sábado, 10 de diciembre de 2016

San Pedro de la Nave


Siguiendo por la provincia de Zamora después de pasear junto a la Puerta de la Traición o de la Lealtad, nuestro próximo destino El Campillo, a 25 kilómetros por la carretera N-122 hasta el cruce con la ZA-P-2327 hasta donde termina la carretera para ver San Pedro de la Nave, uno de los pocos edificios que por su humildad y aparente sencillez es capaz de conmover al viajero.


San Pedro de la Nave fue construida a orillas del río Esla entre los años 680 y 711, "por lo que se trata de una de las últimas obras del arte visigodo". A orillas del río estuvo algo más de 12 siglos hasta que en la década de los años 30 del siglo XX, la construcción del embalse de Ricobayo, condenaba a la iglesia a desaparecer bajo las aguas de la presa. A instancias del arqueólogo e historiador granadino Manuel Gómez Moreno, que es quien la descubre por casualidad en 1903 y la cataloga como visigoda, es edificio, concluye, "construido en el siglo VII, como iglesia de un monasterio durante la monarquía goda de Toledo". Será el propio Gómez Moreno quien dirija su traslado. La iglesia se desmonta piedra a piedra para trasladarla al cercano pueblo de El Campillo donde, entre 1930 y 1932, se vuelve a montar, siendo desde entonces"el edificio que más destaca del humilde caserío que lo circunda".


"Su primera traza respondió a una planta de cruz griega, aunque luego se trazaron las dos naves laterales que le confieren el aspecto final, híbrido entre la planta basilical y la cruciforme. Posee dos estancias, una a cada lado del presbiterio, que debieron de servir de celdas eremíticas. Las cubiertas son abovedadas en medio cañón, pero mientras las del cabecero y la de los recintos laterales se conservan en su original estructura pétrea, las de los tramos occidentales de las naves son de ladrillo volteado. Los arcos son de herradura, al modo visigótico. Destacan los capiteles historiados de "Daniel en el foso de los leones" y "El sacrificio de Isaac".


No obstante, tras esta escueta descripción que nos proporciona el catálogo turístico, vale la pena detenerse para leer la descripción más pormenorizada que se hace en Arteguías. En esta página se comentan otras posible fechas de construcción, adelantando ésta al siglo X, tiempo al Reino de Asturias; si se construyó en una o dos fases o la utilidad que pudo darse a las estancias laterales además de celdas para monjes eremitas, se pueden considerar "auténticas sacristías o cámaras para la custodia del tesoro sagrado (libros y utensilios para la liturgia, objetos de valor donados al monasterio, etc.)", y la interpretación de las imágenes esculpidas en los capiteles historiados. Respecto a la datación del edificio y su estilo visigodo, Gómez Moreno escribe: "Y si ahora, visto dos veces y estudiado el edificio, logro cierta fijeza de criterio, es para desmentir la tradición erudita... (que la consideraba del siglo X) Para mí es obra de finales del VII ó principios del VIII".


Llama la atención que la iglesia no tenga adosado el campanario, sino que la espadaña con sus campanas se encuentra "en el muro que rodea este monumento que a nadie deja de sorprender por su belleza". Hoy día esta pequeña población de escasos habitantes, tiene el privilegio de celebrar en tan singular edificio sus liturgias, aunque, como dice un vecino, no todos los . Y desde aquí, tras hacer un pequeño gasto en el bar, volvimos a Zamora para terminar el día visitando la iglesia de Santiago de los Caballeros, donde cuenta la tradición, fue armado caballero El Cid Campeador.


Para esta entrada he consultado las siguientes fuentes de información:

Zamora. Desconocida perfecta. Patronato de Turismo. Diputación de Zamora. 2014
San Pedro de la NaveArteguías.com
Vida y trabajo de Manuel Gómez-Moreno con la arquitectura altomedieval como temaLuis Caballero Zoreda, CSIC, Madrid 2010.





domingo, 4 de diciembre de 2016

Torre de Lomana


Después de visitar Frías, el castillo y el impresionante puente medieval sobre el Ebro, tomando dirección a Trespaderne nos desviamos escasos kilómetros para detenernos en Lomana con el único fin de recrearnos en su casa-fuerte, robusta e impresionante. El edificio es también conocido como Torre de los Bonifaz, que, como nos recuerda José Manuel Gutiérrez en su Castillos de Castilla y León, fue mandada construir por Alfonso de Bonifaz en el siglo XV, Este Bonifaz era o decía ser "descendiente del legendario Ramón Bonifaz, brillante marino que acompañó al rey Fernando III en la conquista de Sevilla", además sería el primer Almirante de Castilla y creador de la Marina Real de Castilla en el siglo XIII.


La construcción de un edifico defensivo dentro del señorío de los Velasco sin pertenecer a ellos, está aparejada a la relación de servidumbre de los Bonifaz hacia éstos. Esta relación debió iniciarse con la cesión que Juan II hace en 1446 de la ciudad de Frías al conde de Haro, Pedro Fernández de Velasco. Cabe recordar que esta cesión fue problemática toda vez que el antecesor en el trono, Enrique III, había otorgado un privilegio por el que ningún rey podía donar o enajenar Frías. La ciudad se resistió a aceptar a su nuevo señor, por lo que éste, cuatro años más tarde, tuvo que sitiar la ciudad hasta someterla por sed y hambre tras dos meses de cerco. Según Pedro M. Vargas, en su espléndida entrada en Castillos del Olvido, los Bonifaz en esas fechas habían sido alcaides de Frías por nombramiento real y se mantendrían al mando de la fortaleza por el apoyo que Alonso Bonifaz debió dar al conde de Haro en la toma de la ciudad. Quizá sea esta la razón por la que los Bonifaz no tendrían muchos problemas para edificar la casa fuerte dentro de su señorío, servicios que mantendrían en el tiempo puesto que en el Catastro del conde de la Ensenada, de mediados del siglo XVIII, refiriéndose al castillo de Medina de Pomar, centro de los estados señoriales de los Velasco, se anota que "dichas torres se hallan al cuidado de don Marcos Bonifaz, su alcaide".


La casa fuerte está construida en mampostería y sillaría en los vanos, todo en piedra arenisca; su planta es rectangular y presenta cubos redondos en las esquinas siendo el que está junto a la puerta de acceso de mayor grosor, habiendo perdido todo el edificio su almenado. La puerta de acceso, en la fachada sur, es una puerta en arco apuntado sobre la que destaca una ladronera y "varias ventanas fusileras.. que hay que considerarlas posteriores, posiblemente de las guerras carlistas" según indica Pedro M. Vargas. Tiene tres plantas y sus muros escasamente superan el metro de grosor; cuenta con varios ajimeces tanto en la primera planta, lugar donde solían habitar los dueños, como en la segunda, abriéndose una tronera bajo el parteluz de cada ajimez; cuenta además de varias saeteras; en las fachadas del oeste, norte y este la vegetación cubre parcialmente los muros y hace difícil su visión.


En conjunto, concluye J.M. Gutiérrez, la torre "muestra un gran empaque y ofrece una imagen de construcción sólida... (que) permite controlar en lontananza un amplio espacio del valle del río Ebro". De propiedad particular, sólo puede visitarse desde el exterior sin tener acceso al interior donde, según cuentan en el lugar existe un pozo que comunica con el castillo de Frías.


Para elaborar esta entrada he consultado los siguientes libros:
Castillos de Castilla y LeónGutiérrezJosé Manuel , Ed. Edical, Valladolid, 2007.
Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998
Torre de LomanaVargas, Pedro M, en http://castillosdelolvido.com/torre-de-lomana/

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Luz R. Guillén: Puerta de salida


Realmente el problema fue llegar tarde a la inauguración porque, como suele ocurrir, la sensación de haber visto la muestra sin público, evitando cualquier influencia sobre lo que se va a ver, quita cierta sensación de frescura a las inauguraciones, sobre todo no poder ir poco a poco e ir oyendo los comentarios de los invitados sobre qué les sugieren las obras. Llegué con el tiempo pasado y las frases que a veces parecen inconexas quedan flotando como espíritus que pululan en el ambiente, frases que parecen entorpecer cualquier reflexión sobre los obras; tan solo percibía movimiento en ellas, un movimiento que se repetía en cada una, como telones de un escenario abriéndose o cerrándose, recogiendo escenas que parecían haber ocurrido hacía tan solo unos instantes. Y con esta sensación de llegar tarde, sumergido en una especie de surrealismo en el que ciertas formas parecían emerger del fondo del lienzo, personajes extraños y fugaces que apenas son perceptibles en su fuga a la retina del observador.


