martes, 27 de enero de 2015

Julio Falagán: Alles Meins


Me podía haber tomado el proyecto Alles Meins de Julio Falagán como un divertimento, aunque su concepto tiene más de crítica ácida que de pura diversión; Todo es mío, que sería la traducción del alemán, viene a ser la esencia del amargo espíritu devorador de esa Europa implacable que se esconde detrás del Banco Central Europeo, que ejerce sobre los países peor tratados por la crisis, el arco sur mediterráneo: Portugal, IrlandaGrecia y España, el peyorativo y sangrante PIGS con el que nos bautizó un inglés, y al que se puede añadir Italia, y quizá hasta Francia, con lo que el acrónimo perdería su "gracia".

El arte, de una u otra forma, es reflejo del estado de la sociedad en el que se desarrolla, y no puede ser ajeno a los vaivenes políticos y sociales que la economía provoca. Julio Falagán ha ido reuniendo cuadros de los mercadillos de segunda mano en cada uno de esos países, quizá sea otra metáfora más del estado en que han quedado estas economías. Cinco paisajes que se ha unido en un horizonte desigual; y sobre este horizonte, como un cielo común, ha escrito: Alles Meins, todo es mío, una obsesión que les ha borrado parte del cielo sobre el que soñar, y, en frente ha colocado una bandera azul de la Unión Europea, con sólo cinco estrellas en la parte baja que simboliza el sur, aunque "a Irlanda la coloque demasiado abajo".

Una serie de recortables continúan el proyecto, en los que el cielo se trastoca, el suelo se eleva y desaparece de su lugar original para terminar con una serie de trozos de lienzos de cielos cosidos burdamente. ¿Una alegoría de la construcción de un nuevo firmamento, a un nuevo horizonte posible y necesario? Son cielos pintados en telas ajadas por el tiempo, de distintos azules, unidos con puntada dispar y tosca pero firme, cielos de cuadros rescatados del derrumbe con restos de los marco que una vez tuvieron y algún pájaro volando.

La metáfora cruda de un juego al que Falagán nos invita más que a jugar a reflexionar sobre la idea del bienestar, la unión forzosa y los dueños de nuestro horizonte.



Alles Meins, de Julio Falagán, en galería 6mas1, en calle Piamonte, 21 de Madrid, hasta el 31 de marzo de 2015.





viernes, 23 de enero de 2015

Aleix Plademunt: Allmost There


"Cuando la visión del conjunto del mundo se amplia, no sólo disminuye el dolor que causa, sino también el sentido. Entender el mundo equivale a colocarse a la cierta distancia de él. Lo que es demasiado pequeño para verlo a simple vista, como las moléculas, lo ampliamos; lo que es demasiado grande, como el sistema de las nubes, los deltas de los ríos, las constelaciones, lo reducimos. Cuando lo tenemos al alcance de nuestros sentidos, lo fijamos. A lo fijado lo llamamos conocimiento".


Así comienza la tarjeta de presentación de Allmost there de Aleix Plademunt , una muestra tan personal e introvertida como excitante, en La New Gallery. La primera de este año ha sido una inauguración muy atractiva. He podido hablar con el público y he oído hablar a mis vecinos sobre las obras, uno de los ejercicios más reconfortantes que tenemos los espectadores, y aunque quise conocer muy pronto, llevándome al propio Aleix a un lado, cuál era el nexo entre las obras para conocer un poco mejor la exposición y su propuesta, algo lícito por mi parte aunque me restaba la intensidad y la complicidad que debía tener como espectador, sólo conseguí como respuesta: "Búscala y luego hablamos".

