jueves, 24 de julio de 2014

El castillo de Castronuevo


Salí de Narros de Saldueña, por tierras de La Moraña abulense, dirección al castillo de Castronuevo, en Rivilla de Barajas. Decidí ir por Crespos, la ruta que tomé la primera vez que visité esta fortaleza. La parada en Crespos fue obligada para averiguar cuál era el camino que debía tomar: saliendo del pueblo, antes de llagar al puente, en una pendiente de tierra a la derecha sale a un camino que bordea una zona de pinos y encinar, con un firme en muy mal estado, nos lleva hasta el fortaleza. El primer y principal problema fue que el recinto está totalmente vallado, prohibiéndose el paso por peligro de derrumbe. Mi percepción fue muy similar a la de unos años antes, la de encontrarme ante un edificio bastante deteriorado, rodeado de un secarral de cardos y arbustos. El camino me dejó a unos cincuenta metros de la entrada principal; a mi espalda el campo arado en barbecho y un calor sofocante.

El castillo es propiedad de la Casa de Alba, aunque no hay vestigios ni escudos que lo atestigüen, tras su adquisición a Rodrigo de Vivero desde finales del siglo XV. Por su nombre parece indicar que anteriormente hubo un castro o fortaleza anterior en la transición del románico al gótico, que fue restaurada en el siglo XV.

El edificio se compone de dos recintos rectangulares construidos de argamasa de ladrillo, cal y canto. El exterior tiene aspecto militar y es austero, presenta numerosas troneras para el tiro de artillería y  tiene un sótano abovedado y foso. En el segundo recinto, el interior, se haya el núcleo central del conjunto con torres en las esquinas, garitas y un camino de ronda. Aloja un distinguido palacio renacentista del siglo XVI, del que sólo se construye una de las tres galerías diseñadas, que incluye varias salas, galerías de arcos y una gran escalera de dos tramos, aunque no pude visitarlo en esta ocasión. Destaca, sobre todo, la ausencia de la torre del homenaje, que según Cooper, está inacabada o bien fue desmochada.

Cobos y de Castro señalan a Gil de Vivero como impulsor de las primeras obras del castillo, consistentes en la edificación de un recinto interior que se remata con cubos angulares y garitas. Éste había heredado el lugar de su padre,el desdichado contador real Alfonso Pérez del Vivero que vimos en la historia del castillo de Fuensaldaña, que lo había recibido en donación del rey Juan II en 1437. Esta fase inicial debió quedar terminada antes de 1476 cuando ya se tienen las primeras noticias de la fortaleza, y en 1481 ya estaba totalmente concluida. Tras un litigio por cuestiones de herencia con su hermano Gil, Rodrigo de Vivero la vendió en 1489 a Fadrique Álvarez de Toledo, II Duque de Alba, quien inicia las obras del palacio interior.

De esta época es un suceso en el que estaba involucrado Gil del Vivero  "dentro de las guerras de banderiza de la época" con caballeros de la cercana villa de Fontiveros. En 1468 la mujer de Pedro de Hontiveros, capitán de las tropas de los Zúñiga, había ofendido a la de Gil del Vivero. Pasando Hontiveros con su gente cerca de Castronuevo y sin hacer caso a los consejos de sus criados para que "se guardase de las asechanzas y llevase buen galope de caballos" le salió al paso del Vivero y antes de que los criados de aquél pudieran socorrerle, "atravesole con su lanza Juan Gutierrez (criado de Vivero)"

 Mayores problemas de datación tiene la barrera de artillería externa "cuya estructura está soportada por cuatro amplios corredores abovedados de ladrillo" que pudieron servir también de caballeriza, y que en la actualidad es una paseo sobrecogedor entre la penumbra. Los expertos sostienen que debió haber una cerca anterior de cal y canto, sustituida tras su hundimiento por la actual muralla defensiva exterior; ésta debió tener torres angulares ya desaparecidas.

