sábado, 26 de diciembre de 2015

Alejandro Magallanes: Siempre dí nunca


Bien. Hay exposiciones diferentes y tan atractivas que son difíciles de explicar. No lo haré, explicarla, simplemente escribiré parte de lo que he visto y he leído, una especie de permanente comunicación del artista con el espectador, a veces es disparatada, otras es mordaz y a ratos tan divertida que es capaz de arrancar una sonrisa y, sobre todo, imaginativa, muy imaginativa. Y así empieza:

¡Hola! Personas y todo lo que está en Madrid: Vayan a ver la exposición Siempre dí nunca de Alejandro Magallanes en el Instituto de México en España. Del 11 de diciembre de 2015 al 9 de Febrero de 2016. carrera de San Jerónimo 46. 28014 Madrid. GRACIAS
Opcional: Ahora diga: El Tlacuilo no come Tlayudas en Tlalpan ni en Tlanepantla porque está en la Tlapalería de Tonatzitla

Y, ¿por qué? La P.D. La exposición se llama Siempre dí nunca, por una imagen que siempre me ha estremecido desde niño, de una historieta española en el que una horrorosa señorita directora entrada en años regañando a un par de huérfanos por haber dormido juntos les decía que en el infierno había un reloj que solo marcaba dos horas. Cuando le preguntabas ¿Cuánto tiempo estaré acá? el reloj respondía "Siempre". Cuando le preguntabas ¿Cuando saldré de acá? el reloj respondía "Nunca". Lo bueno de repetir una palabra varias veces es que pierde momentáneamente su significado. Si lo repites siempre, nunca significa nada.

Como toda exposición, ésta también está acompañada, sobre un atril, de un tríptico: Hola. Gracias por leer esto en vez de hacer otra cosa. No tire este impreso. guárdelo para siempre por favor. No puedo darle razones. gracias. Y una contraportada: Por lo que más quieras en el mundo, no vayas a leer esto. (en serio)



Además, muchas historia, dibujos, fotografías, instalaciones, vídeo y unas pizarras donde puedes escribir lo que quieras,... Siempre dí nunca revela la verdadera personalidad creativa de Alejandro Magallanes: un humor cáustico como una travesura pueril, que se manifiesta en cualquier circunstancia visual. Más importante aún, esta muestra expone el inaudito, ingenioso e impecable dominio de las prácticas del dibujo, la palabra y la imagen audiovisual de Alejandro Magallanes, que se concentra en la célebre frase -sentenciada por el célebre diseñador gráfico norteamericano Paul Rand-: "Todo es diseño, ¡todo!. Se me olvidada que sobre este texto hay una viñeta. Sin tiempo para rectificar, yo la pongo debajo, y por si no puedes leer el texto, lo transcribo:


En esta animación el viento sopla (no se ve el viento) más que por la vela de la barca, el pelo de la muchacha y sus tetas, y el barco que se desplaza lentamente, cuando está a unto de salir del cuadro el viento sopla para el otro lado. Hay 3 aletas de tiburón (que no cambian de eje, sino van y vienen de un lado a otro). Cuando está a punto de salir del cuadro, el viento sopla para el otro lado. (A veces, la muchacha parpadea). A.M.



En fin, se escribe en el tríptico sobre la creatividad de Alejandro Magallanes, que desde este mismo desparpajo exhibe en sus imágenes e instalaciones guiños cargados de malicia y burla hacia las estrategias del arte contemporáneo y el diseño gráfico,...


Siempre dí nunca de Alejandro Magallanes / E. Palacios, curador, en el Instituto de México en España, en la Carrera de San Jerónimo, 46 de Madrid. Hasta el 9 de febrero de 2015






Lea las letras pequeñas


A la izquierda no hay nada.    En el centro gente, carne,...    En la derecha Diputados

sábado, 19 de diciembre de 2015

María Jesús Pérez Carballo


La última exposición de María Jesús Pérez Carballo, que sencillamente la titula con su nombre, en la Galería Orfila, es una espléndida colección de dibujos, algunos coloreados con óleo o acuarela, pero la base de la muestra es el dibujo, el grafito, "el lápiz- me corrige la propia artista-", un viaje a través de los claros, las sombras y la luz, nada más. No hace mucho tiempo acudí a una muestra en la que sólo había dibujos; en ella se hacían muchas referencias al propio dibujo y cómo lo definía cada artista y, con ese hilo conductor, recordé una frase que era a la vez un consejo, aunque no precisamente de aquella exposición, de Antonio López: hay que dibujar cada día, no sé cuánto tiempo había que dedicarle, pero había que hacerlo a diario.