Después de un primer recorrido, la primera impresión es confusa, demasiados formatos y temáticas, pensé; las fotografías unas muy grandes, otras pequeñas y los temas, que ahora convenía ordenar mentalmente, muy variados; hielo y nieve, personajes sin rostro, piedras, huesos y restos arqueológicos, un bifaz, una calavera, una galaxia, un avión atascado en la nieve, el rellano de una escalera... Si fuese posible me hubiese gustado quedarme en el centro de la sala, cerrar los ojos y repetir de memoria, como si un juego infantil se tratara, las imágenes que podía recordar. Éstas son las impresiones que apunté en mi cuaderno de notas:

Cuando la distancia no es nada. Cerca. Lejos en el tiempo, en el espacio, en el deseo, en la escapada. ¿Qué hay detrás de la pared adornada con la cabeza de un ciervo? Esta todo tan cerca y tan lejano, el cráneo del antepasado antes que hombre, la herramienta, el útil de piedra, los huesos descarnados afilados como navajas. Andrómeda. El microscopio sobre la célula invisible, el meteorito, una roca y el avión que no puede despegar. Y al pasar por la autopista, expedito el camino hacia el norte, sobre el monte lejano, ¿recuerdas?, una fortaleza anclada en el horizonte como una nube inmóvil, es lo que estuvimos hablando, ¿Tú quién eres? parece preguntar a la mujer que se tapa el rostro con la mano, y a su lado una calle vacía... Hay, además, sobre el fondo blanco de nieve que se pierde en el horizonte, un caballo, tan cerca y tan lejos, sobre la nieve blanca, que perezosa como la nube e inmóvil como la fortaleza, ha caído durante la noche, durante todo el tiempo, en toda la distancia.

No cabe duda que el artista ha sido capaz de mantener la entente entre la obra y el espectador sin la necesidad de un discurso complejo. Esta es toda una ventaja que Aleix Plademunt nos facilita a los espectadores para participar en ese juego que cada artista propone a su público, buscar y descifrar en sus obras las sensaciones que hay escondidas en ellas. Un juego de palabras detrás de cada imagen que encierra la dicotomía espacio-tiempo y la relativa percepción de las cosas: "Durante toda nuestra infancia y juventud nos esforzamos por establecer la distancia correcta de las cosas y fenómenos. Leemos, aprendemos, experimentamos, corregimos. Y un día llegamos a un mundo en el que se han fijado todas las distancias necesarias, y establecido todos los sistemas. Es entonces cuando el tiempo empieza a correr más deprisa". Karl Ove Knausgaärd (La muerte del padre) concluye la tarjeta de presentación.


Allmost there, de Aleix Plademunt, en La New Gallery, en la calle Carranza, 6 de Madrid, hasta el 21 de febrero de 2015



lunes, 19 de enero de 2015

Wenceslao Robles: Brutal


De nuevo la sala espacioBRUT nos trae una excelente muestra, esta vez una interesantísima exposición de pintura y grabados del artista sevillano Wenceslao Robles titulada Brutal, en la que las obras muestran "su visión de la arquitectura brutalista, sobre edificios de Le Corbusier, Nick Rochowski, Owen Lude,..." La primera pregunta que nos asalta ya en la misma entrada es ¿qué es la arquitectura brutalista en la que se basa la propuesta del artista? La respuesta en principio es sencilla, y es la que vamos a ir descubriendo mediante el trabajo de Robles. Éste nos propone a través de "una forma de poesía que choca frontalmente con la lógica de pensar si una mole de hormigón es bella o si lo fue alguna vez". "Torres blancas, por ejemplo; o Periodismo, la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense " -me apuntan-.

El primer paso ha sido visitar Torres blancas, de Sáenz de Oíza, en la avenida de América de Madrid, un edificio formidable aunque algo aislado del centro, e intentar comprender esa apropiación o invasión del espacio urbano de una gran mole de hormigón. El ejercicio consiste en extraerla del paisaje, eliminar el entorno, aislar y contemplar esa mole como nos propone la galería: uno de "nuestros grandes frankensteins, olvidados en muchos casos, pero con su propia retórica y su poesía". Un ejercicio, sin duda, exigente, excitante y arriesgado para una fría mañana de invierno en Madrid.

Los que sólo tenemos una breve noción sobre arquitectura, donde nuestros conocimientos no van más allá de Brunelleschi, los libros de Vitrubio o, de pasada los nombres aprendidos de Mies van der Rohe y el mismo Le Corbusier; y aprendimos algo de perspectiva buscando los puntos de fuga frente a El Lavatorio de Tintoretto en El Prado, a nosotros, como al espectador en general, espacioBrut parece plantearnos el reto de introducirnos en un mundo real de la arquitectura postmoderna y, lo más atractivo de todo, hacerlo de la mano de una disciplina que va quedándose en cierta manera arrinconada, como es el grabado.

Este es viaje por el que nos conduce, al menos en esencia, Wenceslao Robles en la serie de grabados y pintura que presenta en Brutal  a modo de planos o proyectos de obra recién salidos del estudio del arquitecto aún en pleno proceso de elaboración; unos dibujos y trazos en los que, aunque se ignore su terminología, distinguimos perspectivas, intersecciones y volúmenes trasladados al arte contemporáneo desde el dibujo técnico. De ahí la propuesta subliminal de rescatar los volúmenes de los que estos edificios se han ido apoderando y modificando en el paisaje urbano, intentar rescatar o descubrir la "belleza de lo cotidiano" a la que se alude la nota de prensa de la exposición: "Aparte de obviedades historicistas, críticas o no, lo que importa es la belleza de lo humano, sea o no del agrado del paseante o críticos".

La dificultad estriba en encontrar la belleza en esas "moles de hormigón" carentes de signos externos y ornamentación. Wenceslao Robles nos explica el brutalismo arquitectónico: "surge como respuesta a las necesidades utópicas y sociales tras la segunda guerra mundial, el postmodernismo. Formas enormes, angulares y racionales, materiales en estado puro como el hierro y el hormigón así como ausencia total de ornamentación son esenciales en su aspecto". Según estas tesis, la artesanía que embellece la obra, el ornamento y hasta la obra de arte moderna, es mano de obra desperdiciada, salud, material y, en definitiva, capital desperdiciado del que se puede y debe prescindir. Y añade: "La contemplación exterior de estos edificios, dándoles un enfoque externo, omitiendo su utilidad interna, hace que puedan admirarse como gigantescos altares megalíticos, proporcionando una imagen mágica y terrorífica generando un desconfiado interés. Conectando con lo más antiguo y telúrico de nuestro ser, como si de modernos dólmenes y menhires se tratase".

El resto es la visión que el espectador puede tener de las obras que presenta, tanto en la sala de exposición, aquí Robles hace el papel de Tintoretto, como la particular visión que podemos tener ante la presencia física del edifico. Todo un reto el que nos proponen la galería y el artista y al que vale la pena acudir.


Brutal, de Wenceslao Robles, en espacioBRUT Gallery, en calle Pelayo, 68 de Madrid, hasta el 11 de febrero de 2015.


martes, 13 de enero de 2015

Soledad Del Pino: Sol y sombra



La primera exposición del año me ha sorprendido. Las obras en su mayoría son cerámicas a las que acompañan un par de lienzos, y he de reconocer que ha sido estimulante romper en cierto modo la rutina del binomio pintura-fotografía. Muy temprano, el mismo día 2, ha inaugurado Soledad Del Pino su exposición "Sol y Sombra", aunque a mi se me ocurrieron varias palabras para bautizar esta muestra, que como una explosión de color parece salpicar toda la sala,: luz, alegría, Mediterráneo...

Buscando en los manuales de arte suele aparecer la cerámica como expresión artística desde los albores de la humanidad: las cerámicas cardiales, las cerámicas rojas y negras griegas o las fantásticas porcelanas chinas. El resto parece difuminarse dentro de la genérica, y en ocasiones peyorativa expresión de artesanía, y que tan sólo la capacidad creativa de un genio como Picasso parece haberlas elevado de nuevo a la categoría de arte, como advierte la propia Soledad del Pino en el programa.