La obra al óleo, facilita -leo en la nota de prensa- "la posibilidad de salir", navegar entre "tejidos que se desgarran, desvanecen, escapan, por rendijas o marcos hacia zonas desconocidas". El arte de la fuga, no de huida, sino el contrapunto musical traspasado a la polifonía del color, a las veladuras que nos sumergen en "unas sensaciones blandas que se diluyen en espacios inexplorados" y parecen culminar en una acción que se antoja inacabada,


Es, de vuelta a la sala al día siguiente, en la busca de esas sensaciones que la soledad nos regala, descubrir en las pinceladas que el día anterior parecían invitar a la salida, el lirismo del movimiento, el sueño surrealista plasmado en la más pura teatralidad del instante, momento que captura Luz Guillén, instante violento y fugaz como escenografías que sólo esperan la llegada de actores físicos; los telones, simulando abrirse a un primer acto, dan paso a un desfile por el proscenio desierto, de espíritus en danza al ritmo de la orquesta que bien podía interpretar, se me antoja, la 8ª sinfonía de Schubert, inacabada y sutil, vigorosa y, a la vez, misteriosa.


Y acabada la lectura, disfrutando del oficio de Luz R. Guillén, como quien degusta una sinfonía multicolor, acompasado con el silencio de la sala, nos queda acudir de nuevo al color y al movimiento plasmado en el lienzo, a la danza de colores que nos sumerge en esa teatralidad y efusión de lirismo pictórico, hasta un cierto desasosiego y abandono de un espectral romanticismo que arrastra la imaginación del espectador hacia la más pura de las abstracciones.


Puerta de salida, de Luz R. Guillén, en Galería Orfila, calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 3 de diciembre de 2016.


jueves, 17 de noviembre de 2016

Viajando en un R7 color vainilla


Era una noche de fiestas. Yo estaba entre los asistentes sentado en un banco contra la pared de la nave que hacía de bar. La gente bailaba al son de una orquesta. digamos que animosa. Frente a los que estábamos sentados pasó un coche claro, lento, como intentando no levantar el polvo del camino. Terminaron los músicos el pasodoble; las parejas, quietas, miraban al escenario esperando la siguiente pieza. El cantante se acercó al micrófono:

- Acabo de ver pasar un coche de época -dijo sorprendido, como si en el lugar, en las fiestas de San Esteban de los Patos, que así se llama el lugar, tuviese el privilegio de contar con un coche de época  y circulando-. Un coche color crema -añadió- aunque no he visto la marca.
- No es color crema, -susurró la vecina que estaba sentada a mi lado- es color vainilla.


Pero nuestro viaje no empieza en Los Patos, sino en Mingorría, en una plaza sin nombre donde la calle de la Iglesia se divide en dos; frente a un portalón que en su día, y por el tamaño de las puertas, debió servir para guardar carros y sobre el que hay escrito: Año 1907. Podíamos haber empezado, Ángel Luis y yo, nuestros paseos en una plaza con nombre, de las muchas que tiene el pueblo, pero preferimos partir de aquí y recorrer algunos lugares que sí tienen historia, en el R7 color vainilla que los íntimos llaman "la Limusina". Montamos y en él nos marchamos hacia el cerro de la Virgen que oficialmente se llama de San Cristóbal.


En el cerro están dos imágenes emblemáticas del pueblo, el verraco vetton y la ermita donde descansa la mayor parte del año la Virgen del Rosario, el resto, y sólo durante el mes de octubre, lo pasa en la iglesia. Ambas, la ermita y la iglesia, debe ser coetáneas, según me comentó Félix un día que paseaba con su galgo muy cerca de allí, en torno al siglo XVII. Hace años la ermita fue expoliada y se llevaron varias figuras y alguna obra de arte que se guardaban en su interior:

- Los angelitos que estaban en las andas que sirven para bajar a la Virgen, alguna imagen del retablo y, lo más valioso, las puertas del Sagrario- me dijo una parroquiana mientras tomábamos el vermú en el bar de la Sindical-
-Un vermú para mi cuñada y de pincho torreznillos -gritó la camarera.
 -Más o menos a principios de 1980 porque Fernando -el anterior cura- llegó a mediados de los 70 y eso ocurrió mucho después -concluyó la parroquiana mientras cogía su vaso de vermú-.

Eso ocurrió al menos hacía 36 años, aunque Flores me aseguró, al otro extremo de la barra del bar, que sólo habían pasado unos 10 años del robo. Y es que los años pasan volando y apenas si se recuerdan fechas de hechos tan relevantes. La ermita debió tener una entrada porticada, esto se puede deducir por las piedras en forma de canes que debieron soportarla y que aún se ven sobre la entrada, y las piedras labradas que se alinean junto a la pared y que hoy sirven de asiento a los paseantes. Tiene además, en una de las esquinas, la de la izquierda mirando a la puerta y a media altura, un verraco incrustado del que se sirvieron los obreros en su día, para ahorrar en materiales, a la hora de levantar la ermita, algo más habitual de lo que puede parecer.


-A cuentas de este verraco, -me dice José Luis que es segoviano y ahora es maestro jubilado- tuvo un debate mi tío. Alguien publicó en el Diario de Ávila su descubrimiento. ¡Qué cosas! dijo su tío escribiendo la Diario: "¡si cualquiera del pueblo sabía que esta ahí!"

En fin, ahora no queda más que enseñar a los visitantes este segundo verraco del que se distinguen las orejas, el lomo y el rabo con verdadera forma de cerdo. A ese lado de la ermita, el que da al norte, hay un cercado de piedra que comienza a caerse, que según me dijeron era cementerio. Allí muy cerca, en la tierra que era de Moisés, estando éste arando, levantó una losa y descubrieron que era la tumba de un señor, del que sólo quedaba el esqueleto vestido de militar, con uno de aquellos trajes con gorra, charreteras, hombreras, polainas, botas altas, medallas y aferrado a un sable, aunque nadie supo decirme qué pasó con el esqueleto en cuestión. Pero de esto hace mucho tiempo y fue sobre lo que estuvimos hablando Ángel Luis y yo, mientras le contaba qué hacía allí, en el extremo del muro que se está cayendo y que en su día fue cementerio, una cruz de piedra inclinada sobre una peana que parece que le está grande. Pero esa historia la dejamos para la siguiente parada de nuestro viaje.

* Dos semanas después de mi conversación para averiguar cuándo fue el robo de la Ermita, alguien tuvo la feliz idea de rescatar un artículo del Diario de Ávila de 1992 con la noticia del expolio.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Mujeres. Afganistán


Hace un par de semanas que vi esta exposición. Más allá de la sensación de infinita emoción que capta y transmite Gervasio Sánchez en sus fotografías, y los textos de Mónica Bernabé, los justos para dar a conocer en breves frases la historia que encierra cada imagen, más allá de todo esto, digo, tuve dos sensaciones contradictorias. La primera fue aquella que me recriminó un día un lector que veía en imágenes similares la apropiación del dolor ajeno desde la perspectiva de un primer mundo feliz, aquel lector, imagino, hubiese preferido ocultar la realidad antes que darla a conocer; y el otro, la profunda tristeza que produce tanto sufrimiento y a la vez cierta sensación de esperanza al contemplar la entereza con la que esas personas sobrellevan el drama de la vida; otras, sin embargo sucumben sin remisión, agotadas y sin destino ni esperanza, tan solo al amparo de su dignidad.


La muestra me recordó un libro, un relato realmente duro de Alekxandar Tisma, El uso del hombre, en el que el escritor serbio narra la historia de un pequeño pueblo de Serbia junto a la frontera húngara durante la II Guerra Mundial; en él convivían serbios, húngaros, alemanes, cristianos y judíos, "tienen en común el pertenecer al común de los mortales: ninguno es ni se hace el héroe". Cuando la guerra termina, en la que todos, de una forma u otra han sufrido el terror y la miseria humana, todos callan su particular tragedia porque a todos les ha tocado sufrir un drama tan cruel como el del vecino.


