sábado, 29 de noviembre de 2014

Maria Aparici


Me ha llamado la atención que a la hora de haber planificado esta exposición debe haber sido, me imagino, no haber tenido la necesidad de ponerle título, y quizá sea porque la muestra se sustenta sólo en la autora, sin más bagaje que su nombre. Lo cierto es que cuando se llega a la sala de la galería Orfila descubres que las obras no tienen esa unidad repetitiva para formar un conjunto homogéneo, que suele ocurrir en las exposiciones, sino que cada obra de María Aparici, cada lienzo, es un estado de ánimo, una explosión de sentimientos que van desde el agobio de un día caluroso a la melancolía de otro lluvioso y gris, pasando por el relax, la observación, hasta, como diría mi amigo fotógrafo: "el vamos a criticar": "Opino que el arte debe acortar la distancia entre el artista y el observador, con la esperanza de que la imagen permanezca en la memoria de éste para siempre", escribe Aparici. y ese parece ser el título de la exposición, ella misma, su estado de ánimo y el intento de perpetuar en el espectador cada uno de sus sentimientos.

Cada cuadro parece un momento y, según la autora, "la combinación de mi estado mental y mis observaciones personales son lo que plasmo en mi trabajo". Sus obras son vigorosas, explosivas si cabe, con la fuerza que expresa un trazo amplio, una pincelada decidida y profunda y una composición en la que el protagonista, un personaje o un animal, casi siempre un perro, viajan a un primer plano sin olvidar al personaje secundario que parece observar desde un segundo plano la escena. La composición recuerda el expresionismo alemán, "me recuerda a Kirchner" -oigo decir, aunque carece de la expresión tortuosa y agraz de sus personajes-; en otros, la intensidad del trabajo deriva hacia la abstracción y el protagonista se difumina como el pensamiento entre sombras, luces y deseos difíciles de expresar si no es a través de la intuición, porque cada cuadro está numerado y apenas si alcanzo a leer los títulos en una nota aparte, y lo prefiero, porque prefiero guiarme por la intuición del observador.

Cada cuadro es una historia -vuelvo a razonar- y mientras pienso sobre ello entra una nueva visitante a quien le llama la atención el olor de la sala: huele a lienzo, a pintura, a óleo. Es como si entrase en el taller de la artista, y en el silencio de la sala, -la música hace un tiempo que ha terminado-, sólo acompaña al observador un tenue olor a óleo y disolvente, como certificando la autenticidad de las obras: "El óleo tiene la virtud de reforzarse, de extraer el color con el paso del tiempo, el pintor que trabaja la luz no puede pintar con otro elemento que no sea óleo, el bermellón, el cadmio,...", y así parece ocurrir en esas dos señoritas muy elegantes -Two very elegant ladies- que cuelga frente a la visitante.

El recorrido por la sala lo hago como lo haría un huérfano por no haber conocido a la pintora en persona, de cuadro en cuadro, de historia en historia, leyendo el catálogo intentando encontrar algo que me lleve a un instante preciso, al pensamiento original: "en un solo día somos y sufrimos diferentes apariencias, severos, tristes, pensativos, cálidos, violentos, apasionados".

Y siguiendo el ritmo de estos últimos días, en los que las exposiciones casi se me escapan porque he llegado demasiado tarde y el tiempo no me deja espacio para reflexionar, absorber las obras y digerirlas, me aventuro a escribir sólo sobre la primera impresión, al pensamiento ajeno en voz alta y en el propio, para intentar retener, como leía al principio, las imágenes para que permanezcan en mi memoria y saber transmitirlas con la extraordinaria fuerza, con el gesto violento y apasionado que parece descansar en cada una de los lienzos.

María Aparici, en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 5 de diciembre de 2014.


martes, 25 de noviembre de 2014

Equipo Córdoba


Buscaba obras sobre la abstracción geométrica, y me enviaron la la Galería José de la Mano. Se acababan de trasladar a la calle Zorrilla, donde exponían trabajos de Manuel Calvo,y no pude escribir nada sobre él. Ahora expone el Equipo Córdoba y probablemente se me vaya a pasar de nuevo el tiempo, pero he insistido en leer toda la información sobre ese grupo de artistas que me había facilitado la galería y centrarme en las obras de un proyecto tan interesante como desconocido, salvo para los muy iniciados, y que me atrajo desde el inicio.