Las piezas que reúne la exposición no dejan de recordar a Picasso y sería una osadía no reconocerlo, aunque a la original interpretación de la artista también encuentro rasgos de Matisse en "los arabescos, la pincelada y los planos que en Picasso son más cerrados", apunta mi acompañante; rasgos que se trasladan a las tres pinturas que completan la muestra, tres lienzos de expresividad fouvista que traen a la mente al más puro Derain: pincelada larga, enérgica y apasionada, y un bellísimo e intenso color que invita al relax, al sosiego y la placidez del espíritu del espectador como si estuviese frente al mar.

Me comenta Antonio que estos días han pasado frente a la galería varios grupos de niños que, atraídos por el color de la muestra, se han pegado literalmente a los cristales del escaparate como si fuese éste el de una juguetería. La anécdota le recordaba el poder de atracción que los colores intensos tienen a los ojos infantiles, como las cerámicas que se exponían frente a sus miradas de jóvenes espectadores, las formas sencillas, cotidianas y cercanas.

"Conchas, peces, sirenas..." sueños, barcos, botellas, marineros, búcaros, un caracol, un sobrero y la bañista al sol... Cabe detenerse frente a cada una de las piezas y saborearlas, como se saborea un dulce, en toda su intensidad y en su esencia, con la candidez que lo haría ese niño pegado al cristal del escaparate. La invitación es atractiva y la tentación fuerte, lo triste sería no traspasar la puerta de la galería para sumergirse en ese ambiente de luz y color, de Sol y Sombra que algún padre adusto y remilgado parece ignorar, porque el arte hay que enseñarlo y hay que vivirlo.

Ésta es sin duda una muestra espléndida, que el espectador agradecerá por la forma e insisto, por el color, por la frescura con la que la artista sabe trasladar al espectador, a través de objetos cotidianos, la sublime delicadeza de una técnica a la que en contadas ocasiones podemos acceder: la cerámica.


Sol y sombra, de Soledad Del Pino, en Galería Orfila, en la calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 24 de enero de 2015.




jueves, 8 de enero de 2015

Carlos Pascual: Presencia cierta


La construcción. El constructivismo, la expresión verdadera de la vida moderna, surge a principios del siglo pasado y aún perdura en la idea del arte contemporáneo. Una de las ideas, para pintar se ha de tener alguna idea, -reflexión sobre la que trabaja el artista, Carlos Pascual, a través de un texto del crítico e historiador de arte Ángel González que aseguraba que las ideas estropeaban la pintura "y luego añadía que la pintura debe ocuparse de nuestras sensaciones físicas, corporales..."-, un reto, si es que se puede llamar así, del que Carlos Pascual sale airoso; asegura:
"Francamente no sé si se puede pintar sin ideas, pero comparto totalmente la opinión de que la pintura se dirige a nuestras sensaciones físicas. En este sentido nada más físico que el sentido de la vista y su herramienta indispensable la mirada. En cuanto a las ideas debo decir, en lo que se refiere a mi trabajo que manejo algunas, no muchas ni nuevas, pero sí persistentes".

El constructivismo, el último de los movimientos modernos rusos, también tuvo su expresión en cine, teatro y arquitectura, hasta que en los primeros años de la década de 1930 se suprime en la Rusia de los soviets toda forma artística moderna, y la mayoría de las primeras obras se pierden, sólo quedan testimonios a través de fotografías en blanco y negro. Pero sigo con la obra de Carlos Pascual que en la presentación de su exposición Presencia cierta  añade: "La abstracción, el color ligado a la forma, la monocromía, el equilibrio compositivo, la autonomía plástica de la obra, la acentuación del carácter físico del soporte..." todo ello, confiesa le produce una sensación de ir a contracorriente, "Es habitual que la obra de arte contemporánea, "invite a reflexionar" al espectador sobre diversos asuntos que se suponen de interés. Mi propósito no ha sido nunca provocar reflexión alguna, que en caso de producirse será siempre una consecuencia, no una finalidad, sino despertar alguna forma de evocación a través de la mirada en la que nos sintamos reconocidos y si es posible reconfortados".