No son las de Gervasio Sánchez imágenes que abunden en la miseria humana ni en el drama de la mujer afgana para quedarse ahí, sino todo lo contrario, yo las vi como el presente que intenta proyectar hacia el futuro a una sociedad que, como la afgana, es "profundamente conservadora, machista y religiosa, y es imposible cambiar esta realidad en cuestión de años",

"Esta exposición muestra que la violencia contra las mujeres en Afganistán empieza en el seno de la familia y es endémica, independientemente de que los talibanes estén o no en el poder".


"Una mina antipersonal arrancó las dos piernas de cuajo a Zar Bibi cuando caminaba por un campo de cultivo en la afueras de Kabul en 1996. Sólo tenía 14 años (...) aprendió a caminar con dos piernas ortopédicas. Ahora está casada y tiene una hija de tres años y un hijo de uno".


"Shamsia (...) "Las burbujas simbolizan las palabras que la mujeres querrían decir y no dicen, porque en Afganistán no se les da voz" explica".


"El estadio de deportes de Kabul es donde los talibanes cortaban las manos o ejecutaban a los que no cumplían sus preceptos. Allí mataron a Zarmina madre de siete hijos en 1999 acusada de matar a su marido (...) Jóvenes afganas juegan ahora a fútbol en ese lugar"


"Rangina (...) Se podría haber quedado en Estados Unidos, donde se exilió a los cuatro años junto con su familia, pero, de joven, decidió volver a Afganistán para ayudar a las afganas".


"Afganistán es uno de los peores países para ser madre (...) Las mujeres son madre muy jóvenes, dan a luz muchos hijos y de forma muy seguida (...) Los embarazos muy seguidos hacen que el cuerpo de la madre no tenga tiempo suficiente para recuperarse".


"Jamila, de 17 años, casada desde hacía siete meses y embarazada de dos. Sufría quemaduras en el 48% del cuerpo (...) dijo que fue un accidente, pero los médicos creen que se intento suicidar (...) Murió el 9 de mayo de 2012".


"Los médicos operan a Hamila para trasplantarle piel de las piernas a la zona del cuerpo quemada. La joven de 19 años, se prendió fuego ella misma porque la casaron con un hombre que no quería".

"Afganistán es el único país del mundo donde el número de mujeres que se suicidan es superior al de hombres".

"Farzana, de 17 años (...) Huyó con su primo porque quiere casarse con él (...) condenada a un año y medio en un correccional".

"(...) Las mujeres suelen consumir opio ante la imposibilidad de recibir asistencia sanitaria. Recurren a este narcótico  como sustitución a los medicamentos, y se acaban enganchando (...)".

"Shinkai (...) es una de las diputadas que más ha luchado para cambiar la legislación machista del país sin conseguirlo. Ella misma lo ha sufrido (...) se casó mediante un matrimonio concertado y tuvo una hija y tres hijos (...) "El se fue con otra mujer y no quería quedarse los niños (...) Pero después se llevó a la hija (...) y más tarde a los hijos. La legislación afgana da la custodia al padre".


Mujeres. Afganistán, de Gervasio Sánchez y Mónica Bernabé, en Conde Duque Madrid, calle Conde Duque, 9 de Madrid, hasta el 27 de noviembre de 2016.

martes, 8 de noviembre de 2016

Castillo o torre de Moñux


En nuestro viaje por Soria en tierras de Almazán llegamos a Moñux después de visitar la iglesia románica de Perdices. En Muñox esperaba encontrar, según la información que tenía, una sencilla torre camino de Almenar de Soria. donde sí nos esperaba una formidable fortaleza. Aunque humilde, emplazada sobre un cerro de fácil acceso desde el pueblo, este edificio me permitió indagar sobre dos conflictos sucesorios en la Corona de Castilla: la guerra civil entre Pedro I el Cruel y su hermanastro el conde don Enrique que reinaría como Enrique II de Trastamara, mediados del siglo XIV; y con anterioridad a finales del siglo XIII las tensiones vividas durante la minoría de edad de Fernando IV y las aspiraciones al trono de los Infantes de la Cerda, en la frontera entre los reinos de Castilla y Aragón.


La construcción es aparentemente tan humilde que Martín Jiménez en sus  rutas de castillos y fortalezas de Castilla y León comenta de forma escueta que "Moñux conserva una torre de planta cuadrada, levantada, posiblemente, en el siglo XIV". Sin embargo, la importancia del enclave y de la misma nos la da Edward Cooper que destaca la posición de la torre como un punto de control de "unas cañadas importantes", y añade sobre el edificio: "lo que de lejos tiene apariencia de una simple torre con vestigios de un ajimez gótico conservado en la fachada sur resulta ser un auténtico castillo que domina panoramas inmensos hacia oeste y noroeste y, en particular, la extensa zona existente con carácter de dehesa al norte de Villanueva de Zamajón. Tiene doble recinto y restos de un aljibe".


Según Cooper no consta de quién era señorío en tiempos de Fernando IV y en especial en su minoría de edad en la que la regente, su madre doña María de Molina  hacía frente a las aspiraciones de Alfonso de la Cerda al trono con el apoyado de Aragón. Señala Cooper que se desconocía el señorío"pero lo había adquirido en 1176 la Mitra de Sigüenza por donación de Alfonso VIII" por lo que desde esa fecha la fortaleza debió mantenerse en poder del obispado toda vez que en aquellos años era obispo Simón Girón de Cisneros, pariente de doña María de Molina y serviría de baluarte "contra la ocupación de Almazán por Alfonso de la Cerda de 1298 a 1303". Por otra parte Cobos Guerra y Castro Fernandez en sus Castillos y Fortalezas creen que la torre de Moñux "debía estar construida ya en 1297 cuando Fernando IV hace merced a Gonzalo Ruiz de Villegas de la aldea de Moñux con su fortaleza".


Siguiendo el relato de Cobos Guerra y Castro Fernando, en 1352 la torre fue asaltada y tomada por Pedro I de Castilla, siendo señor del lugar, Pedro Ruiz de Villegas, Adelantado mayor de Castilla, El episodio, según la Crónica de Don Pedro I  del canciller Pedro López de Ayala, arranca cuando el Rey tiene noticias del robo de una recua de su propiedad que iba de Burgos a Aranda por parte de su hermano bastardo Don Tello y el mayordomo de éste, el mencionado Pedro Ruiz: "e sopo como Don Tello su hermano, e Pero Ruiz de Villegas, su Mayordomo Mayor de Don Tello, , desque robaran la recua de Burgos que pasara por Aranda, villa de Don Tello, se fueran para Monteagudo, un lugar del dicho Don Tello cerca de Aragón, e que desque y llegaron, que el dicho Don Tello se fuera para el Rey de Aragón; e que Pero Ruiz fincára en Monteagudo con compaña de armas, é facia guerra dende . E fue el Rey para allá, e falló que Fuente Dueña, que era de Don Tello, é Moñox que era de Pero Ruiz de Villegas, facian. E el Rey llegó á los dichos lugares, e defendieronse algund tiempo, é después dierongelos. E el Rey llegó a Monteagudo, e Pero Ruiz libro su pleyto con el Rey que no faria guerra, é que no le cercasen; e el Rey fizo así, por cuanto quería ir sobre Aguilar, ca Don Alfonso Ferrando Coronel, é los que con él estaban, facían mucho daño por aquella tierra de Andalucía".


Recordemos que Don Tello, señor de Vizcaya era hermano del conde Enrique de Trastamara, ambos hermanos bastardos de Pedro I . DonTello había escapado a la persecución y represión que el Rey esta ejerciendo sobre sus hermanos bastardos, no así su mujer Doña Juana de Lara ni su otro hermano don Fadrique, que fueron asesinados por orden del Rey. Esta misma suerte correría el señor de Moñux, Pedro Ruiz de Villegas que sería asesinado por orden del rey en 1395, tal como relata de nuevo el Canciller en su Crónica: "El Rey Don Pedro, desque ovo hecho sus ayuntamientos en la ciudad de Burgos, vínose para Medina del Campo; e luego que allí llegó en la semana de Ramos fizo matar en su palacio un día en la siesta a Pero Ruiz de Villegas, Adelantado mayor de Castilla, e a Sancho Ruiz de Rojas, (...) E mataron un Escudero de Pero Ruiz de Villegas, que le decían Martín Núñez de Arandia (...) E dio el Rey entonce el Adelantamiento de Castilla, que tenía Pero Ruiz de Villegas , á Diego Pérez Sarmiento (...)".