La exposición es un conjunto de obras encontradas durante la reforma de una vivienda en Córdoba que ha sacado a la luz una colección de dibujos, bocetos y un cuaderno de apuntes, a través de los cuales la galería nos acerca a la obra del Equipo Córdoba, "un grupo de adolescentes y otros jóvenes valorados en su momento y hoy olvidados". El problema de seguir y recuperar la memoria del grupo es "no obstante la tremenda juventud  de estos artistas y los dispares caminos por los que discurrieron las carreras de todos ellos, pero sobretodo a la lamentable pérdida de todas sus obras ha comportado su olvido hasta esta exposición".

El compromiso artístico de estos jóvenes artistas lo manifiestan en su "ambición de crear y analizar los problemas de nuestra época y hallar una solución justa por encima del interés personalista". Rechazarán el individualismo -firmarán como equipo sus obras- y al "genio artistico", lo que consideran una expresión burguesa imperante en la época; el artista dejará de ser considerado "genio", pasa a ser un trabajador especializado cuyo resultado, "-las obras- podrían servir a otros trabajadores como arquitectos y diseñadores, lo que, como se sabe fue una de las utopías de buena parte de las vanguardias geométricas y constructivistas del siglo XX". Para ellos el trabajo en equipo implica "una integración total y completa del pensamiento de cada individuo" para alcanzar un resultado común al que se llega a través de la discusión por lo que este método no permite que "exista la autonomía del individuo" y por consiguiente "son eliminadas todas aquellas actitudes emocionales o sentimentales extrañas al proceso de investigación plástica".

Teorías marxistas, forma y concepto de trabajo que regía en los países del este europeo de mediados del siglo pasado, organización del trabajo que se traslada al arte y a través del cual el grupo propone un cambio profundo y radical de la ejecución de las obras y van a desechar "los conceptos basados en la geometría euclidiana, organización sobre horizontal, regla áurea, concepto de espacio aéreo o vacío creado por una forma flotante" que van a perder vigencia y serán sustituidos por uno general en el que "todo no es más que espacio (energía en distintos estados físicos)". Consideran que el concepto de lo universal ha cambiado desde Einstein, los seres ya no se pueden considerar "cerrados en sí mismos, aislados y los espacios quietos y vacíos; por el contrario, seres y espacios tienen de común, que son todos energía, en distintos estados físicos", por lo que la obra carece de un punto de vista único, puede verse y colgarse de cualquiera de las cuatro formas posibles, toda vez que "en dinámica espacial no se puede hablar en términos de distancia -atrás y delante, arriba y abajo-, puesto que la posición de los volúmenes entre sí es relativa".


Un trabajo y una exposición sin duda interesantes. Para escribir esta entrada he seguido el catálogo de la exposición y el texto escrito por Ángel Llorente Hernández, que es a la vez comisario de la muestra, sin el que me hubiese sido imposible entender gran parte de las obras y los conceptos. En él encontraréis a los componentes del equipo, su génesis, formación y el detallado proceso de creación y concepción de sus obras. Como afirma en el texto, este es un autentico trabajo de arqueología, texto que la galería proporciona aunque, como siempre, os recomiendo que la visitéis, no sólo para crear un tráfico de visitantes, sino para entender mucho mejor el arte frente a la obra original.