El constructivismo tuvo en sus orígenes un fuerte propósito social, es el producto de la vida social y el artista en consecuencia debe subordinar su individualidad al bien común, se postulaba; aunque, muy pronto tuvo una contracorriente que aseguraba que el arte es sobre todo una propuesta personal más que pública y que su resultado es independiente de consideraciones políticas y sociales. Sobre esta exposición, señala Carlos Pascual, "entiendo el trabajo como un hacer y deshacer entre azaroso y necesario. El encuentro a veces fortuito a veces buscado del material disperso que se encuentra en el taller va guiando el proceso hacia una imagen que pueda ser definitiva. Las obras, ya sean de carácter pictórico o tridimensional surgen así, ajenas a cualquier contenido narrativo o simbólico para ofrecerse a la mirada como lo que son, objetos hechos para ser vistos que se manifiestan en su pura y simple presencia".

Quizá esté equivocado; acudir al manual de arte y acompañar la visita con la guía, franca y sincera eso sí, del propio artista, creo que en ocasiones es necesario y en otras imprescindible, aunque siempre queda la libertad que el artista generosamente nos otorga: "El resto queda en manos del amable espectador".

Presencia cierta, de Carlos Pascual, en Galería Astarté, calle Monte Esquinza, 8 de Madrid hasta el 24 de enero de 2015


lunes, 5 de enero de 2015

Laura Ramis: Hula Ground


Una instalación, la intervención en un lugar, debe ser la necesidad que tiene el artista, o la persona con especial sensibilidad, para idear, manipular y confeccionar el entorno que ella cree más adecuado, más bello o simplemente más interesante para rodearse de aquello que ama, que le estimula y que, en definitiva le hace feliz.

En principio parece un juego de niños, y en el fondo lo es. Recordé que una vez le pregunté al pediatra de mi hijo por qué el niño esparcía todos los juguetes a su alrededor, aunque no jugase con ellos. La respuesta fue sencilla: es la conquista del territorio; el niño marca su territorio, su espacio vital esparciendo sus posesiones, indefectiblemente irá, uno a uno, jugando con todos sus juguetes, con unos más que con otros, pero siempre los tendrá a la vista y a su alcance. No sé si éste es el juego al que nos invita Laura Ramis pero bien podría ser el paradigma.

Hula Ground es un juego de palabras que nos transporta al fondo de la propia obra, ésta "consiste en una instalación construida a base de etiquetas adhesivas y objetos de plástico de uso recreativo infantil o doméstico: aros, pelotas y tapones. Los elementos han sido combinados para crear un entramado de líneas que recrea sinuosas formas abstractas a partir del punto, la línea y el color como elementos básicos del lenguaje visual". Así describe la autora su trabajo que identifica con "el atractivo aspecto de los playgrounds infantiles (que) estimula el deseo de interactuar visual y físicamente con el espacio, asociamos la apariencia de ciertas formas y materiales de juego a la experiencia lúdica con los recursos materiales propios de la psicomotricidad de los niños".

Y nada más entrar en la sala la instalación se presenta como una explosión de color, donde los elementos están ordenadamente dispersos, marcando el territorio; y nada más estimulante para el observador que trasladarse de un punto a otro de la sala con el cuidado de no alterar ninguna de las piezas y verlas desde cualquier ángulo, incluso tumbado, desde las perspectiva del adulto a la de la artista -niña- que las ha esparcido y creado. Sobre la pared otra obra, una composición en la que los elementos del suelo se trasladan a un mundo festivo de confeti y a las líneas sinuosas de diferentes materiales perfectamente colocadas sobre el papel: "Podríamos considerar a "Hula Ground" como un  poema objetual de una deslumbrante intensidad".