Sobre la estructura del castillo de Moñux, ya hemos visto más arriba la descripción que de él hace E. Cooper, tan solo añadir la descripción que se hace en la página web Castillos de Soria donde comentan de forma breve la estructura de la torre que "debió formar parte de un sistema defensivo más complejo con al menos una barrera a su alrededor. En fábrica de sillarejo menudo, con las esquinas en sillar, tiene las almenas un poco desmochadas ventanas de buena sillería con matacanes". Recuerda también el papel que tuvo "brevemente en las disputas entre aragoneses y castellanos por la frontera de la Raya durante el reinado de Pedro el Cruel".


Para esta entrada he consultado los siguientes libros:

Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998
Crónicas de los reyes de Castilla. Pedro López de Ayala, Tomo I, Madrid 1779.
La fortificación de España en los siglos XIII y XIV, Cooper, Edward, Marcial Pons-Ministerio de Defensa, Madrid, 2014.
Las muertes del Rey Don PedroCanciller López de Ayala, Alianza Editorial, Madrid 1971. Selección y prólogo de Dionisio Rodruejo.
Los castillos y fortalezas de Castilla y LeónMartín Jiménez, Carlos M. Ed. Ámbito. Valladolid, 2003
Castillo de Soria, en la web: http://www.castillosdesoria.com/monux.htm


Escudo en la entrada de la iglesia Virgen del Pilar al pie del castillo

jueves, 20 de octubre de 2016

Castillo de Poza de la Sal: castillo de los Rojas


Lo más singlar del castillo de Poza de la Sal es su ubicación, construido sobre una cresta rocosa que lo hace prácticamente inaccesible, cualidad que señalan la mayoría de las fuentes que he consultado; tanto es así que al pie de la fortaleza, a la que se accede por una pared prácticamente vertical con escalones excavados en el piedra, hay un cartel del ayuntamiento que advierte de su peligro.


Con esta visita al Castillo de los Rojas iniciamos un paseo por las Merindades a donde llegamos desde el Páramo de Masa, por la carretera BU-502. El castillo se encuentra bajando la carretera, en un escalón natural entre el páramo y la extensa llanura de La Bureba, desde el que se tiene un amplio dominio visual del territorio. A los pies y detrás de la cresta rocosa donde descansa el castillo, se extiende Poza de la Sal, enclave habitado desde época prerroma por la existencia de las salinas, explotadas desde entonces, que le dan nombre a la población. Durante la Reconquista el lugar fue repoblado en el siglo IX por el conde Diego Rodríguez Porcelos, fundador también de Burgos, construyendose aquí una fortaleza que "como otros castillos de esta época seguramente se trataría de una torre principal rodeada de algunos muros y barbacanas".


"A mediados del siglo X aparece en manos de Fernán González. Muy al principio del XI era centro de un pequeño alfoz formando parte, como toda la Buereba, del reino de Navarra". Tras varias tenencias, en 1135 Alfonso VII le concede fueros a la villa. Años más tarde su fortaleza formó "parte de las arras concedidas por Alfonso VIII a su mujer" doña Leonor de Inglaterra. En 1298 el rey Fernando IV  otorga el señorío de Pozas a Juan Rodríguez de Rojas en compensación de los estragos que éste había sufrido en sus propiedades "por su apoyo a la corona en algunos episodios bélicos". Los Rojas construirán el actual castillo de trazas góticas entre los siglo XIV y XV, presumiblemente sobre la primitiva fortaleza románica de la que no quedan restos.