Siguiendo el camino hacia la derecha hay, dentro del cercado, una balsa de agua como las que se utilizan para abrevadero de ganado. Siguiendo a la izquierda se llega al puente que cruza la autovía Ávila-Salamanca y desde allí se tiene una buena vista de la fortaleza, a ese lado frente a un campo de cereal listo para la cosecha. Dirección a la derecha, a unos 500 metros de la fortaleza están las ruinas de una iglesia mudéjar sin más identificación dirección al siguiente puente sobre la autovía que lleva hasta Rivilla de Barajas. Este es un camino más cómodo y mejor acondicionado que el de Crespos, donde retomé la autovía dirección Ávila mientras escuchaba por radio el final de de Proclamación de Felipe VI, ceremonia que se inició como vimos durante la visita al castillo de Narros de Saldueña.


Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:

Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. deEd. Edilesa.
Castillos de Castilla y LeónGutiérrez, J.M., Ed. Edical
Los castillos y fortalezas de Castilla y LeónMartín Jiménez, Carlos M.Ed. Ámbito.
Castillos Señoriales de la Corona de CastillaCooper, Edward.

miércoles, 16 de julio de 2014

Gonzalo Aldeano


A love my toy... A love my boy... Palabras sueltas, recogidas al azar, robadas de una conversación al paso, un pensamiento ajeno, el pensamiento propio. A veces los pensamientos fugaces se nos escapan, los deseos se tornan incontrolables y las pasiones ocultas brotan de nuestros ojos vacuos, inertes y enfebrecidos, como las palabras abyectas manan de la saliva y fluyen entre los dientes con incontinencia: I Love Teens...

Gonzalo Aldeano transmite en sus imágenes esa incontinencia verbal, o ese pecado de pensamiento que muchas veces se plasma en un doble lenguaje equivoco al que muchos les gusta jugar, sin hora concreta, en cualquier momento, a la hora del desayuno, frente al café, aún somnolientos y dudando de si la certeza de nuestros pensamientos son los que vemos en esas imágenes; mirada de reojo a la mesa de al lado, al señor trajeado, al ejecutivo, al publicista, al bancario, y sus imágenes se vuelven palabras: palabras, conceptos y argumentos.

- ¿Por qué esos ojos vacíos, como ciegos? -Pregunté una vez-. - Otra forma de mirar -contestó-.

Lo inquietante es saber enjuiciar a los personajes. ¿Realmente son lo que pensamos o lo que ellos quieren transmitir? ¿Es un chico o es un gay? Las dos cosas; pueden ser las dos cosas en un mismo personaje, el juego de palabras, una vez más, y la ambigüedad del individuo: I'm a gvy, la mirada borrada, la sonrisa procaz, el olor a tostada recién hecha, aceite y el tomate rayado en un recipiente de porcelana: ¿Qué es, quién es? Se pregunta la camarera y el ejecutivo que vende bebidas gaseosas. Esa es la pregunta que queda en el ambiente, una de ellas, una más de las que acompañan a las miradas fugaces, cómplices, robadas: I wanna be a Princepss... I wanna be a Footballer...


Gonzalo Aldeano expone en Bar Villatres, en calle La Villa, 3 de Madrid.

jueves, 10 de julio de 2014

Almudena Baeza: La grieta silenciosa


Llevo varios días intentando escribir esta entrada y ya se acaba el tiempo de ver la exposición. Estuve en la inauguración, en la cripta de la Galería Rafael Pérez Hernando, un  lugar donde suele exponer las muestras más peculiares, las más difíciles quizá y también, por qué no, entre las más atractivas. No suelen dejar a nadie indiferente y ésta de Almudena Baeza, La grieta silenciosa (o el empeño de encender un fuego en la boca del lobo), es una de ellas.

Al principio la muestra gira en torno tres manteles peruanos rescatados de un incendio, un texto de Francis Scott Fitzgerald y un poema final de Joan Salvat-Papasseit. Entre medias, como la esencia de un bocadillo, la intervención de la autora sobre los manteles ashánicas peruanos, y el recordatorio de una máxima de Duchamp: el espectador hace el cuadro.

Durante esos días me había introducido, casi sin darme cuenta, en dos de las premisas necesarias para intentar comprender la grieta silenciosa. Terminé un libro de Scott Fitzgerald, que me ayudo a comprender el proceso de demolición, el proceso de creación y la riquerza devaluada que sitúa al protagonista al borde de quiebra. Fitzgerald pintaba en su librito un panorama oscuro que me llevó a la segunda:, a la boca del lobo, a la oscuridad más profunda y al temor;  siguiendo el poema de Salvat-Papasseit,que hablaba de hacer "un fuego de estrellas en la boca del lobo".

En realidad no sabía si había entendido la propuesta de Almudena Baeza, la inmensa oscuridad de la boca del lobo y el conocimiento. Sin espectador no hay obra, dice Duchamp, sin luz no hay conocimiento: la grieta silenciosa, en este caso la que se abre entre obra y espectador, una profunda herida que persiste en el tiempo, como una guerra, como el envejecimiento que deja al tiempo en suspenso, como una herida sin cicatrizar del todo, un dolor latente: "Evidentemente, toda vida es un proceso de demolición. Por supuesto que sucedieron muchas cosas: la guerra, la quiebra financiera, un cierto envejecimiento, la depresión, la enfermedad, la pérdida del talento", dice el texto de Fitzgerald.

El vehículo de Baeza son la telas peruanas; el nuestro, como espectadores, para salvar la grieta silenciosa, para tachonar de estrellas la oscura boca del lobo ¿Cuál es? Ayer un maestro de fotografía comentaba sobre el lugar de partida: el estudio, "un lugar mágico donde se crea, se concibe, se experimenta, se fracasa o se triunfa. Yo ya tenía el lugar, ahora me faltaba saber cuál era el fin de la obra. Con los años he llegado a creer que el fin no es otro que el propio, el que el artista tiene dentro de si, su fin no debe trascender más allá de si la obra gusta o no gusta al espectador o a la crítica, le debe gustar a él, debe quedarse en su interior".

Día a día, he ido montando y desmontando argumentos en torno a La grite silenciosa y como creador, en "el ready-made duchampiano", que evoca Almudena Baeza, me permito el lujo de no interpretar la obra, sino dejarla en mi interior como un logro propio e invitaros a participar en el proceso creativo que está en la galería, frente a la obra, creando la obra como espectadores.

"Cuando los carabineros acechaban en la noche
y era un túnel la bóveda del cielo
sin luz en los vagones:
hice un fuego de estrellas en la boca del lobo".
     Joan Salvat-Papasseit



La grieta silenciosa (o el empeño de encender un fuego en la boca del lobo), de Almudena Baeza, en la Galería Rafael Pérez Hernando, en la calle Orellana, 18. Hasta el 25 de julio de 2014.

sábado, 5 de julio de 2014

George Lilanga: Tradición y Modernidad


George Lilanda fue un pintor africano, nacido en Tanzania. Esto es lo primero que se aprende de este artista, pintor y escultor, que se convirtió en el referente en el arte africano actual hasta su muerte en 2005. Leo detenidamente las referencias que se hacen a èl y a su obra, a la cultura Makonde, zona del sureste de Tanzania y norte de Mozambique, que elabora esculturas, máscaras y objetos tradicionales, y el giro artístico de éstas hacia figuras abstractas: los espíritus Shetani, que representan figuras humanas y de animales de formas distorsionadas y aspecto jocoso de la que George Lilanga será  la figura de mayor proyección internacional.

Inevitablemente sus cuadros recuerdan a las obras del icono del graffiti Keith Haring quien reconoce la influencia de Lilanga en su obra. Los colores puros, las figuras planas, las sonrisas sarcásticas y actitud burlona de los Shetani, espíritus malévolos que disponen de diferentes poderes, Lilanga los caracteriza con manos de dos dedos, con tres dedos en los pies y una risa sardónica, son el atractivo de una obra que tiende a ocupar todo el espacio del lienzo con casas, palmeras, cuencos: el horror vacui, el horror al vacío.