De la Escuela Exerimental al Equipo Cordoba (1954-1957), en Galería José de la Mano, en calle Zorrilla, 21 de Madrid, de octubre a diciembre de 2014.

martes, 18 de noviembre de 2014

Ana Palacios. Albinos en Tanzania


"Hemos aprendido varias lecciones valiosas. La primera es que no es nada sencillo hablar de África." Confiesan Joan Tusell y Ángeles Jurado de Casa África, No es fácil porque de una forma u otra estamos sujetos a estereotipos y prejuicios, y esto implica que ver una exposición a veces se convierta en un reto para el espectador: África vista y pensada como un blanco; y juzgar como un blanco los problemas de los negros ya es un problema en sí, no porque sean mayores o peores, son sólo diferentes y la forma de enfocarlos es tan compleja como complejo es el continente africano donde "conviven mil formas de entender la muerte, el sexo, la vida, el arte o la espiritualidad".

Lo que más me interesó de la exposición Albinos en Tanzania, de Ana Palacios, fue cómo trataba en sus fotografías a los niños albinos jugando como niños, riendo, leyendo, saltando, es "la sensibilidad de la artista" que ha sabido ir más allá de lo meramente anecdótico y ha profundizado en lo humano, ha tratado a los pequeños como lo que son, sólo niños. "Las fotos son potentes". Me hizo gracia esta expresión de un fotógrafo amigo. Sí, sí que lo son, y delicadas, y la fuerza que hay en ellas no es la rareza de los personajes, "ser albino en África es un gran problema" leo en una parte del programa, la gran insolación y la falta de melanina que proteja la piel provoca quemaduras, en  muchos cáncer de piel o terminan padeciendo "fotofobia, estrabismo, miopía y nistagmo (no pueden dejar de mover los ojos de un lado para otro)." Sus vidas, sin la protección adecuada, no llega más allá de los 30 años.

Las fotografías están tomadas en Kabanga, en un centro especial de acogida, donde se refugian, no sólo del sol implacable, sino de la superstición y el hechizo, de la "discriminación, desprecio y miedo" que provocan los albinos en su comunidad y en su familia. La creencia de que estos "fantasmas" son concebidos "durante la menstruación, son hijos del demonio o que son resultado de relaciones sexuales con un blanco", los convierte en "objetivo de brujos y sortilegios", son perseguidos por traficantes de cuerpos que trocean sus carnes para hacer pócimas con ellos... Y es que había que explicar esta realidad para apreciar aún más el significado de la obra de Ana Palacios.

Lo cierto es que no hay nada especial en la imagen de un niño jugando al balón, o la de una niña girando y bailando, leyendo o la de un grupo saltando a la comba distraídos y felices; no hay nada más que la belleza plástica que muestran las fotografías; y cabría preguntarse entonces si la fuerza de las imágenes, esa potencia que decía mi amigo, sería la misma sin conocer el drama que subyace en cada uno de los niños. Lo más seguro es que sí la tendría, porque no hay en ellas ni un atisbo de miseria, ni violencia, ni un gesto forzado, sólo la mirada clara y la expresión espontánea e inocente que Palacios ha sabido captar y se ha atrevido a traernos y recordarnos que África vive otra realidad, y vive en la belleza y en los juegos de estos niños. Es, sin duda, más que una denuncia un hermoso regalo de risas, juegos y miradas curiosas e inquietas de unos chicos "que no quieren ser diferentes, porque no son diferentes", simplemente son niños.


Albinos en Tanzania, de Ana Palacios en EspacioFoto, en calle Viriato, 53 de Madrid, hasta el 5 de diciembre de 2014



viernes, 14 de noviembre de 2014

Soria: paseo por el románico soriano

Arco califal - Castillo de Gormaz
Hace 15 años subí al castillo de Gormaz en una visita sin planificar y nunca pensé que volvería a los restos de la fortaleza más grande de la Europa medieval. Desde allí se contempla el discurrir lento del Duero entre chopos y campos labrados; esta vez volví para visitar no sólo sus castillos, sino el románico de Soria obras que ha perdurado, como la fortaleza, más de 900 años en el silencio que envuelve estos pueblos prácticamente deshabitados.
San Pedro - Soria
Casi todas la iglesias que visité han sufrido reformas e intervenciones posmedievales, y ninguna mantiene su estructura original aunque fachadas, pórticos, ábsides y claustros de bellísima factura guardan en su totalidad el esplendor y la expresividad que el cantero les diera; y tampoco pude entrar en todas ellas, con lo que me perdí algunas imágenes, pinturas, capiteles y retablos de su interior. Son los restos de la historia que se inicia con la toma de la fortaleza de Gormaz por Fernando I de Castilla en 1060 que "conquista toda la extremadura soriana llegando hasta tierras de Guadalajara". El itinerario, muy denso, se vio frustrado en parte, por los caprichos del cambio de hora y haber hecho parte del viaje en día festivo.

San Miguel - Almazán
La primera parada del viaje fue Almazán, ciudad que aún conserva parte de la muralla y la espléndida puerta de Herreros. A través de se llega hasta la plaza Mayor donde se encuentra, de espaldas al Duero y frente al palacio de los Hurtado Mendoza, la iglesia de San Miguel, del siglo XII, cuya singularidad  más destacable es una esbelta torre octogonal. Subiendo la calle que sale del palacio se llega a la iglesia de San Vicente, del mismo siglo y de la que sólo perdura el ábside y las arquerías interiores, y aunque hoy se utiliza como sala de cultura, siendo festivo no pude visitar el interior.

Santo Domingo - Soria
Desde Almazán llegué a Soria a mediodía. Buscando un lugar para comer me encontré con la iglesia de Santo Domingo, de una belleza increíble. De finales del siglo XII se construyó sobre una anterior en honor a Santo Tomé. Tiene la portada con cuatro arquivoltas  donde se narran escenas del Apocalipsis, la matanza de los Inocentes, el nacimiento y vida Jesús, y la Pasión. Se le conoce como "la Biblia en piedra".El edificio se reformó en gran parte en el siglo XVI. En el exterior, en la acera, hay una placa con versos de Machado: "En Santo Domingo / la misa mayor. / Aunque me decían / hereje y masón / rezando contigo / ¡Cuánta devoción!".

San Juan de Duero - Soria
Después de la comida un paseo frente al palacio renacentista de los Condes de Gomara hasta llegar al Duero. Cruzando el río, a la izquierda, está el espléndido claustro de San Juan de Duero. Fundado por monjes Hospitalarios llegados de Tierra Santa en el siglo XII, se construyó el claustro con una exquisita mezcla de influencias románicas y orientales: "arcos de medio punto, ojivales, entrelazados, secantes, califales componen una sinfonía de arte medieval". Tiene también una pequeña iglesia en cuyo interior hay dos templetes de bellos capiteles con escenas fantásticas y bíblicas.

San Saturio - Soria
Siguiendo el curso del río se llega primero a San Polo donde quedan restos de un supuesto cenobio templario, y después, bajo una lluvia mansa de otoño: San Saturio, paseando junto a la ribera del río que cantara Machado, siempre Machado: "He vuelto a ver los álamos dorados, / álamos del camino en la ribera / del Duero, entre San Polo y San Saturio, / tras las murallas viejas / de Soria -barbacana / hacia Aragón, en castellana tierra-." Después de visitar la gruta del ermitaño vuelta a la ciudad, por la otra orilla del río, de nuevo bajo la amenaza de la lluvia, para la última visita: San Pedro.

San Pedro - Soria
En la actual Concatedral de San Pedro. sólo queda del antiguo edifico románico un extraordinario claustro de "líneas puras y capiteles historiados" al que se accede desde el templo de poderosas columnas góticas construido en el XVI . El paseo por el claustro, donde se yergue un hermoso ciprés, fue un evocador tránsito por el silencio y la lenta lectura de unos capiteles bellamente tallados, lectura que sólo interrumpió el repicar de las campanas y con el graznido de una pareja de cuervos que parecían habitar en las sombras de la galería. Señalar que es el único lugar donde me cobraron por entrar, aunque sin lugar a dudas, bien mereció la pena.

