábado, 8 de febrero de 2014

La Neomudéjar: Dr. Ze



La Neomudéjar es un  espacio increíble, algo que hacía falta, tanto para poner en valor o reutilizar espacios abandonados que tienen un valor especial, como por la necesidad de desenterrar la nefasta práctica de construcciones ineficientes, innecesarias y sin alma que el único valor que tienen es la firma del arquitecto. Se ha recuperado un espacio que antes eran oficinas o almacenes de Renfe, junto a la estación de Atocha.

El edificio se ha adecentado aunque no se ha actuado demasiado en él, se ha mantenido prácticamente como estaba al tomar posesión del edifico, está limpio, ordenado y el resto se ha dejado a la creatividad de los artistas que disponen de un espacio inmenso para trabajar, experimentar y exponer; aunque lo más interesante, según me cuentan, es que la gestión no es oficial, que existe la libertad de gestión que los inquilinos quieran darle sin estar sujetos nada más que a su propio presupuesto. La creatividad rezuma por todas partes y el hecho de que muchos de los artistas urbanos puedan crear y exponer allí es algo que trasciendo más allá de lo puramente anecdótico: Ze Carrión, Por Favor, G-rardo, por nombrar a los que conozco de una u otra manera, dan fe de ello, de la autenticidad del proyecto y su frescura que mantiene la identidad transgresora e inconformista del arte urbano.

Lo que más me ha gustado de esta visita ha sido el rato que he pasado con Ze Carrión. La primera parte, casi una hora yo solo, viendo su obra dispersa por todo el centro: cuadros, videomontaje o directamente en la pared, en su exposición El hambre. Ze está magnífico, gigantesco, genial; su visión crítica de la actualidad no deja indiferente, junto a Doctor Homes, encargado de los grafismos en las obras y con quien ha formado un tándem perfecto, Dr. Ze, para tratar un tema comprometido y de lamentable actualidad, el hambre. Manejan el tema de forma crítica, sin caer en la banalización ni en los tópicos del buenismo ni el paternalismo, sin esa cara amable y cínica que suele mostrar nuestra sociedad occidental, sino de forma cruda y cruel, como en realidad es, descarnada, violenta y ofensiva, de la que todos somos partícipes y protagonistas necesarios.


He leído que Por Favor es el comisario de la muestra, lo que demuestra claramente que las nuevas tendencias artísticas, llevar el arte urbano de forma sistematizada a espacios cerrados comienza a tomarse en serio y mucho más aún en espacios que parecen los más propicios. Ahí detrás quedan todos esos años de intervenciones por Lavapiés, Malasaña o Chueca, que espero y deseo que no acaben, pero que empiezan a tener su recompensa, o mejor dicho su reconocimiento, porque la recompensa la obtendrán el día que su trabajo se pague como realmente merece.

La otra parte de la jornada ha sido la charla que hemos tenido en la puerta hablando de sus proyectos, la repercusión en los medios, de una entrevista en televisión sobre su trabajo y de los que exponen con él; todo mientras comíamos gominolas y comentábamos el trabajo de sus colegas. Ha sido una mañana, como dicen los chicos de ahora, genial, aunque la verdad hubiese preferido ver a más gente pululando por las salas y que me hubiese dicho que se vende, pero todo llegará, sobre todo porque tiene detrás una formación sólida y un objetivo muy definido, ser artista.

Sin darme cuenta con ésta serán 100 entradas las que he hecho en el blog y nada mejor que hacerlo con la visita a esta exposición de Dr. Ze, con Ze Carrión y La Neomudéjar, porque encarna muy bien el espíritu libre del arte, con el que concebí este espacio, para dar a conocer el trabajo de estos artistas y el de las galerías, que son los que mantienen vivo el arte pero que paradógicamente están fuera del contexto oficial de las grande canales de comunicación: televisión, prensa, museos y grandes centros oficiales. He pretendido hacerlo con un lenguaje que no asuste a nadie, explicando las cosas como me las explico a mi mismo. Os invito, pues, a visitar La Neomudéjar, porque vale la pena, además algunas obras, como las de Dr. Ze, se quedarán ahí, en sus paredes para siempre, desde el día en que desmonte su exposición.


El hambre, de Dr. Ze en La Neomudéjar,en la calle Antonio Nebrija de Madrid, junto a la estación de Atocha.

En la actualidad hay obras expuestas de unos 10 artistas. La entrada cuesta 4,00 €, aunque me han dicho que si de verdad no puedes pagar te dejan entrar, pero sé honesto montar esto cuesta mucho. Abre sólo los viernes, sábado y domingo.

viernes, 7 de febrero de 2014

Antonia Payero


No había oído tantos puntos de vista sobre una exposición como en esta de Antonia Payero, comentarios sobre el estilo que han incluido desde el impresionismo al expresionismo, fauvismo y cubismo, y cómo una serie de cuatro lienzos, cuatro pinares, otro de cuatro retratos de mujer y otros dos retratos que parecían fuera del contexto colorista de la exposición, se dividían a partes iguales la preferencia de los presentes.

Quizás no sea lo mejor intentar buscar comparaciones ni las influencias en las obras. Los pinares son inmensos, están llenos de color, de luz y destellos del atardecer. El que conozca el lugar donde se pintó quizá no se extrañe de cómo la luz de la tarde penetra entre las sombras de la ribera, el juego de destellos que se tornan sobrios según avanza el ocaso bajo un cielo azul, casi blanquecino, que se vuelve cada vez más denso e impenetrable. Ese juego de luces y la trasmutación de los colores es el momento que me trae a la memoria ese pinar de Arévalo en la ribera del Adaja, donde están pintados los lienzos.

Las obras a primera vista me recuerdan el expresionismo, pero mi vecina ocasional apunta que le recuerda más al fauvismo e icluso el color le trae a la memoria a Cézanne (al día siguiente estuve frente a un cuadro de Derain, y pensé en los colores y las pinceladas sueltas que había visto en esta exposición, aunque se me antojaba excesiva la comparación del Sena y el Adaja, y París con Arévalo). Lo mismo me ocurrió con la perspectiva cubista de uno de los cuadros, el juego de planos, comentaban a mi lado, planos en los que era imposible fijar la mirada: el salón, la mesilla y una ventana que recordaban a Picasso. Y en ese maremágnum de formas y estilos había también había algo de Kirchner en los retratos, en la serie de retratos en los que se ha ido diluyendo la figura de la modelo hasta dejarla casi en un esbozo. Era, como con los pinares, no adivinar con qué estilo pinta Antonia Payero, sino con qué luz se expresa.

Pero el juego más entretenido estaba en otro retrato. Todo empezó al fotografiarlo. La primera impresión fue que se había perdido el color. Enfoqué de nuevo y vi que no tenía casi color, era blanco, negro y gris. Me contó la autora que narraba la historia de una mujer que había matado a su jefe, quizá porque la había intentado seducir, maltratado o humillado, la cuestión era que los demás trabajadores de la fábrica u oficina en la que trabajaba la habían apoyado en el crimen, y sobre esa historia había pintado a aquella mujer de mirada triste ¿Estaba pintada bajo el rostro de la mujer la escena del crimen? Mi vecina no quiso saberlo, pero la fuerza del drama se proyectaba más allá del retrato.

Al terminar la presentación, en un tono más relajado comentamos las impresiones que cada cual tenía y las que habíamos oído, las comparaciones y las sugerencias de los espectadores, y ni siquiera en ese último momento nos pusimos de acuerdo en definir un estilo ni elegir una obra favorita. Las obras, en apariencia tan similares, tiene cada una el ingrediente que la hace diferente del resto, tiene su estilo, su color e incluso su propia historia.


Antonia Payero en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 19 de febrero de 2014