Con esa máxima, y de la mano de María Jesús, comentaba con ella la libertad que el dibujo permite al artista, sobre todo cuando está frente a la naturaleza, los paisajes, los árboles, y en su caso, los jardines. La inspiración no está sujeta a un canon, es pura satisfacción dibujar las ramas retorcidas de un árbol, los muros de setos, los caminos de un jardín, los árboles que se diseminan por aquí y allá y proyectan largas sombras de las que surgen, a veces, de un arbusto, si hay color, el punto bermellón de una flor. Luego queda otro mundo, el académico, las simetrías de los parterres, los encajes y volúmenes, las perspectivas y el orden con el que cada personaje se sitúa en la escena; y por fin, si el deseo o el capricho lo solicitan, el color en las flores y las hojas.

Escribía Sorolla: "Está visto que el dibujar, el pensar en cosas que jamás se realizarán es el mayor deleite de la vida". Alguien me pidió que estudiara la trayectoria de la artista; en realidad, pensé, no vale la pena sumergirse en ese proceso, sino que es preferible quedarse, en aquel momento, junto a la compleja sencillez de sus dibujos e imaginar la mano alzada trazando las ramas del almendro en flor, o acomodar la mirada en la frondosa enredadera en la que apenas está esbozado el color. Como decía Sorolla: ¡cabe mayor deleite!.

Y con esta propuesta me fui con la artista a recorrer la sala contemplando su obra y comentando con ella sus cuadros: el color de los setos, los laberintos soñados, los parques, las pérgolas y rosaledas visitadas, y franquear por último esa puerta de hierro forjado donde comienza el jardín botánico y donde se dan cita, mientras dibuja absorta, esas cosas que jamás se realizarán.
Mientras, nos apremiaban. A un lado se despliegan sillas y frente a una de las obras un atril. Se presenta un libro, el libro que condensa la trayectoria de la artista: María Jesús Pérez Carballo, Sombras nos muros.

Y, aprovechando el silencio que brinda el público, es el momento de reflexionar en torno a la obra expuesta y la obra global de la mano de Antonio Leyva, no ya por ser autor del libro y contrastado crítico de arte, sino por el profundo conocimiento que tiene de la artista y su obra. "Bien que la obra de la pintora cuya temporalidad de hechos y circunstancias nos proponemos recorrer..." comienza el libro, un trayecto jalonado de exposiciones, el paso por la academia, las obras, las amistades, los artistas que la acompañaron y aún la acompañan y el lápiz, siempre el lápiz. Es un acto entrañable, porque quizás no exista mayor satisfacción para un artista, que ver reflejado el esfuerzo y parte de la vida a través de su propia obra en el tiempo; un regalo, sin duda, emotivo.


María Jesús Pérez Carballo, dibujos en Galería Orfila, en la calle Orfila, 3, de Madrid, hasta el 5 de enero de 2016.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Maria Antonia García de la Vega: Memorandum Natura


Al abrir al azar el libro de María Antonia García de la Vega, su espléndido Memorandum Natura, se puede leer en el reverso de una de sus fotografías, como si fuese un resumen de esa imagen, un poema de Walt Whitman que el último verso dice: Los poemas verdaderos (los que llamamos poema no son sino imágenes). Esta es la sensación, la primera y sincera que el libro ha dejado en mi retina, y luego ha dejado en mí una especie de melancólico recuerdo, tan dulce como difícil de expresar. Y a las fotografías les acompaña la lectura de un texto de Virginia de la Cruz que viene a ser, una sutil transposición de la imagen a la palabra, "una poesía del instante..." escribe, e invita al lector a sumergirse en la profundidad de unas imágenes que, como un sueño reciente, nos parece haber vivido antes, en otro momento, con otra luz y con otros personajes.

Yo creía recordar esos paisajes, los árboles, los helechos, la tierra mullida y húmeda sobre la que descansan troncos caídos, algunos cortados al pie del camino, en los que aún crece el musgo y aún desprenden, llorosos, resina como lágrimas de ámbar; y aún puedo ver el sendero serpentear suave e introducirse en la fronda del bosque, en la selva de hayas y abetos, y oír lenguaje el agua, siempre el agua, serena, remansada, silenciosa o en violenta en cascada, arremolinándose en un estruendo que apaga y amortigua el canto de las aves y nutre la intensa vida que pasa, casi siempre, inadvertida y secreta en el bosque. El bosque, "la fraga -escribe Wenceslao Fernandez Flórez en su Bosque animado- es un tapiz de vida apretado contra las arrugas de la tierra; en sus cuevas se hunde, en sus cerros se eleva, en sus llanos se iguala".

Y siguiendo el libro, página a página, trepar la cuesta suave, arropada por una pared de piedra que a trechos es sólo tierra que deja al aire las raíces de las hayas. Más adelante se pierden de vista los acompañantes, vivos aún en el recuerdo, en la siguiente página, y entonces el lector, que atento se desliza entre las imágenes, sabe que estuvo allí, en Valsaín, en Sintra, y bordeando la ribera del Urraderra donde sumergió la mirada en las aguas de fondo azulado mientras la bruma se elevaba sobre el hayedo en llovizna mansa, Y también estuvo en la Selva de Irati , también junto al río que salta entre las rocas y hace callar a los excursionistas que posaban en la orilla. Entonces surge un fotógrafo que, como si de un ritual se tratase, monta el trípode, sobre él la cámara y enfoca a ras del suelo, meticuloso, ajeno a la mirada curiosa de los excursionistas, el musgo que tapiza la roca y del que se desprende una gota de agua que resbalaba lenta, muy lenta, para precipitarse a un vacío casi inexistente, apenas se oye el disparo de la cámara, el obturador se abre y se cierra perezoso atrapando el cambio de luz que provoca el rayo que penetra la espesura de las copas de los árboles para caer indeleble en la minúscula gota de agua,

Son esas imágenes, esa poesía la que rescata en su Memorandum Natura, María Antonia García de la Vega. Sus imágenes son nuestros recuerdos, nuestras sensaciones, son un viaje al pasado que el lector hace a través de otros ojos, de otros instantes que se suceden hasta la última página; experiencias que pervivirán aún después de cerrar el libro, cuando el lector cansado intente retener la última imagen, y como la historia del abuelo de José Saramago, quiera abrazar cada árbol de su huerto el día que descubrió que ya no los volvería a ver, porque la vida, como los sueños, se agota. Pero al libro, a nuestro libro, a nuestro Memorandum Natura volveremos sin dejarlo a penas dormitar sobre el escritorio o en un estante para no olvidar nuestros recuerdos y, al volver a abrirlo, acompañarnos de nuevo con otros versos de Walt Whitman que descansan a su lado: Vagando el día entero me pierdo en el bosque, ...



Memorandum Natura, de María Antonia García de la Vega, Autoedición, Madrid 2015.
Las fotografías que ilustran esta entrada las he tomado del libro por lo que espero que el lector sepa disculpar su calidad.

domingo, 6 de diciembre de 2015

El castillo de Aguilar de Campoo


En mi visita a Aguilar de Campoo no estaba previsto subir al castillo toda vez que, como decía el libro guía turístico, y toda hay que decirlo, bastante antiguo: "el castillo ofrece una visión elegíaca. Es hoy una de esas fortalezas que lloran gota a gota, piedra a piedra, su abandono y lenta agonía a través de los siglos". Si su acceso hubiese sido complicado quizá hubiese desistido de hacerlo, pero éste se ha facilitado desde que en 2002 de abriese un camino desde la iglesia de Santa Cecilia (siglo XII) que descansa a sus pies.