San Juan de Rabaneda - Soria
A la mañana siguiente un pequeño paseo para visitar el olmo seco y partido de también cantara Machado y la tumba de Leonor y desorientado en la ciudad le pregunté a un peatón que paseaba con su perro: "Baje después -me dijo-, donde está San Juan de Rabanera, mi ojo derecho; cuando se marche a recorrer la provincia no olviden visitar  Andaluz, San Baudelio, ¡cómo no! y la iglesia de Gormaz, al pie del castillo que aunque estará cerrada miren por si acaso estuviese abierta, tiene unas hermosas pinturas". Después de la visita al olmo y al cementerio llegué a San Juan de Rabaneda que destaca por tener un ábside espectacular de dos ventanas y una portada "perteneciente anteriormente a la ahora arruinada iglesia de San Nicolás". Las escenas de los capiteles del exterior, más expuestos a la lluvia y el frío, comienzan a deteriorarse. Es de admirar algunas figuras de los canecillos del ábside. Junto a la entrada hay unos versos de Gerardo Diego: "Ay, San Juan de Rabanera, / si yo robarte pudiera".

San Miguel Arcángel - Andaluz 
Desde allí, y siguiendo la indicación del peatón, tomé camino a Andaluz tras una breve parada en Calatañazor  que mereció un paseo por su castillo y para contemplar las construcciones que aún mantienen su aspecto mediveal. En una de las plazuela y donde han erigido un busto a Almanzor, recordando la derrota que acabó con su vida. Andaluz es un pueblo pequeño al que se llega por un puente romano, tan pequeño que no tiene bar y sin embargo fue la primera villa con Fueros de Castilla. En la parte alta está la iglesia de San Miguel Arcángel, consagrada a principios del siglo XII (año de 1.114). También ésta ha sufrido varias reformas postmedievales, pero conserva una espléndida galería porticada de bella excepcional, tanto los capiteles como los canecillos que aún conserva. Según la información que hay junto a la iglesia el pórtico debió construirse un siglo después de terminado el edificio.

San Baudelio - Casillas de Berlanga
Hecha esta visita, y sin poder tomar un tentempié, salí hacia Berlanga de Duero. Fue providencial: llegar y ver la impresionante Colegiata, porque sólo se abre a las horas de culto: Después de esta visita dejé para la tarde subir al castillo, y salí hacia Casillas de Berlanga donde esperaba San Baudelio.
"El santuario de Casillas de Berlanga tiene un aspecto humilde, casi desangelado en medio del paisaje sobrio. Diríase que ha seguido a pie juntillas la tradición de la casa del moro, un "por fuera nada y por dentro un tesoro". Y así es, un edificio sorprendente, una ermita del finales del X o principios del XI que parece una pequeña mezquita, "uno de los ejemplares más importantes de la herencia mozárabe en España", aunque sufriera uno de los episodios más tristes de nuestra historia cultural, la venta de sus pinturas en 1926 a un museo de EE.UU. El edifico tiene una pequeña sala de columnas que no deja de sorprender por su armonía, además conserva aún restos de los frescos mozárabes y románicos. Recordé que antes de salir de San Saturio una empleada me recitó un poema de Gerardo Diego: "-Que no / -Sí, madre que sí / que yo los vi. / Cuatro elefantes / a la sombra de una palma. / Los elefantes gigantes / -¿Y la palma? / -Pequeñita. / -¿Y qué más? / -¿Un quiosco de malaquita? / Y una ermita / -Una patraña, / tu ermita y tus elefantes. / Ya sería una cabaña / con ovejas transhumantes. / -No. Más bien una mezquita / tan chiquita. / La palma / me llevó el alma. / - Fue sólo un sueño / hijo mío. / Que no, que estaban allí / yo los vi, / los elefantes. / Ya no están y estaban antes. / (Y se los llevó un judío, / perfil de maravedí)" Es, en realidad, un ensueño.

San Miguel - Caltojar
Siguiendo la carretera hacia el sur se llega a Caltojar donde está laa espléndida iglesia románica de San Miguel Arcángel que ha sufrido, al igual que las de Soria, reformas posteriores aunque ha llegado hasta nosotros su portada sur, que describe el texto turístico: "una monumental portada se adelanta mediante un antecuerpo, decorado en cornisa con canecillos de rollo. Cuatro arquivoltas de medio punto articulan el vano abocinado, ornamentadas con boceles y medias cañas, excepto la exterior que presenta una llamativa decoración con desarrollado junquillo en zig-zag", aunque la mayor singularidad es el tímpano de arco de medio punto, sin parteluz, en el que se representa en bajorrelieve al al santo titular del templo.

Castillo - Berlanga de Duero
Continué el viaje hasta Rello para visitar los restos del castillo y el conjunto de la población aún amurallada. Desde allí vuelta a Berlanga de Duero para comer y visitar el castillo. Durante la comida entablé conversación con los vecinos de mesa, toda una satisfacción haberlo hecho pues eran los propietarios y valedores del Centro Internacional de Cultura Escolar (CEINCE), institución dedicada a interpretación y la memoria de la cultura de la escuela, un maravilloso lugar ubicado en la casa natal de Juan Bravo, lugar de obligada visita para estudiosos y personas interesadas en la enseñanza y su divulgación.
Ermita San Miguel de Gormaz
Esta visita restó tiempo a otras, toda vez que ese día se recortaba la luz en una hora y después de visitar el castillo y la magnífica muralla defensiva, me dirigí hacia Gormaz donde me esperaba la fortaleza musulmana y la Ermita de San Miguel que, aunque sabía que estaría cerrada, bien valía la pena dedicarle unos minutos. De allí tomé camino hacia Burgo de Osma para hacer noche. Atrás quedaron sin visitar, por el cambio de hora, los templos románicos de Bordecorex y Aguilera.

Tras el desayuno en Burgo de Osma partí hacia el cercano castillo de Osma, con su peculiar torre pentagonal, y desde allí, de nuevo hacia el sur dirección La Rasa para llegar a Caracena, pero el trayecto se complicó por obras en la carretera y me hicieron desviar dando un rodeo por Vilde, que tuvo como interés saber que aquellas tierras vieron el destierro del Cid Campedor y acogieron a Per Abbat, autor o copista del Poema de Mío Cid, y tras ese rodeo, pensando en estos personajes y esquivando algún ciervo, llegué al destino con una hora de retraso.

San Pedro - Caracena
Caracena ha sido la parada que más me ha cautivado. El pueblo, que mantiene su estructura medieval, conserva el rollo jurisdiccional o picota; la Casa de las Tierras, lugar donde se pernoctaban los representantes de aldeas vecinas para hacer las juntas que está frente al ábside de canecillos primorosos de San Pedro, iglesia que tiene en su puerta sur una galería porticada de bellisimos capiteles; en las afueras, junto a la otra iglesia, la de Santa María, ambas del siglo XII aunque ésta de menor belleza, están los restos de un fortín adosado a la muralla desaparecida que defendía la población, y a sus pies el puente medieval. Siguiendo un camino que sale desde la puerta sur de San Pedro se llega al castillo que fue testigo de las luchas de poder entre Isabel La Católica y Juana La Beltraneja. Quizá lo más entrañable fue el almuerzo y oír la conversación de un pequeño grupo de pastores sobre sus ovejas y la fabricación de quesos.

San Miguel - San Esteban de Gormaz
A mediodía salí hacia San Esteban de Gormaz por una carretera nueva que tiene acceso desde cerca de Tiermes, camino más confortable que el de ida, aunque no tenía el encanto  del paisaje de la ribera del Caracena. Más conocida en la actualidad, quizá porque está en la carretera entre Aranda de Duero y Soria, son los restos de la muralla de castillo musulmán los que dominan San Esteban de Gormaz , población que cuenta con dos de las más hermosas iglesias románicas de la provincia.
Ntra Sra. Rivero - S. Esteban de Gormaz
La primera que visité fue la de San Miguel, en la parte alta y bajando a escasos metros Nuestra Señora del Rivero; ambas tienen esplémndidas galerías porticadas de columnas más robustas que las vista hasta entonces, y a ambas se accede por una escalera; la primera, la de San Miguel, tiene un conjunto de canecillos excepcional.  De entre los capiteles de ambas, me llamó la atención la representación de la serpiente, que encarna el mal en el bestiario medieval, y que debe ser derrotada por el bien, en este caso encarnado por Cristo o por la Virgen.