Hula Ground es una expresión der la propia autora compuesta de hula del juego hula-hoop, de la que provienen algunas de las piezas utilizadas en la intervención, y ground, suelo. La exposición está realizada en colaboración con la galería Adora Calvo de Salamanca, y se puede ver hasta el 17 de enero de 2015 en la Galería Rafael Pérez Hernando, en la calle Orellana, 18 de Madrid.





jueves, 1 de enero de 2015

Ofelia García: EntreVías


La nota de prensa, escrita por la propia Ofelia García, es sencilla y escueta, del trabajo que presenta en la Galería Rafael Pérez-Hernando y que ella misma califica como "estructuras sencillas". Escribe, para orientarnos en su trabajo: "La lógica interna de mi obra me ha dirigido hacia una mayor abstracción en un proceso de introspección, simplificación y síntesis". El resultado, la síntesis a la que alude, es un largo proceso basado en "la necesidad de tratar aquellas cuestiones que me vienen interesando con cierta insistencia, como son el viaje y su conexión con el tiempo". El espacio y el tiempo.

El propio Rafel Pérez Hernando me enseñó ese camino, el trayecto que ha trazado la artista para llegar a esta síntesis; y siempre se es afortunado cuando alguien tan especial como Rafael comparte sus impresiones sobre una obra, porque sabe descubrir en ella la sensibilidad del artista y el detalle que al resto seguramente se nos escapa. De su mano recorro, en un viaje intenso a través del tiempo, la obra de Ofelia García.

Todo el proyecto, como una metonimia, lo titula "Entrevías". Se inicia años atrás con unas fotografías de viajes familiares: un apartamento, la habitación de un hotel, el vestíbulo de una estación o la sala de embarque de un aeropuerto. La artista va interviniendo sobre las fotografías que dormían en una caja de cartón; colorea ciertas partes, elimina elementos y hace añadidos en ellas de lo que cree debía estar o debía olvidarse. Al mirar estas primeras imágenes y la intervención sobre ellas, me recuerda vagamente a una transición de Mondrian a Hamilton en la que muchas de las formas y algunos elementos permanecen aplicando la artista, según me explica Rafael, "una fina y delicada pincelada que va resaltando partes y ocultando otras", con colores primarios, vivos, atractivos e intensos.

En la evolución persistente va eliminando cada vez más elementos, como la memoria, que se despoja de imágenes superfluas y condensa el recuerdo en un solo personaje, Ofelia García sintetiza los personajes en las líneas puras y rectas, sin elementos que las perturben, personajes de los que sólo quedan trazos difuminados de sombras grises. Aquel trazo fino y sutil que aún guardaba y dejaba percibir la pincelada, casi desaparece. La abstracción es prácticamente absoluta, alcanzando la línea un trazo limpio en el que cada sección parece independiente y ajeno al contiguo.

"En ese discurrir introspectivo la realidad se me ofrece como el reflejo de un microcosmos que se sustenta, por un lado, en una estructura geométrica ortogonal y por otro, en la escala luz-penumbra-oscuridad representada tanto en blanco y negro como en color."

De nuevo el viaje en el tiempo, el retorno al pasado, a las habitaciones de hotel y los vestíbulos de viajeros ausentes. Al igual que el tiempo vulnerable atrapa imágenes y las transporta al presente de forma arbitraria, como un fogonazo, sin sonido, sin música, sin voces, tan sólo imágenes, la artista va madurando en la abstracción, la rescata y de nuevo, con otros medios, con otra técnica, más radical, más evolucionada y más precisa, el viaje a la línea precisa, a los claroscuros, el ensimismamiento de los elementos depurados, a la búsqueda nuevamente del recuerdo del familiar lejano y la soledad del viajero. El pincel ha desaparecido, el difuminado sutil de las líneas se han tornado en brillantes pautas frías y cortantes como el acero, como la cuchilla de tajo perfecto de una guillotina en el espacio, al que añade y quita color según el tiempo, según se intensifica o se diluye en la memoria.



EntreVías, de Ofelia García, en Galería Rafael Pérez Hernando, en calle Orellana, 18, hasta el 17 de Enero de 2014.