Durante el reinado de Carlos I el castillo es utilizado como prisión, ordenando éste encarcelar entre sus muros a los embajadores de la Liga Clementina o de Cognac, liga estaba formada por Francia, Inglaterra, Milán, Florencia, Venecia y Roma con el papado de Clemente VII , de ahí su nombre, contra el Emperador. por los recelos que suscitó su creciente poder tras la victoria en Pavía en 1525 sobre el ejército francés. En el castillo permanecerán los embajadores entre el 22 de enero y el 19 de mayo de 1528. Poco después, en 1530, el mismo Carlos I otorga el Maquesado de Poza a Juan de Rojas.


Además de prisión la fortaleza tuvo funciones de vigilancia hasta su abandono en el siglo XVIII. Ya en el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia adquiere un carácter defensivo cuando las tropas francesas la rehabilitan y desde donde resistirán los ataques de la guerrilla al mando del vizcaíno Francisco de Longa  y Juan de Mendizabal que en 1813, con unos cuatro mil guerrilleros estuvieron a punto de aniquilar por sorpresa la División Palombini del ejército napoleónico, integrada por soldados italianos, la que se conoce como Acción de Poza. Durante las Guerras Carlistas fue foco del levantamiento en favor de los derechos sucesorios de Carlos María Isidoro, como Carlos V frente a Isabel II en 1833, aunque el castillo sólo se utilizó para labores de vigilancia.


En la actualidad sólo quedan dos torres semicirculares que protegen la entrada al patio de armas y los restos de una coracha que protege uno de los cubos de la barbacana al sur; según explica el cartel informativo. Debió tener foso aunque prácticamente no se aprecia. La fortaleza así mismo debía tener forma triangular adaptándose al roquedo y al mínimo espacio llano existente en la cresta sobre la que se asienta; y siguiendo la descripción que del edifico se hace en Castillos del Olvido, es la razón por la que "sólo tiene lienzos en su lado Norte y Oeste formando ángulo" y dado lo escarpado del asentamiento no precisó de más defensa ni al Este ni al Sur, construyéndose en los extremos cubos defensivos. Para acceder a lo alto hay que hacerlo por unos escalones estrechos labrados en la misma roca hasta llegar a la puerta de acceso de arco ojival. Desde aquí se accede a través de ella a un sótano excavado en la roca, un espacio que debió ser aljibe o bodega, y tras atravesar un pequeño arco se llega a un gran sótano cubierto de bóveda de unos 16 metros de longitud que desemboca en una escalera que nos permite subir a una "terraza muy amplia de unos 36 metros de largo por 12 metros en su lugar más ancho". Desde aquí "puede apreciarse el extraordinario tamaño de los macizos cubos en los extremos opuestos de la fortaleza. Existen también dos torreoncillos apoyados en modillones, uno en el ángulo norte y otro más pequeño en el punto en que tuerce el paramento mayor". No tiene almenas ni matacanes; los muros sobrepasan los 2 metros de espesor y la mayor parte del edificio está construida en mampostería.


Quizá tenga razón Martín Jiménez cuando asegura que "el conjunto resulta más atractivo por su emplazamiento privilegiado que por sus escasos restos desmembrados que ha conservado", eso si no consideramos la construcción del sótano, aunque para mí lo más excitante fue, además de elaborar esta historia, subir hasta lo más alto del castillo, todo un pequeño reto. Señalar por último que en Poza de la Sal nació el naturalista y gran divulgador Félix Rodríguez de la Fuente a quien ya mencionamos en nuestra visita al castillo de Pelegrina en Guadalajara.

Poza de la Sal y valle de La Bureba desde el castillo
Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía además de la información que ofrece la web del Ayuntamiento de Poza de la Sal y la información turística además de los paneles informativos que hay en la fortaleza:

Castillo de Poza de la Sal, Vargas, Pedro Mª, en castillosdelolvido.com
Los castillos y fortalezas de Castilla y LeónMartín Jiménez, Carlos M. Ed. Ámbito. Valladolid, 2003.
Carlos V, el César y el Hombre, Fernández Álvarez, Manuel, Espasa Calpe, Madrid 1999.
Diario de Burgos, Entrevista a Javier Urcelay, 2008, en www.diariodeburgos.es,

Puerta de acceso a la terraza de la fortaleza
Cubo de la zona Norte
Cubo Sur y paseo de ronda
Buharderas enrejadas y acceso al aljibe en la terraza
Castillo y cubos de acceso al patio de armas desde el Sur