Quizá el hecho de ser el monasterio de Santa María la Real la joya indiscutible de Aguilar de Campoo, reste protagonismo a la fortaleza, que a penas se aprecia, aunque se haya adecuado su entorno para facilitar el acceso en un agradable paseo. No tenía mucha información sobre él, por lo que hube de conformarme con la lectura del cartel turístico que comparte con Santa Cecilia:

Edificación de planta trapezoidal, construida probablemente sobre un castro celtíbero, está en la cúspide de un peñasco, a 970 metros de altitud. Estaba protegido por una gran muralla que se comenzó a construir a mediados del siglo XIII y siete puertas de las que se conservan seis. 
En los siglo IX y X existía ya una pequeña fortaleza que coincide con la actual torre del homenaje. Alguno de los restos conservados son del siglo XII, siglo en que fue un importante baluarte aunque la mayor parte de los muros actuales son del XIV y XV.
Al final de la Edad Media el castillo quedó en desuso y, sin modificaciones posteriores, por lo que ha llegado a nosotros con su morfología medieval.
El conjunto fue declarado Monumento-Artístico en 1949.

Sobre las obras, que se llevaban a cabo desde 2002  nos informa  un artículo del Diario Palentino del 09-IX-2003 que reproducía la revista de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, que de paso nos introduce de nuevo en la historia del castillo; estas obras "han descubierto parte de la muralla junto a un cubo, y ahora se aprecia cerca de más de un metro y medio de altura original, otra de las grandes obras que están realizando es sacar en algunas partes el primer suelo de piedra caliza del recinto. Uno de los problemas que están encontrando (es) que en la fortaleza se hicieron muchos añadidos posteriores a la construcción original. Si todo va bien, en dos años todo el mundo podrá disfrutar del castillo. Según el estudio realizado por la arqueóloga encargada de las obras, la primitiva construcción se realizó en el siglo IX y debió ser reconstruido a finales del siglo XI, o más bien durante el siglo XII. De todas formas, el sistema defensivo de Aguilar sufrió una radical transformación a partir del siglo XIII, con profundas reformas en el siglo XIV como consecuencia de las guerras de Pedro I de Castilla, y en el siglo XV con la ascensión de los Manrique al marquesado de Aguilar." 

La fortaleza pertenecería al infante don Tello, hijo bastardo de Alfonso XI y de su favorita Leonor de Guzmán, que había recibido el lugar en señorío de su padre. Recordemos que Tello a la muerte de su padre fue perseguido por su hermanastro, el rey Pedro I en la guerra que mantuvo con su hermano el futuro Enrique II. De éste paso a su hijo don Juan Téllez, privilegio que confirmó Enrique II, hermano de don Tello, lo que le confirió a la propiedad calidad de "bienes enriqueños", es decir que los bienes se transmitían por primogenitura pero sólo por línea de varón, en caso contrario, el bien revertía en la Corona.
En 1385 Juan Téllez muere en el desastre de la batalla de Aljubarrota donde las tropas portuguesas aniquilaron al ejército castellano en la guerra por el trono de Portugal entre Juan I de Castilla y Juan I de Portugal. El señorío pasa entonces a su hija, doña Aldonza de Castilla, que sería la tercera Señora de Aguilar, que por la salvedad de los "bines enriqueños" el rey, ahora Enrique III hubo de otorgar en 1392 un nuevo privilegio. Doña Aldonza, contrajo matrimonio con Garci Fernández Manrique de Lara, y sería el nieto de ambos, y con el mismo nombre Garci Fernández Manrique de Lara, el primer Marqués de Aguilar en 1482 por privilegio de los Reyes Católicos.

Y, continuando con la crónica del Diario, "Con esta familia se relaciona el castillo actual, o por lo menos su última gran reforma. En 1966 y 1967 se realizó una intervención en la que se reconstruyeron partes del recinto. Las últimas excavaciones se llevaron a cabo en 1988 y 1989, respectivamente y se centraron en la torre del homenaje".

Cuando subí coincidí con un hombre de unos 50 años que miraba la ciudad desde el adarve reconstruido. Me habló con nostalgia, señalando donde había nacido, junto a la fábrica de galletas, dónde estaba la escuela y el olor dulzón que envolvía la ciudad aquellos años mientras contemplábamos el solar arrasado que antes ocupara la fábrica. Por último destacar que la visita a Aguilar de Campoo es realmente interesante "a semejanza de Santillana del Mar, es una de esas villas-museo que impresiona al que la visita" dice mi antigua guía de turismo.


Para elaborar esta entrada he consultado los siguientes libros:
Guia Turística de Palencia y su provinciaValentín Bleye. Diputación de Palencia, 1977
Castillos de España, Asociación Española de Amigos de los Castillos, nº131. Octubre 2003.
Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998.
Las noblezas españolas en la Edad Media Siglos XI-XVGerbet, Marie-Claude, Alianza Universidad. Madrid 1997.




martes, 1 de diciembre de 2015

EntreFotos La Feria


Un breve comentario de mi visita a Entrefotos La Feria, un evento tan importante como entrañable, una fiesta en torno al espíritu de la fotografía en las que el autor, el fotógrafo como artista, presenta su trabajo directamente al público y mantiene un espíritu que otras ferias han ido perdiendo: además de su temática, la cercanía y el contacto directo con el público sin intermediarios.

Había obra de una calidad extraordinaria aunque en este caso no voy a hablar de ella, sino de los fotógrafos, Es interesante que sean los propios autores quienes muestren sus proyectos, la pasión que ponen en desarrollarlos, su extraordinaria dedicación, su ejecución y el resultado final: una fotografía, toda una serie o un libro; y ver el cuidado con el que manejan las obras, esos guantes blancos, el esmero de años de trabajo para desarrollar un mundo único y personal: bosques, ríos, paisajes urbanos, retratos,... un mundo inagotable que el visitante atento no puede dejar pasar inadvertido.

E intentando recuperar esos mundos en forma de imágenes, comencé mi recorrido visitando en primer lugar a los artistas que conozco, y el primero a José Luis López Moral, tan entrañable como sus paisajes, la inagotable belleza de esa serie que tanto me cautiva, su Ofelia o la no menos interesante y elaborada Bodegones del hambre. Comentamos la calidad del público y la ausencia casi sistemática y obsesiva de coleccionistas. Las ventas flaquean y los precios no son tan altos como para no llevarse una buena obra, coincidimos los dos. Me sugiere la obra de otro fotógrafo, los retratos de Xavier Gómez. Nos veremos de nuevo esta semana en el Mercado de la Cebada.

Antes una parada no prevista y muy gratificante con Andreas Strobel. Una conversación cercana y amable frente a su obra, la mayoría de pequeño formato, muy atractiva, en ella Andreas no cesa de explicar sus fotografías y la técnica que utiliza, se mueve entre un trabajo elaborado, la imagen en movimiento y la quietud de los objetos: la armonía y el equilibro por un lado; y por otro la experimentación, los juegos de la óptica del prestidigitador capaz de confundir la mente del observador a través de la imagen.

Ya conocía la obra magnífica de Pablo Pro, que había comentado a este blog, pero no lo conocía a él personalmente. Fue toda una satisfacción comentar con él esa obra, cómo la ejecuta, la complejidad de ordenar, si es que se puede llamar así, y coordinar a sus modelos en una coreografía ejecutada bajo el agua, en el mar. La intuición del fotógrafo, la ausencia de un posado en un medio atípico, hacen que tan solo sea esa intuición que posee el artista, capaz de componer las escenas que fotografía. Comenta su actual exposición Integración en Madrid, una visita obligada en el Edificio Villa Rosa de la Plaza Santa Ana.

Una parada prevista, y deseada, para ver la obra de Maria Antonia García de la Vega, que presenta su libro Memorandum Natura, una delicada visión de los bosques, un proyecto elaborado a través de varios años, en el que ha ido captando las entrañas de los bosques, su espíritu, la belleza y la fortaleza de unos paisajes vigorosos a la vez que sumergidos en el más íntimo de los silenciosos; un trabajo de una calidad técnica y una belleza realmente extraordinaria.

Junto a ella, ahora una visita inesperada una charla con la malagueña Lía G. sobre su trabajo Cruising. Este gira en torno a la apropiación del espacio invadido. Me explica el proyecto y, mientras charlamos, me es imposible no dejar de mirar las fotografías de otro de sus trabajos, El instante . Por último comenta de forma apasionada otra obra suya, La belleza inquietante. Hay en su trabajo una frescura que me gusta y me atrae, un toque diferente y audaz en sus imágenes y en su propuesta.