En San Esteban de Gormaz di por terminada la excursión por el románico soriano, si bien se quedaron iglesias, torreones y castillos por visitar y sobre los que volver para profundizar en cada uno de los monumentos que visité. El espacio de esta entrada, de por sí demasiado extensa. no me lo permite aunque no descarto volver a alguno de estos pueblos para comprender y ampliar mejor sus monumentos, su historia y sus gentes. Desde aquí partí a la cercana Ayllón, en Segovia, para concluir el viaje unas horas después en Madrid.

Río Duero - Soria


viernes, 7 de noviembre de 2014

Monique de Roux: Dibujos


Cuando publique esta entrada seguro que la exposición de dibujos de Monique De Roux, en la galería Pelayo47, ya se ha clausurado, pero es igual, llegué tarde para verla y tarde subo la entrada. Y es que hay exposiciones gratificantes y plagadas de belleza, como ésta, en las que uno se encuentra libre y merecen la pena reseñar aunque quien lea la entrada ya no pueda ver la muestra. Y subo la entrada porque las obras de De Roux me traen esos recuerdos que ya creía olvidados; recuerdos cargados de luz y de imágenes rescatadas de un pasado tan lejano que a duras penas nos recuerdan que una vez fuimos niños, y nos trae ese tiempo en que veíamos los objetos, las personas y el aire que los envolvía de una manera que ya difícilmente, con el paso de tantos años, volvamos a percibir. Son estas sensaciones cargadas de pureza las que rescata esta pequeña muestra, entre otras cosas, simplemente, porque el artista se presta a ello.

Los movimientos sin esfuerzo que captura De Roux, rostros tiernos, la quietud de sus personajes que semejan a veces las poses tranquilas de Gauguin, o esas bacantes que fluyen y gravitan con la fuerza y el vigor de Picasso, se confunden otras veces con los rostros bondadosos y cándidos de Botero. Cielos glaucos del otoño al atardecer, de azul turquesa, frutas maduras en un regazo, miradas inocentes de adolescencia; los movimientos retenidos en la pupila infantil que nunca desaparecerán; el descanso después del juego agotador y el perro que brinca y se recoge a nuestros pies.

Son imágenes henchidas de sosiego, y todo, casi todo, de un solo color, apenas esbozadas las sobras por el lápiz y una tenue aguada de acuarela, el azul de un cielo vespertino, el monte lejano sin formas y un prado sin color. Son escenas de niñez que aún nos permiten oler la hierba y el membrillo recién cortado; oír las risas de niños entre voces de adultos y revivir las carreras y los juegos infantiles a la luz de luna y el esfuerzo que hicimos para ganar la meta, sin más recompensa que una sonrisa, una mirada, o un sabor lejano, como evocara Proust, a recuerdos de desayunos en el pueblo que una vez habitáramos, los aires puros, los amaneceres límpidos, el olor a piel infantil, la voz de aquel amigo y el plácido arrullo que llegaba desde el palomar.

Y muchas veces nos preguntamos, en torno al artista, el porqué del dibujo inacabado, ¿qué causa o qué razón hay detrás de esos colores tan sólo esbozados? ¿El hartazgo de contar una historia sin destinatario? Quizá sea que el recuerdo no tiene color, solo formas y con un pequeño matiz, una simple pincelada de color sea suficiente para traernos a la memoria todas las escenas que vivimos una tarde, un día, o un verano bajo una sombrilla al abrigo del sol del mediodía, en un rincón de la casa de campo, durante la siesta o en las noches cálidas iluminadas por una tenue luna, y baste ese toque de color para evocar todas estas pequeñas cosas con una sola pincelada,

Dibujos, de Monique de Roux, en la Galería Pelayo47, en la calle Pelayo, 47 de Madrid.