Éste es el vínculo entre la tradición cultural y religiosa africana y la modernidad que se permite aún no impregnarse de la influencia occidental; el viaje del artista a través de la constante presencia de los espíritus, sean antepasados o no, benefactores, protectores, sanadores o malévolos, como los Shetani, llevados a la pintura actual sin artificios, donde, incluso las telas, los bastidores y el tensado de los lienzos mantienen la imperfecta marca de la elaboración artesanal, la belleza de lo genuino, de una pintura aparentemente tribal cargada de simbolismo y maravillosa expresividad de un submundo tan sencillo como mágico.

La obra de George Lilanga se puede ver en Tradición y modernidad que se expone en la Edith Mbella Gallery junto a un grupo de tallas y máscaras rituales de Burkina Faso y Nigeria y joyas étnicas africanas, en la calle Marqués de Cubas, 8 de Madrid.






miércoles, 2 de julio de 2014

Meeting of Styles Madrid 2014



Una reunión siempre es importante. Un contacto de las redes sociales me dijo el viernes que iba a haber una reunión para pintar en el muro de la Almudena; que iba a ser grande. No supo decirme más. El sábado otro contacto me confirmó la reunión. Bajé a la universitaria para ver de qué se trataba, sobre todo porque no quería que tocaran una pieza que era una dedicatoria. A las 10:00 estaba allí; ya habían blanqueado toda la pared y afortunadamente la dedicatoria a Zota27, intacta, la habían respetado.

Hice una fotografía a la única pieza iniciada, el bosquejo de líneas verdes de un coche sobre el blanco entre verde y azul del muro. Me dijeron que estarían todo el día, incluso el domingo. Estuve hablando con algunos chicos mientras otros preparaban una batería de botes, otros, como el cuerpo técnico, cámaras y vídeos. Habían entrado coches en la pista y comenzaban a descargar lonas y pinturas. El ambiente prometía, pero me marché de viaje, una pena. Antes de irme le pido a uno de los chicos que retoque la pieza de Zota27.

El domingo ya estaba todo prácticamente terminado. Llegué a las 20:30. Poco a poco comenzaron las conversaciones con unos y otros. Aquí, casi todo el mundo se conoce o ha oído hablar del otro, me extrañó, de todas maneras, no encontrar a los asiduos del muro. Todo estaba perfectamente organizado, con patrocinador incluido. Unos pintan las letras, otros los dibujos, se prestan botes, alguno desaparece: "¿Quién no lo ha hecho alguna vez?" "Vale tío, pero si te dejé el rojo para retocar..." "Pero me fui a comer y a la vuelta me lo habían quitado" "!Ya te vale!" Comentan un mural de unos chicos de Huelva que han gustado mucho: "Molan mazo". "El Bear es un artista total" comentan sobre un tigre de los TCK.

La pieza de la dedicatoria a Zota27 la han reparado, aunque aún se nota la chapucilla que hice yo un par de semanas antes. Es de agradecer el rato que le han dedicado. Entre los artistas hay italianos, venezolanos y un francés. Me entretengo un rato hablando con un chico australiano sobre el mundo del graffiti, los Toys (graffiteros sin estilo propio) y los estilos, una charla tranquila, esclarecedoras, lástima no tener una cerveza y una mesa entre los dos. Otro me enseña su pieza, está orgulloso de ella, le pido que me diga qué ha escrito CEC y DERS, la pieza me gusta, entre gorilas, ... y poco a poco voy descubriendo alguna firma conocida. Otros recelan, no quieren que les vinculen su cara con sus obras y no quieren fotos. A las 22:00, ya casi sin luz, nos marchamos casi todos, queda algún rezagado que quiere dar los últimos retoques. Los de las cámaras volverán por la mañana para grabar.

Lunes por la tarde. Me encuentro con algunos que han vuelto para fotografiar sus piezas, otros para retocarlas. Llegan dos chicos para pintar, pero visto como ha quedado todo el muro desisten: "Nunca había visto este el muro completamente pintado de una vez". Última charla y todas las piezas del mural, de izquierda a derecha, aquí están: