sábado, 28 de junio de 2014

Por tierras de La Moraña: el castillo de Narros de Saldueña


Esta es una excursión que duró sólo una mañana. Consistió en visitar los castillos de Narros de Saldueña y de Castronuevo, este último en Rivilla de Barajas, dos fortalezas situadas en plena Moraña abulense. Los había visitado hace unos 10 años y quería hacer nuevas fotografías y comprobar lo que habían cambiado en estos años. Al principio programé ir sólo a Narros de Saldueña, y si el tiempo acompañaba llegaría hasta Castronuevo. El viaje coincidió con la proclamación del rey Felipe VI, jueves 19 de junio de 2014, además, día del Corpus Cristi.

La Moraña, comarca de la provincia de Ávila, está salpicada de pequeñas poblaciones que se dedican a la agricultura casi en exclusiva. Narros de Saldueña se encuentra entre San Pedro del Arroyo y Fontiveros, cuna de San Juan de la Cruz. En su libro Ávila, Dionisio Ridruejo toma como referencia la fortaleza, en la descripción que hace de la provincia al atravesar la Moraña Alta desde Fontiveros: "un poco más al sur, y no tardaremos en ver, próximo a los encinares que rodean el castillo de Narros". Nuestro viaje lo iniciamos, aunque salimos de Madrid, en Ávila, tomando la carretera de Salamanca hasta San Pedro del Arroyo, donde tomamos una carretera local que nos lleva hasta Albornos y de allí a Narros de Saldueña.

Al entrar en el pueblo se distingue el castillo, "el faro de la Moraña", que escribe Edward Cooper, y al igual que la primera vez, no deja de sorprender su ubicación en un llano, construido en ladrillo con paredes de tapial y algunos elementos de piedra. Tiene una muralla almenada exterior de escasa altura, lo que sugiere que debía existir un foso profundo que facilitase su defensa. También destaca el hecho de que el rastrillo de entrada esté al alcance de la mano y a la vista los engranajes y las cadenas que lo izaban, por lo que se echa en falta un puente levadizo sobre el supuesto foso. La puerta tiene una aldaba impresionante que asemeja, si no lo es, un gran bloque de hierro informe. El recinto interior tiene una altura muy superior, es rectangular, con la torre del homenaje en una esquina; en las otras esquinas presenta unas garitas voladas con muchos ventanucos que le dan un aspecto muy peculiar.

El castillo lo manda construir a finales del siglo XV Rodrigo de Valderrábano, y su mujer Beatriz de Guzmán, hijo del fundador del Mayorazgo de Saldueña, Gonzalo de Valderrábano. Según describe el Padre Ariz en su Historia, "La quarta hija, (de Gil González Dávila y Aldonza de Guzmán) fue doña Beatriz de Guzmán, casó en Avila con Rodrigo de Valderrabano: fundaron el vínculo de los Valderrabanos , en 14 de Enero, del año 1487. llamado el vinculo de Naarros, y Saldueña; procrearon a Francisco de Valderrabano..." En la torre del homenaje hay dos escudos, uno del apellido de Valderrabano y otro de un hijo del matrimonio, quizá al mencionado Francisco de Valderrábano.

Cuenta la leyenda, tal vez para suplir otras hazañas, que un caballero, Pedro Vélez Dávila, ordenó a sus hombres raptar a doña Constanza del Águila, de noble familia abulense y de quien estaba enamorado. Los secuestradores vistieron a la dama con un tosco vestido de saco para que pasara desapercibida durante el rapto y la llevaron a la cámara donde esperó al caballero. Éste, al verla tan pobremente vestida la confundió con una dama de compañía o dueña, y la echó airado al grito de "¡sal, dueña!", lo que aprovechó doña Constanza para escapar de sus captores y a la vez dio pie al origen del nombre del lugar.

En 1704, el rey Felipe V concede el condado de Saldueña al duque de Montellano, pasando el castillo después, por sucesión, a la casa de Fernán Núñez. A mediados del siglo pasado, en 1963, es adquirido por un particular que lo restaura y lo convierte en su residencia, de ahí el buen aspecto que presenta.

Terminada la visita tras rodear y fotografiar el castillo por los cuatro costados, y contraviniendo mi costumbre de hacer algún gasto en el lugar, por no esperar las maniobras de un tractor y aprovechando que estaba en la salida del pueblo, tomé rumbo a Crespos para visitar el castillo de Castronuevo.

Este viaje lo preparé con los siguientes libros:
Historia de las Grandezas de la ciudad de Ávila , de Fray Luis Ariz, 1607 ed. Facsímil.
Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. deEd. Edilesa.
Castillos de Ávila, Museo de Ávila, Junta de Castilla y León.
Castillos Señoriales de la Corona de Castilla, Cooper, Edward.
Castillo de Segovia y Ávila, Bernard Remón, Javier, 1990 Ediciones Lancia
Castilla La Vieja, 6 Ávila, Ridruejo, Dionisio, Destinolibro Ed. Destino.


jueves, 26 de junio de 2014

Cristina de Middel: Party


"If there is to be a revolution ... there must be a party" Así es cómo empezaría el libro más icónico y políticamente comprometido del siglo si se le aplicara un filtro internacional.

Así se presenta "Party" de Cristina de Middel en la New Gallery. El proyecto es una especie de juego críptico, tal cual lo hicieran  los servicios secretos en sus bases centrales en plena guerra fría: extraer un mensaje, una palabra clave entre el texto de un libro. La idea parece sacada de una novela de John le Carré, solo que el linro es el  Pequeño Libro Rojo de Mao Tsetung y la sociedad que retrata es la China de hoy centrada en el debate comunismo/capitalismo; la tradición frente a la revolución social y la comunicación tecnológica a la que se enfrentan sus habitantes.

Cristina de Middel va escogiendo páginas del libro con las sentencias del Gran Timonel. Elimina de él palabras y frases completas que ya están en desuso en el discurso actual. Con las palabras restantes forma nuevas frases que evocan y suscitan la China moderna que se sumerge en una crisis social camino de un cambio silencioso. La crisis del viejo sistema vive en la paradoja, el Pequeño Libro Rojo, "el segundo libro más publicado en la historia", ahora sólo es posible encontrarlo "en algunas tiendas  turísticas en China". El proyecto de De Middel abunda aún más en esa paradoja, la autora se permite censurar el libro, la obra que guió al país más poblado del planeta y que aún practica la censura sistemática, es a su vez censurado

Una nueva sociedad y la caducidad del sistema. De Middel va captando cómo los iconos van arrinconándose y destruyéndose sin remisión. Nos muestra una escultura de Mao destrozada "--- We are --- good at destroying ---"; las políticas de natalidad sobre el muro, "I Need Girl"; el edificio del partido, abandonado y entre los cascotes la fotografía de un desnudo "--- one must have ardent desire ---"- Esa misma paradoja me persiguió unos días después frente a una obra de Warhol en el Museo Thyssen, en medio de la sala, frente a un retrato de Mao, la cámara al cuello y el imperioso anuncio de la entrada "Prohibido hacer fotografías". La obediencia ciega y el impulso refrenado en el dedo sobre el disparador, me trajo el recuerdo de la estatua del líder tras una farola que borra su rostro "--- one man, ---  with ideas --- will be invincible. ---".

La obra trasciende más allá de la galería, "la combinación entre este texto manipulado y las imágenes forma piezas de información" que pretenden y consiguen apelar a "nuestros propios clichés" sobre una estructura social y "política bipolar", en una época de cambios, en la que ya es difícil seguir al líder sin cuestionarlo.

Party, de Cristina de Middel, en La New Gallery, calle Carranza, 6 de Madrid. Hasta el 19 de julio de 2014.



martes, 24 de junio de 2014

Pilar del Val


La obra de Pilar del Val me resultó especialmente atractiva sobre todo por el tratamiento que da a las formas que una y otra vez, en una especie de parábolas y elipses, va formando como secciones de la trayectoria de un cometa o de un planeta en torno a un eje central, una estrella imaginaria que se va dividiendo en planos en los que, aparentemente, las trayectorias se truncan y parecen continuar, lienzo tras lienzo, en órbitas discontinuas, en cada espacio que representa cada lienzo.

El propósito, me confiesa la autora, es romper la estática de las líneas rectas, dotar a la obra de movimiento, de profundidad, de volumen. De la obra inicial ha ido extrayendo sectores, distorsionando las líneas y jugando con los planos. A sus explicaciones van surgiendo ante los espectadores nuevas formas que le dan a cada cuadro una entidad propia y, aunque el color no hace más que repetirse: blanco, negro, gris, siena y rojo, existe algún destello azul que es lo que me sugiere esa dimensión espacial que consigue dotarlos de ese dinamismo que nos insinúa la autora, uno a uno, obra tras obra.

El óleo, nos cuenta, se extrae minuciosamente de la tabla después de una incisión precisa que cada vez dota a las composiciones de una mayor distorsión. Las obras, insiste la autora, parten todas de una idea original, de una obra única que poco a poco va modificándose, y me indica cual es, pero conviene, como en casi todas los aspectos que envuelve a una obra de arte, dejar jugar la imaginación del espectador e intentar averiguar qué pieza corresponde a cada sección de la obra original y así, sucesivamente, lienzo tras lienzo, ir formando un puzzle gigantesco e imaginario en nuestro propio espacio mental.


Pilar del Val, exposición en Galería Orfila, en la calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 5 de julio de 2014.





lunes, 23 de junio de 2014

Luis Garrido Juaristi: Primer alcalde electo de Madrid


Descubrir a Luis Garrido Juaristi, y algunos hechos de su tiempo, ha sido algo más que meras coincidencias. Hace un par de años estaba escribiendo la introducción a un libro sobre la Dehesa de la Villa de Madrid. Una historia de 1920 sobre la intención del Ministerio de Hacienda de construir la nueva sede de la Casa de la Moneda en ese parque. Hubo un gran revuelo porque la Dehesa de la Villa era el único parque que el pueblo llano visitaba, disfrutaba y se divertía con total y entera libertad. El entonces alcalde, Luis Garrido Juaristi encargó  la elaboración de un expediente en el que relatara la historia particular de la Dehesa de la Villa y justificase la utilidad pública de los terrenos donde se habían construido las Escuelas Bosque y el Asilo de La Paloma, el actual IES La Paloma. Para ilustrar aquel prólogo busqué información sobre el alcalde y, sobre todo, un retrato con el que poner rostro a su protagonismo.

Luis Garrido Juaristi fue el primer alcalde de Madrid elegido democráticamente, el 27 de noviembre de 1918, lo que ya es un hito importante dentro de la historia de la ciudad, y rebuscando por la prensa de la época no me fue tan fácil encontrar un retrato suyo, por lo que decidí ir al Ayuntamiento donde imaginaba que tendrían uno de cada regidor; lo sorprendente fue que en el Ayuntamiento de Madrid no tienen un retrato de su primer alcalde electo.


El alcalde de Madrid hasta entonces se nombraba por Real Orden del gobierno de turno; pero tras las elecciones de 1918 serian los concejales, elegidos por sufragio en cada distrito, quienes proclamaban al regidor. Por primera vez en la historia se daba la circunstancia de que el alcalde y el presidente del Consejo de Ministros no eran del mismo partido político. Buscando en las hemerotecas encontré una imagen de El Mundo Gráfico de 4 de diciembre de 1918 en la que estaba retratado todo el consistorio con Luis Garrido Juristi al frente. Del propio alcalde encontré pocos datos personales, aunque sí los suficientes para mi trabajo, y cabe destacar que durante su mandato tuvo el honor de inaugurar la primera línea de Metro de Madrid, el edificio de Telefónica en Gran Vía y el edifico de Correos, sede del actual Ayuntamiento. Como empresario fue el promotor y propietario del Teatro Infanta Isabel, también en Madrid.

Una curiosidad fue que al rastrear por los buscadores siempre aparecía el nombre de Jon Juaristi, escritor, ensayista y columnista actual. Una tarde, en una librería en la calle Génova, coincidí con Juaristi. Me presenté y mantuvimos una breve charla. Le comenté las dificultades de encontrar un retrato de su antepasado -"pariente lejano", me dijo él-, y muy amable me indicó que en el Centro Riojano de Madrid "tienen un retrato suyo" aunque de no muy buena calidad.

Hace unos días, en la inauguración de una exposición fotográfica volví a coincidir con Jon Juaristi y, muy amable de nuevo, volvimos a rememorar la anécdota de su antepasado, la falta de tacto del Ayuntamiento al no dedicarle un retrato a un personaje tan singular y protagonista de hechos tan destacados en la historia de la Villa, y hablamos, como no, del retrato que tienen en el Centro Riojano. donde por fin me decidí a ir para ver y fotografiar el retrato de Luis Garrido que allí tienen.

Luis Garrido Juaristi, en el Centro Riojano de Madrid
Las fotografías en blanco y negro de Luis Garrido Juaristi están extraídas de El Mundo Gráfico de 04 de diciembre de 1918 a través de la Hemeroteca Nacional de la Biblioteca Nacional de España.
Mi agradecimiento al Centro Riojano de Madrid por las facilidades dadas para tomar la fotografía del retrato de Luis Garrido.

miércoles, 18 de junio de 2014

Eduardo Momeñe


Una vez leí que el retrato era el resumen de la aspiración eterna del hombre para comprenderse a sí mismo, y el retratado aspira, posando, a inmortalizar su esencia, ese esencia que vulgarmente llamamos el espejo del alma.
Viendo las fotografías de Eduardo Momeñe parece sencillo descubrir esa esencia que desprende en un instante el retratado. Es el oficio del maestro. Fotografías en un cierto espacio 1978-2014, un trabajo sin altibajos. "Es un fotógrafo que ha sabido mantener una línea, fiel a un estilo de trabajo". La exposición recorre 36 años de extraordinaria continuidad. "Durante más de tres décadas he estado sumergido en este lugar productor de fotografías "de estudio". Aún vivo el placer de aislarme del ruido del mundo".

Pero quedarse sólo en los retratos, porque algunos de los retratados son conocidos: Win Wenders, Enma Suárez o Esperanza Pedreño  es una limitación excesiva a un atractivo mediático, en el caso de Wenders evoca una sintonía que te acompaña por la sala y sirve de nexo entre obra y obra.
 La exposición de Momeñe abarca múltiples facetas del retrato que va desde jóvenes bacantes a bailarinas y actrices sin nombre, intervenciones, rostros majestuosos de los que ha sabido extraer la pasión, el sufrimiento o la alegría, y nos participa de juegos de imágenes, juegos de palabras y juegos de la mente con mensajes cripticos: Kiss & RideLoreleiIssoria LathoniaAle & Jeff y los lectores de historias, el fotógrafo fotografiado, o simplemente un nombre: Maíra, Paula, ...

Y si hay un placer mayor para el espectador de una exposición de retratos, más aún que paladear la belleza técnica, la captura del gesto y apreciar la esencia del retratado, ése es el de coincidir con los modelos, porque a través de ellos conoces algo que la imagen no capta, un trasfondo que te permite mantener un diálogo con ellos que revelan sus miedos y sus emociones ante la cámara y descubren una profunda intimidad, tan cordial como humana: "Me veo, me dice Anastasia Calíope, muchos defectos, tan mayor". Sin embargo, el espectador, atento, descubre su gesto de bailarina: los pies, los brazos, la mirada, porque no hay nada que enturbie la imagen ni distraiga la atención: "son fotografías construidas en un estudio, un lugar apenas visible, difícilmente localizable en el mapa, carece de puntos de referencia, un suelo informe sobre el que apoyarse".

Pero volvamos al comienzo para indagar en esos retratos de maestro y voy con la modelo, primero con la bailarina que posa para el espectador ante su retrato en Issoria Lathonia, luego frente al formidable Retrato de Anastasia Calíope Paniagua, luego la pareja cuenta cuentos: "Ella toma el libro, lo abre y lo hace batir como las alas de un pájaro, es el símbolo de la libertad. Me llama. Mi moviento siempre es circular. Tomo el libro, encuentro una pluma en su interior, soplo y la pluma vuela".

"En este tiempo -es mucho-, la cámara ha estado situada en el mismo suelo, todo ha ocurrido en los mismos cuatro metros cuadrados (...) Es el mundo el que se mueve, no la cámara en su trípode. Aún no me he cansado de viajar por este mundo sin geografía, es un viaje fotográfico, ciertamente interior".


Fotografías en un cierto espacio 1978-2014, de Eduardo Momeñe, en Galería EspacioFoto, en calle Viriato, 53 de Madrid, hasta el 31 de julio de 2014.





sábado, 14 de junio de 2014

David Palacín: Gorée el retorno


La imagen que tengo de Gorée, isla en la costa de Senegal, es la de una fortaleza en la que hay una puerta que se abre al mar, de esta puerta se sale al embarcadero desde donde partían los esclavos rumbo a América. Este lugar, cargado de la mayor de las infamias que puede cometer el ser humano, es el punto de partida que ha tomado el fotógrafo David Palacín para hacer su trabajo "Gorée el retorno"  que expone en la Galería Rafael Pérez-Hernando.

Tengo sobre África un pequeño álbum que llamo Expediente África. En él voy guardando las imágenes que capto de África y los africanos intentando dejar a un lado la crueldad de la guerra que llegaban de allí desde que era niño, ni del expolio humano de esclavos y su riqueza. He intentado centrarme en el arte y la cultura que en definitiva es lo que nos une a los hombres. Por eso no tenía nada de Gorée, aunque lo conocía, ni del otro mercado de esclavo, Mozambique, en la costa del Índico.Unir ambas facetas, la historia y la crueldad de la esclavitud con la belleza de estos retratos me ha parecido algo excepcional.

Esta es la primera parte del proyecto. Una serie de retratos hechos en 2011, de las personas que habitan actualmente la isla. Son retratos de una belleza extraordinaria, y aunque cada uno tiene una razón, un sentimiento y una pequeña historia, en las salas no hay nada que lo explique, dejando al espectador la libre interpretación de los rostros serios, cargados de humildad y a la vez de orgullo. Y a través del catálogo vas ubicando en la primera sala a cada personaje: "La madre sentada" y "La madre alzada"; la mujer joven que "En sus sueños siempre la envolvía el mar" que parece dar la bienvenida a la exposición sin revelarte su secreto.

En otra sala tres hombres que titulan su historia también en torno al mar: "Noches en vela", "Embarcando" y la mirada cansada de "El joven de Gorée". Apenas adolescente y escondido detrás de una columna, aislado del resto, "Oumar y el mar" casi en la oscuridad parece revelar en su rostro todas esas amargas historias: "De 1536 a 1807, millones de seres humanos fueron raptados de sus aldeas y vendidos como esclavos en la isla de Gorée, estos son hoy sus habitantes".

Y en la tercera y última de las salas un solo retrato, el retrato del maestro, el encargado de enseñar a todos los estudiantes del país la puerta de la miseria, el camino del no retorno, la puerta del infierno que cantara Dante o aquella ignominiosa que pregonaba la bondad del trabajo esclavizado. Es "El hombre que me tendió la mano", quien enseña a no olvidar. Así, uno a uno, la historia cotidiana y la reflexión de estos personajes, los descendentes de aquellos que sobrevivieron a la esclavitud.

Aún quedan dos fases más del proyecto. La segunda el viaje de ida rumbo al Caribe, Brasil y Estados Unidos para retratar a los descendientes de aquellos que fueron vendidas como esclavos; y la tercera y última, el retorno a Gorée donde simbólicamente expondrá los retratos americanos como símbolo de retorno.
Ya sólo queda ir a ver la exposición que tiene, por cierto, un excelente catálogo.

Gorée el retorno de David Palacín, en la Galería Rafael Pérez Hernando, en calle Orellana, 18 de Madrid. Hasta el 25 de Julio de 2014.


"Siempre cuando toleramos la injusticia y premiamos a la avaricia, siempre que una clase social obtenga ganancias de la deshumanización de otra, y siempre mientras los justos se mantengan en la indiferencia, habrá algún tipo de esclavitud institucional en cada nación de la tierra".  Martin Sheen, activista y actor (del catálogo de la exposición).


miércoles, 11 de junio de 2014

Pilar Pequeño


Hay sensaciones que a veces parecen imposible captar en un instante; sensaciones que sólo una obra intensa es capaz de provocar en el ánimo de cada uno. La quietud, la placidez, el silencio, la luz, la armonía de ese instante son imposibles de describir, pero sí, al menos, intentar encontrar el momento propicio que nos permita acceder a ellas, por esta razón cuando Pilar Pequeño me invitó a la inauguración de su exposición en la Galería Marita Segovia preferí hacerlo un día después, porque sus obras son piezas que hay que saborear en soledad, capaces de transmitir un torrente de sensaciones plenas de sosiego, de serenidad y de armonía; obras que van directamente al espíritu del espectador en un acto íntimo, en ocasiones egoista y necesario, que vienen a rescatarnos de la espiral violenta de una vida cotidiana que parece blindarnos de sensaciones tan primarias como las que se sientes al observar una flor o un reflejo de luz en el agua, y para esos instantes no necesaria más presencia que la de uno mismo y un espacio propio donde sumergirse en nuestra más profunda intimidad.


Cuando llegué a la Galería Marita Segovia  lo hice con la expectación y la necesidad imperiosa de ver inmediatamente la imagen de los membrillos que me habían adelantado; y fue por esta obra por la que pregunte. Hice el largo recorrido que hay entre la puerta de entrada y la sala de exposición en silencio, siguiendo a mi anfitriona. Luego, al quedarme solo en la sala, no sentí más apremio para saciar por completo mi apetito por aquella obra. Por fin estaba frente a ella, frente a los membrillos, como si se tratara de la obra de Antonio López, de luz y silencio. Sumergidos en el agua, parecían caídos accidentalmente en un jarrón de cristal, instante que una y otra vez se repetiría cambiando sólo de contenido, una peonia, el ginkgo, los amarilis o un ramilletes de flores que no acertaba a poner nombre y que me dejaban, por unos instantes, inmóvil frente a ellas, y me traían a la memoria aquella exposición de hacía justo un año sobre los ríos, la quietud de las aguas, la vida junto a la ribera y el devenir del tiempo quieto y silencioso como un relato de Virginia Wolf.

De nuevo estaba ante algo diferente, ante unas imágenes formidables cargadas de fragilidad y de una fuerza innegable, capaz de conmover. Piezas dispuestas con esmero, sin nada al azar, quizás tan solo la inocente espontaneidad de unas burbujas de aire que delatan la entrada de la fruta en el agua, el oxígeno y la vida que parecían insinuar que esa imagen no era real, sino un sueño que tuvimos no sabemos cuándo y que por esas razones que la mente no sabe explicarnos, ni conseguimos reubicar en el tiempo, vuelven para dejarnos con la inquietud de no saber en qué momento habíamos vivido antes ese instante mágico.

Pasear a través de la luz que entraba por los ventanales de la galería y el único sonido de mis pisadas era prolongar la magia de los reflejos dorados, pétalos sumergidos, hojas marchitas desprendidas del fruto sobre la mesa de estudio, y aún, pensé, qué difícil era sobrevivir al instante, a ese instante capturado y ya incorruptible de la fotografía. Ese era el momento que tan sólo unos pocos artistas saben retener, y devolvernos en ellas la satisfacción de haber revivido instantes de un tiempo anterior, y del mismo modo que llegué, salí de la sala, ahora ya con la satisfacción de haber saciado el imperioso apetito que provoca de la sensualidad de un instante.

Pilar Pequeño, en la Galería Marita Segovia, en calle Lagasca, 7 de Madrid hasta el 25 de julio de 2014

martes, 10 de junio de 2014

Feria del Libro 2014


Este año he vuelto, como cada año, a la Feria del Libro. He entrado en el Retiro por Príncipe de Vergara y me he entretenido en la iglesia románica que hay nada más cruzar la puerta. Esta vez sólo buscaba un libro, y era sólo una excusa, porque paso muy a menudo frente a la librería de la editorial que lo edita. Pero como siempre, es irresistible pasear entre tanta gente, aunque luego dicen que no se lee, y entre tanto famoso y, claro, cómo no, estar unos momentos con algún escritor consagrado, de los de verdad. La Feria del Libro es, como siempre he pensado y escribí en la entrada sobre la feria del año pasado, una feria de vanidades. Todo el mundo hace cola para que el famoso, sea escritor o no, firme un ejemplar de su libro aunque nunca lo lea; pero me gusta, me atrae y me apasiona este paseo, ojear los libros, sopesarlos y oler el áspero aroma de la tinta de impresión, y ver pasar, cómo no, al autor, al famoso, al deportista, al cantante o al político.

Cada caseta tiene, si va afirmar un autor, el nombre de éste y el horario: "de 12:00 a 14:00", y alguna librería o editorial sarcástica, este año ha puesto "Hoy no firma nadie", como invitándote a no parar o como diciendo todo lo contrario: no hay prisa, puedes mirar tranquilo.

Algunos autores se repiten y coincidimos cada año, esta vez son Juan Cruz, Benjamín PardoAlmudena Grandes y Javier Marías; algunos son tan mayores, como Ramón Tamames que parece que de un momento a otro va a expirar, blanco como la cera del velón de aceite de San Cristobalón que cantara Machado, puede que sea la última; o, como algún deportista, el actor, el presentador de televisión o el cantante de moda, vendrán sólo este año. Hay para todos los gustos, desde el político que ha escrito unas sustanciosas memorias, al economista que se reivindica ante Keynes; el mediático escritor, la actriz que ha pisado mil teatros, el joven autor arrogante o asustado, el triste poeta melancólico que no necesita presentación y envuelto en la sombra de la caseta ni se le percibe, ni se le ve, ni se le nota debajo del cartel que anuncia su firma.

Me sorprende, como cada año, la gran cantidad de casetas que hay para niños. La literatura infantil es un gran tirón. Los padres se afanan en inculcar a sus hijos el hábito de la lectura, cuentos, pictogramas, muñecos, híbridos de libros sonoros, impermeables y primorosamente ilustrados. Y al inicio del recorrido tampoco faltan a su cita los facsímiles de libros iluminados de caballerías, incunables, libros de horas,...

Una delicia el paseo que cada año repito con el mismo entusiasmo después saludar al general Martínez Campos en su caballo, y al son de las improvisadas orquestas que tocan una especie de ¡bienvenido a la Feria! entre vendedores de loterías, estatuas humanas, repartidores de propaganda, revistas literarias, panfletos anarquistas, llamadas a la revolución trasnochada, repartidores de abanicos, de revista literarias. Es la Feria del Libro.

Luis Goytisolo, escritor
Javier Reverte, escritor
Juan José Millás, escritor
Miguel Ríos, músico
Ramón Tamames, profesor y político
Mónica Carrillo, periodista y presentadora de TV
Carmen Alborg, política, exministra y diputada
Joaquín Leguina, político expresidente de la Comunidad de Madrid
Rodrigo Cortés, director de cine
Pedro J. Ramírez, periodista
Richard Vaughan, empresario y profesor de inglés
Miguel Sobrino, dibujate y escultor
Jorge Garbajosa, deportista
Bernabé Tierno, psicólogo
César Vidal, escritor y director de radio