jueves, 23 de julio de 2015

El doctor Zhivago


El viernes 10 de julio, camino de Ávila, nuestra pequeña Siberia, oí saliendo de Madrid con casi 40 grados, que había muerto Omar Sharif. No soy mitómano, ni de recomendar libros ni películas pero con Sharif tengo una deuda impagable, con él y con todo el mundo que rodea al Doctor Zhivago empezando, cómo no, con Borís Pasternak.

Recuerdo que cuando leí la novela de Pasternak tuve la impresión, una teoría muy personal, de que era una obra que iba a quedar dentro de mi para siempre. La teoría consiste en que al principio de la novela hay tal cantidad de nombres ajenos a nuestro idioma, nombres rusos, que me era imposible memorizarlos para reubicar a los personajes en las siguientes escenas. El ejercicio de memorizar los nombre fija la trama, los escenarios y la personalidad de cada uno de ellos que hace que, si la novela es buena, en este caso es inconmensurable, permanecen en la memoria como un hecho realmente vivido. En toda la lectura nunca puse cara a los protagonistas, de eso se encargaría después la película ni Zhivago, como Striélnikov y Lara, no tenía rostro, pero daba igual, la trama humana y el devenir de las historias de la novela dejaban a un lado lo puramente físico para introducir al lector en episodios de un belleza literaria indescriptible. Realmente la novela tiene pasajes sublimes.

Y así me dejé llevar por los personajes, sus circunstancias y sus vidas. Cuando terminé de leerla creí que si bien el protagonista es Zhivago, quien realmente mueve el argumento, la presencia casi perenne de la novela, es Lara; el amor de Zhivago por ella; es el temor del temible Striélnikov que se siente superado por ella, es en definitiva el nexo del argumento. Lara, siempre Lara, la mujer que acompaña a un hombre que es arrastrado por las circunstancias de la historia. En ocasiones creía ver en el personaje del doctor un ser pusilánime que vive entre dos bandos; entre el ejército rojo y el ejército blanco, que lucha como médico en un mundo de muerte, entre guerras y sufrimiento y busca su espacio vital entre dos mujeres y la vida burguesa que representa el amor de Lara y la poesía,

Nunca más volvía a releer la novela. Una edición más moderna descansa en un estante de mi librería, y como hago en ocasiones con La Regenta, las obras de Machado o el Libro del Buen Amor. que suelo releer, la dejo ahí, como olvidada, quizá sea por la película que, como ocurre con las películas basadas en novelas, es casi imposible que produzcan las sensaciones que la misma novela produce, pero sirvió, como decía antes, para poner rostro a los protagonistas, dejando a un lado a quien realmente es el protagonista de la película: David Lean, el director.

Es también mi propia teoría, las películas son obra de los directores. Los actores suelen ser algo secundario, una pieza más que el director mueve y coloca a su antojo, por lo que la elección de Omar Sharif para encarnar a Zhivago siempre me ha perecido más que acertada, un hombre que se deja arrastrar por las circunstancias; así como el papel del oscuro personaje de Striélnikov interpretado por Tom Courtenay y el de Julie Christie en el papel de Lara. Y es de nuevo Lara quien me cautiva en la película, Julie Christie bellísima sacude los cimientos de la revolución y la humanidad de los protagonistas; supera en su papel la belleza de los paisajes, las tomas profundas e infinitas de Lean, los silencios que se impone desde el inicio, hasta la no menos hermosa melodía que compuso Maurice Jarret, el Tema de Lara, el sonido de larguísimos trenes, troikas, balalaicas y los aterradores cañonazos que asolaban el horizonte. Nunca he sabido qué fue de Christie, ni de Courtenay, para mí se quedaron en esta película, casi al igual que Zhivago, Omar Sharif, siempre se quedó en mi memoria como los protagonistas de la novela y después del libro.

Aún tengo la película en mi disco duro junto al televisor y de vez en cuando veo trozos de 10 o 15 minutos, como hago con los libros favoritos y que no hago con ninguna otra película, y quizá esto sea pecado, no lo sé, pero es lo que hago. La película se rodó prácticamente en España, gran parte en Madrid, y en ocasiones me invitaba a jugar a intentar reconocer entre todos los personajes con los que uno se cruza por la Gran Vía madrileña, como me pasara una vez con Sara Montiel, ver paseando de la mano a Lara y a Zhivago, ahora algo imposible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario