martes, 24 de noviembre de 2015

Virginia Romero Toledano: abstracciones


La abstracción, como comenta el profesor Julián Gallego comentando una obra de Eusebio Sempere y citando a George Braque, no puedeexistir sin partir de algo concreto; esto es, que cualquier obra no figurativa toma sus raíces en un recuerdo, en la memoria visual, algo necesariamente figurativo, lo que propicia la experiencia óptica en el espectador para formar nuevas formas y objetos naturales. Nosotros como espectadores, en este caso, no vamos a ser parte integrante de la obra, sino que vamos a interpretar de forma diferente el objeto que la artista Virginia Romero Toledano nos proporciona en su obra.

Para este viaje a través de la obra pictórica es necesario, sobre todo, intentar encajar nuestra percepción a elementos tan líricos como una melodía, a una imagen que se ha quedado prendida en nuestra retina sin apenas percibirla, o, como propone el propio profesor Gallego, a un poema. En el caso de Virginia Romero, los títulos de sus obras nos facilitan ese viaje, como si fuese un consejo o una pista sobre la que trabajar y comenzar nuestro propio tránsito a través de un poema y de un color, y no voy a buscar el azul, el color que predomina en el conjunto de las obras, sino en el blanco, en la nieve y en unos versos de Boris Pasternak.

En la nieve
Cae la nieve; y todo se arrebata, / como a punto de alzarse: / los peldaños oscuros, la baranda, / la esquina de la calle... y de aquí al lienzo y de nuevo a la introspección, a la devoción del propio Pasternak: Cae la nieve, cae; / como si en vez de copos descendiera, / en sayo de retales, / la bóveda celeste hacia la tierra.


Buscando
Y del blanco al verde, al amarillo, al azul y al bermellón como sinfonía de primavera improvisada al ritmo que marca el poeta: Entrelaza esta lluvia como un oleaje de gélidos codos / y de palmas de tul como un lirio sutil, imperioso de puro temblor,  / ¡marca el ritmo, alborozo!, adelante, y atrápalos; porque en la trápala, en este alboroto, / van las voces del bosque ahogadas en eco de las cacerías allá  en Calidón, ...

Quizá no haya mayor satisfacción para el espectador que contemplar la obra al son que marca su propio capricho, su inspiración como complemento a la obra que intenta descifrar, capaz de interpretar sin ataduras ni conceptos vanos, sino con la misma intuición que guió al pintor, al músico o al poeta a la hora de componer: Entra en el piso y se pone a tocar,  /  y no piezas ajenas; él compone... / sus propios pensamientos: un coral, / un oratorio, un susurro del bosque.

Virginia Romero Toledano en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 5 de diciembre de 2015.
Los textos son del libro de poemas Días únicos, de Boris Pasternak, Colección Visor de Poesía.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Eva Navarro y Marta Sánchez Luengo: Universos personales

Eva Navarro
Las exposiciones colectivas tienen, en mi opinión, un problema para el espectador, se hace imposible en muchas ocasiones discernir los conceptos de un artista con la obra de su vecino, por lo que hace un tiempo decidí no comentar exposiciones colectivas. No obstante hace unos días estuve en la exposición Universos personales en la Galería BAT Alberto Cornejo y decidí comentar brevemente la muestra, no sólo la calidad de las obras, sino por el trabajo que la propia galería ha hecho para vincular tantos las obras como a los artistas, logrando un gran equilibrio entre las distintas disciplinas que conforman la muestra: pintura, escultura y fotografía.

Marta Sánchez Luengo
El problema que encuentro, eso sí que no sé cómo evitarlo, es dejar fuera de esta entrada a alguno de los cinco autores. Es difícil, y voy a intentar centrarme en dos de ellos: la obra de Eva Navarro, pintura; y la de Marta Sánchez Luengo, escultura. Entre medias y con un nexo claro en la transición entre una disciplina y otra, voy a dejar a un lado la delicadeza de la obra de Eva Poyato muy cercana a la ilustración; la de Xurxo Gómez-Chao, instalaciones en estudio y fotografía que nos trasladan a la obra de Jorge Flores, fotografía en la que el en entorno del personaje parece desvanecerse alrededor del protagonista, y a través de este último se podrá volver a entroncar las obras sin problema visual ni discurso argumental, con la obra de Eva Navarro. Un círculo perfecto en su conjunto en el que cada artista sirve de antesala del siguiente y es la continuación de su antecesor, sin fisuras.


Eva Navarro
La obra de Eva Navarro parece recrear un submundo íntimo de los personajes que representa, rescatándolos de una actividad cotidiana, la lectura, el paseo o el tránsito de una calle para trasladarlos, de un entorno general a la profunda intimidad del acto que representan, desde una perspectiva cenital, como si una poderosa atracción los elevase y los transportara a la dimensión más apropiada que a cada cual le corresponde en ese momento: la lectura en una atmósfera plagada de color; el paseo por sobre un suelo inexistente donde los personajes caminar en silencio y que parecen desfilar como autómatas a un lugar concreto y determinado que se deja al albur del espectador. Son espacios, lugares y escenas que trasladan al espectador a la dimensión de la escultura de Marta Sánchez Luengo.

Marta Sánchez Luengo
La escultura de Sánchez Luengo es tan intima como la pintura que la precede en estos Universos personales en un entorno en el que se complementan mutuamente . Sus personajes, de pequeño tamaño en torno a los 33 centímetros, son de una realidad exquisita. Cada pieza,como  individualidad, representa su espacio propio, y en conjunto, el común de los espacios que configuran nuestra sociedad moderna marcada por la personalidad de los miembros que la componen: competitividad, individualismo, introversión y hermetismo; y a la vez formando un conjunto de sentimientos y estado a través de cada individuo: la contemplación, la espera, la melancolía, el amor o el desasosiego. En la obra de Sánchez Luengo, elaborada con diversos materiales, bronce, hierro o resinas, cada pieza vive por sí sola a la vez que logra crear un conjunto unitario.

Marta Sánchez Luengo
Es, en definitiva, un excelente diálogo entre artistas, que junto con Eva Poyato, Xurxo Gómez-Chao y Jorge Flores. crean unos Universos personales y a la vez un conjunto social de una frlicada belleza conservando la armonía y el equilibrio entre las obras. Una visita muy recomendable.

Universos personales, colectiva en Galería BAT Alberto Cornejo, en María de Guzmán, 61 de Madrid, hasta el 5 de diciembre de 2015

Eva Navarro
Eva Poyato
Jorge Flores
Xurxo Gómez-Chao (sección de la obra)

martes, 17 de noviembre de 2015

Torre de la Calahorra



A la izquierda del río Guadalquivir se levanta impresionante la Torre de la Calahorra. Ha sido muy escasa y dispar la información que he recogido sobre esta fortaleza que se alza frente al Puente Romano de Córdoba coincidiendo en todos los manuales tanto la historia como las descripciones que se hacen de este edificio, por lo que he intentando recopilar toda la información posible sobre él.

"Calahorra" es un nombre prerromano, de etimología discutida, que se difundió en al-Andalus como "qalahurra" (en árabe qala'at al-hurriya que significa torre libre), nombre que se utilizó para designar a una torre importante y aislada. La Torre Calahorra de Córdoba está situada defendiendo el extremo sur del puente romano por el que se accede a la ciudad, obra monumental esta última de 270 metros de longitud que se sustenta sobre 16 gruesos arcos construido en el siglo I a C. en época de Julio César. La Torre Calahorra ya aparece citada en fuentes árabes del al-Andalus antes de que Fernando III El Santo reconquistase la ciudad en 1236 siendo, precisamente ésta, unos de los obstáculo que dificultó el acceso y la toma de la ciudad califal a través del puente romano.

Enclave de control y defensa de la ciudad desde antiguo, su estructura refleja la diferentes actuaciones y ampliaciones que afectaron en ella a través de los siglos. El arco de herradura que puede verse en la parte del puente debió servir de puerta anexa al mismo, formando un recinto rectangular que fue reforzado con dos torres laterales construidas en el siglo XII, época de especial turbulencia en el que la ciudad estuvo bajo influencia almorávide y almohade.

Reconquistada la ciudad en el siglo XIII por Fernando III, se inicia con Alfonso X el Sabio la construcción del Alcázar de los Reyes Cristianos que culminará su biznieto Alfonso XI en el que manda construir los baños reales para su amada doña Leonor de Guzmán, madre del conde don Enrique, futuro Enrique II de Trastamara. y éste a su vez aquí "mantuvo amores  con la portuguesa Juana de Sousa; (y) Pedro I el Cruel escuchó buenas nuevas de sus batallas ganadas y malas nuevas de las perdidas". Y es que no todo fueron buenas nuevas ya que la muerte de doña Leonor, presa por orden de Pedro I y ordenada por la madre de éste, María de Portugal, sería el origen de la guerra civil que lo enfrentó a su hermanastro Enrique que concluiría con el cambio de dinastía en Castilla.

La ciudad no fue ajena a la lucha dinástica ni a las represalias que ejercieron los contendientes. En 1367, según nos relata el canciller Pedro López de Ayala, hubo una brutal represión contra los partidarios del conde don Enrique ordenada el rey Pedro I  que "fizo matar a diez e seis omes de la cibdad, que eran homes de honra"; por lo que no es de extrañar que poco después, a principios de 1368 se produjera la sublevación de Gonzalo de Mexía a favor de Enrique II. Frente a La Calahorra batallaron entonces las tropas de Pedro I, que se había aliado con Mohammad V, rey de Granada, organizando una acción de castigo contra la ciudad: "El Rey Don Pedro y el Rey de Granada juntáronse en uno e vinieron sobre Córdoba... E los moros eran muchos e llegaron muy fuertemente a la cibdad... llegaron a una coracha que dicen la Calahorra, e tan de recio la combatieron que la tomaron e cobraron..." Tras la victoria final de Enrique II éste mandó reforzar la fortaleza ese mismo año de 1368 construyendo una tercera torre que se unió con dos cilindros a las dos torres cuadradas que flanqueaban el arco de entrada; además mandó construir un foso con puente levadizo, a la vez que se tomó la medida de desviar el último arco del puente hacia el oeste para evitar pasar por el centro de la torre y así bordearla por uno de sus lados.

Con la aparición de la artillería a finales del siglo XV, el aspecto defensivo de la torre, ya por sí formidable, con recios muros y un profundo foso, va a cambiar. Se añaden la apertura de troneras de "orbe y cruz" para facilitar el disparo de piezas de artillería; y por último, en 1514 se acomete una nueva reforma ordenada ésta por la reina Juana I La Loca que consiste en construir una barbacana defensiva. Con esta última reforma se dotará a la fortaleza del aspecto que prácticamente tiene en la actualidad.

El interior tiene forma de cruz y cuenta con tres alturas, siendo la parte central del edificio, de forma rectangular, de mayor dimensión que las laterales que tienen forma cuadrada. Sus dependencias se utilizaron como cárcel para la nobleza cordobesa; fue cuartel y en el siglo XIX escuela de niñas. En la actualidad acoge un interesantísimo Museo Vivo de al-Andalus en el que se muestran tanto los personajes como los avances de ciencias y técnica de la época de esplendor que alcanzó la cultura andalusí. Desde 1931 es declarada Monumento Historico Artistico junto con el Puente Romano; y en 1994 por la UNESCO, dentro del conjunto de la ciudad de Córdoba, Patrimonio de la Humanidad.

Para ilustrar algo más el término calahorra se puede recurrir a la espectacular recreación que se hace de La Calahorra de Elche (Alicante), edificada originariamente extramuros a pocos metros de la muralla: "fortificación que llegó a tener 30 metros de altura (...) El lado interior estaba protegido por un foso y no se podía acceder a ella sin subir a la muralla y cruzar una puerta levadiza, lo que la convertía en casi inexpugnable". Por último anotar que en el texto del canciller Pedro López de Ayala a la torre de la Calahorra la denomina coracha, un término que en castellología suele utilizarse para designar a la "muralla que desde una fortificación conecta con una torre avanzada, normalmente sobre un río, pozo o teso próximo",


Para elaborar esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998
Historia de España musulmana, Chejne, Anwar G, Ed. Cátedra, Madrid, 1999.
Una lectura demográfica de la Crónica de Pedro I, en Poder y sociedad en la Baja dad Media, (T.1), González Mínguez, CésarUniversidad de Valladolid, Valladolid, 2002.
Córdoba en 2 días, Diario El País, Madrid 2009.


Y las páginas de internet:

www.torrecalahorra.es
www.artencordoba.com
www.turismocordoba.org.




Vista del puente romano y de Córdoba desde la Torre de la Calahorra

jueves, 5 de noviembre de 2015

M. Teresa Mata: La Dama


La Dama. Sin lugar a dudas la de Elche. Trabajar sobre un icono sin caer en la obsesión, captando, configurando sólo las sensaciones de la artista y la abstracción del personaje sin rostro, en ocasiones simplemente esbozado y, en la mayoría de las obras, sin una sombra que ilumine el rasgo. "Pinto con sentimiento; sin sentimiento no sabría qué expresar". No es obsesión, ni la atracción subconsciente hacia el propio origen: "Yo nací en Elche". Una simbiosis quizá, o empatía con la dama íbera, como un retorno a través de la obra en la que podría afirmar: soy yo, mi estado, mi ánimo.


La referencia: "Algunas mujeres ibéricas llevaban collares de hierro y grandes armazones en la cabeza, sobre la que se ponían el velo a manera de sombrilla, que les cubría el semblante. Pero otras mujeres se colocaban un pequeño tympanon alrededor del cuello que cerraban fuertemente en la nuca y la cabeza hasta las orejas y se dobla hacia arriba, al lado y detrás". Artemidoro de Éfeso (Año 100 a.C.)


"La artista que de forma autodidacta comienza con la búsqueda de formas y colores con los que trasmitir su mundo interior, muy vinculado con sus raíces". Mata centra su trabajo en el tocado de la pieza, la zona más monumental de la Dama, "El complicado tocado y el rico aderezo indican que se trata de una persona principal, o relacionada con el culto", imagen de la bella cuyo rostro, entre helenístico y orientalizante, pasa a un segundo plano o a esfumarse definitivamente, y la embellece, si cabe, con arabescos de rasgos expresionistas "cercanos a la nueva abstracción".


La Dama, de M. Teresa Mata, en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 14 de noviembre de 2015.






lunes, 2 de noviembre de 2015

El castillo de Palazuelos


En nuestro recorrido por tierras de Guadalajara, tras pasar la noche en Sigüenza seguimos dirección a Atienza por la carretera CM-110; a unos 8 km. tomamos un desvío a la izquierda que nos lleva hasta Palazuelos un lugar de singular belleza. que conserva prácticamente intacto su trazado medieval. Es una población encerrada en su recinto amurallado bajo la atenta mirada de su castillo. El pueblo está asentado sobre una suave ondulación del terreno que lo hace visible desde la carretera, aunque esto hacía que en época medieval fuese difícil su defensa. Su historia, como nos indican las fuentes que hemos consultado, Antonio Herrero Casado y Jorge Jiménez Esteban, se basa sobre todo en la historia de los señores que la poseyeron a través de los siglos, y sobre todo al marqués de Santillana que mandara construir tanto el castillo como la muralla que la rodea y la de su hijo, Pedro Hurtad de Mendoza, que concluyó las obras.

Su historia se inicia tras la reconquista a los musulmanes y en el siglo XII. Palazuelosqueda integrada a en la jurisdicción de Atienza. En el siglo XIII el rey Alfonso X el Sabio la donó junto a otros lugares a su amante doña Mayor Guillén de la poderosa familia de los Guzmán. Ésta la donó en herencia a su hija doña Beatriz de Castilla nacida de sus amoríos con el rey sabio y que llegó a ser reina consorte de Portugal al casar con Alfonso III de Portugal. De ésta el lugar lo heredó su hija doña Blanca, infanta de Portugal y abadesa del Monasterio de las Huelgas de Burgos donde moriría en 1321 no sin antes haberlo vendido a su primo el infante don Pedro, hijo del rey Sancho IV de Castilla quien lo vendió a su vez en 1314 al obispo de Sigüenza don Simón Girón de Cisneros. No obstante este baile de propiedades no debieron suponer grandes cambios en el lugar hasta que en la segunda mitad del siglo pasa a manos de la poderosa familia de los Mendoza.

En 1380 figura entre los bienes que integran el mayorazgo que Pedro González de Mendoza y su mujer Aldonza Fernández de Ayala fundan a favor de su hijo Diego Hurtado de Mendoza, que fuera almirante de Castilla. De éste pasó en 1404 en herencia a su hija doña Aldonza de Mendoza. aunque fue el hermanastro de ésta  don Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, tras un largo litigio con su hermanastra por la herencia, quien poseyó la propiedad y comenzó a levantar el castillo y las murallas que aún hoy podemos apreciar, dejándola a su vez en herencia a su hijo don Pedro Hurtado de Mendoza, adelantado de Cazorla, quien prosiguió las obras hasta concluirlas.

La muralla rodea todo el pueblo excepto algún tramo con trozos derruidos. Ésta se refuerza con varios cubos y cuatro gruesos torreones donde se ubican las cuatro puertas. Estos torreones tienen planta cuadrada y gruesos muros, cuentan con cubos en las esquinas, y es desde donde se ingresa en el pueblo. La entrada se hace a través de un arco ojival abierto en una de las caras, "para dificultar la entrada se hicieron las puertas abiertas en amplio arco adovelado apuntado, formando ángulo de manera que la propia puerta es como un pequeño patio de armas",  y se sale al pueblo por otra puerta diferente y lateral, en forma de zig-zag, de esta forma se impedía la entrada franca al recinto. Esta estructura fue utilizada por los Mendoza en todas sus construcciones. Los tuvieron dos pisos habitables y en alguna de ellas se ven aún, algo desgastados, los escudos de la familia.

En el lienzo norte y adosado a la murallas se encuentra el castillo, que Antonio Herrera nos describe así: "lo rodea una barbacana o defensa baja a la que se penetra desde la villa por una puerta que tuvo puente levadizo, y está escoltada de dos desmochados torreones. El recinto interior tiene una liza que lo rodea, y en el centro se alza el cuerpo principal, que consta de un edificio alto, cuadrado, herméticamente cerrado y rodeado de dos cubos en las esquinas y una gran torre del homenaje adosada al muro de poniente. La entrada a este recinto interior está en dicho muro occidental. Por ello vuelve a repetirse el sistema zigzagueante de acceso en el caso del castillo".  Finalmente señala que tras un paseo agradable por todo el recinto amurallado recreándonos en las puertas de acceso, y en el interior, la picota jurisdiccional de villazgo que hay en la plaza a la que se accede desde la puerta de Sigüenza, a la que se puede acceder en coche, y pasear frente a la puerta más alta que da al monte, puerta también blasonada; y por el exterior hasta llegar al castillo que en su día hubo de tener libre acceso. Apunta Jiménez Esteban, y llama la atención, el hermetismo del cuerpo central del castillo que carecía de ventanas y saeteras por lo que sólo era defendible desde el adarve. El edificio debió sobrepasar bastante en altura a las murallas.

El castillo y el lugar perteneció durante siglos a la familia Mendoza, a su rama de los duques de Pastrana . En 1811 es testigo de las escaramuzas de Juan Martín "El Empezinado" contra los franceses en la guerra de la Independencia quedando el castillo seriamente dañado, y llegando al abandono después de que en ese mismo año las Cortes de Cádiz promulgan la abolición de los señoríos, hecho que no fue efectivo hasta 1837. Propiedad del Estado, en 1974 se subastó el lugar, tanto el castillo como las murallas, pasando de nuevo a propiedad privada. El castillo en la actualidad se está rehabilitando, como puede apreciarse en el contraste de los colores de la piedra utilizada en la obra y su acceso, por consiguiente, está totalmente restringido; mientras que las murallas presentan un deterioro considerable, sobre todo el lienzo oeste que da al monte y la zona limítrofe al castillo donde han desaparecido.

Desde Palazuelos, a falta de un lugar donde tomar café, porque el pueblo languidece y es difícil encontrar alguna persona, partimos por la GU-135 a la cercana población de Carabias que cuenta con una espléndida iglesia románica porticada que, al igual que el castillo, tampoco pudimos ver porque la llave la tenía el cura y éste vivía en Sigüenza.Tras un breve paseo alrededor del edificio partimos dirección de nuevo a Palazuelos para retomar la CM-110 dirección a Imón y de allí a Atienza.

Puerta del Monte
Para hacer esta entrada he consultado los siguientes textos:

Castillos de Guadalajara IJiménez Esteban, Jorge, Libros Penthalon, Madrid, 1992.
Guía de Campo de los Castillos de GuadalajaraHerrera Casado, Antonio, Ed. Aache, Guadalajara, 2000.
Poder y sociedad en la Baja Edad Media Hispánica. Estudios en homenaje al profesor Luis Vicente Díaz Martín., en especial el artículo Pedro González, o el ascenso de los Mendoza, Del Val Valdivieso, Mª del Mar, pag. 289 y ss. Universidad de Valladolid, Valladolid, 2002.
Rutas de los Castillos de Castilla-La Mancha, Guadalajara, Castilla-La Mancha Turismo.

También es interesante visitar la página oficial del Castillo de Palazuelos en: http://www.castillodepalazuelos.es/

Puerta de Sigüenza o del Cerco
Puerta de la Villa
Escudos de los Mendosa sobre la puerta de la Villa
Puerta de Sigüenza o del Cerco desde la plaza Mayor
Fuente y royo jurisdiccional en la plaza Mayor
Esquema de las murallas en el interior de la Puerta Sigüenza o del Cerco
Puerta del Monte entrada y salida por la derecha al pueblo
Entrada a la barbacana del castillo