La visita más esperada, porque ya había escrito dos post en el blog sobre su obra, fue la de Pilar Pequeño. Comentamos aquellos Paisajes cercanos de la ribera del Jarama que ya comenté aquí, y que presidían su mesa, y su fantástico trabajo con flores sumergidas en el agua de una delicadeza absoluta. De una vitalidad increíble, tan dinámica como cercana y entrañable. Hablando con ella recordé una entrevista que le hicieran al Premio Nacional de Fotografía, Juan Manuel Castro Prieto, en la que afirmaba que para ser un buen fotógrafo hay que tener sensibilidad, talento, ser observador, disciplina, pasión y, sobre todo, un proyecto y energía, cualidades, todas ellas que se reflejaron en ella el tiempo que estuvimos charlando. Su obra, magnífica.

Y para finalizar, lamentar  no traer aquí a otros autores, es la hipoteca que se ha de pagar al acudir a estos eventos, en los que no se citan a todos y merecen de sobra ser citados. En fin, concluyo con una foto robada al Premio Nacional de Fotografía, a Juan Manuel Castro Prieto, mientras firmaba uno de sus libros de autor. Un verdadero regalo.


Entrefotos La Feria, en La Casa del Reloj, en Paseo de la Chopera, 10 de Madrid, (junto a Matadero) entre los días 26 y 29 de noviembre de 2015.

martes, 24 de noviembre de 2015

Virginia Romero Toledano: abstracciones


La abstracción, como comenta el profesor Julián Gallego comentando una obra de Eusebio Sempere y citando a George Braque, no puedeexistir sin partir de algo concreto; esto es, que cualquier obra no figurativa toma sus raíces en un recuerdo, en la memoria visual, algo necesariamente figurativo, lo que propicia la experiencia óptica en el espectador para formar nuevas formas y objetos naturales. Nosotros como espectadores, en este caso, no vamos a ser parte integrante de la obra, sino que vamos a interpretar de forma diferente el objeto que la artista Virginia Romero Toledano nos proporciona en su obra.

Para este viaje a través de la obra pictórica es necesario, sobre todo, intentar encajar nuestra percepción a elementos tan líricos como una melodía, a una imagen que se ha quedado prendida en nuestra retina sin apenas percibirla, o, como propone el propio profesor Gallego, a un poema. En el caso de Virginia Romero, los títulos de sus obras nos facilitan ese viaje, como si fuese un consejo o una pista sobre la que trabajar y comenzar nuestro propio tránsito a través de un poema y de un color, y no voy a buscar el azul, el color que predomina en el conjunto de las obras, sino en el blanco, en la nieve y en unos versos de Boris Pasternak.

En la nieve
Cae la nieve; y todo se arrebata, / como a punto de alzarse: / los peldaños oscuros, la baranda, / la esquina de la calle... y de aquí al lienzo y de nuevo a la introspección, a la devoción del propio Pasternak: Cae la nieve, cae; / como si en vez de copos descendiera, / en sayo de retales, / la bóveda celeste hacia la tierra.


Buscando
Y del blanco al verde, al amarillo, al azul y al bermellón como sinfonía de primavera improvisada al ritmo que marca el poeta: Entrelaza esta lluvia como un oleaje de gélidos codos / y de palmas de tul como un lirio sutil, imperioso de puro temblor,  / ¡marca el ritmo, alborozo!, adelante, y atrápalos; porque en la trápala, en este alboroto, / van las voces del bosque ahogadas en eco de las cacerías allá  en Calidón, ...

Quizá no haya mayor satisfacción para el espectador que contemplar la obra al son que marca su propio capricho, su inspiración como complemento a la obra que intenta descifrar, capaz de interpretar sin ataduras ni conceptos vanos, sino con la misma intuición que guió al pintor, al músico o al poeta a la hora de componer: Entra en el piso y se pone a tocar,  /  y no piezas ajenas; él compone... / sus propios pensamientos: un coral, / un oratorio, un susurro del bosque.

Virginia Romero Toledano en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 5 de diciembre de 2015.
Los textos son del libro de poemas Días únicos, de Boris Pasternak, Colección Visor de Poesía.