jueves, 21 de julio de 2016

El castillo de Maqueda: Castillo de la Vela.


La visita al castillo de Maqueda no estaba preparada porque en principio tenía pensado visitar Escalona como única escala del viaje a Alcabón pero al llegar al cruce de caminos en la carretera de Extremadura, la A-5. con el eje Escalona-Torrijos coincidiendo en Maqueda, donde confluyen las antiguas rutas Ávila-Toledo y Madrid-Badajoz, decidimos hacer un alto desviándonos por la entrada sur para detenernos frente al castillo que domina la antigua carretera N-V.


El castillo de la Vela, como se llama, tiene bien conservados sus lienzos y cubos, lo que le da un aire majestuoso sobre el alto en el que se asienta al sur de la población. Llama la atención, sin embargo, que carece de torre del homenaje. La población contaba ya con un enclave fortificado en época árabe cuyos restos describe detalladamente Edward Cooper y Juan Muñoz Ruano en la bibliografía que cito al final, así como Amador Ruibal, que destaca que en el año 981 por orden de Almanzor, "el arquitecto Fath den Ibrahim al-Amawi reforzó las defensas ante las cuales fue vencido el gobernador rebelde de Toledo por la tropas de Hixem II en 1013".


La ciudad fue conquistada por Alfonso VI en 1083 y en 1177 Alfonso VIII la dona a la Orden de Calatrava, "resistiendo sus defensas 20 años después los ataques de los almohades" en la campaña que en 1196 inicia Abu Yusuf ibn Yakub con el fin de reconqistar Al-Andalus y tras la toma de Plasencia y asolar los campos de Talavera, Santa Olalla y Escalona "lidiaron Maqueda y no la prisieron e vinieron a cercar Toledo". Según Cooper , que centra su estudio en los tres núcleos  visibles de las estructuras "anteriores al castillo en su época señorial, (de los Cárdenas)", -esto son la Torre de la Vela, la base de un torreón y la puerta de la iglesia de Santa María de los Alcázares-, es en 1201, tras la resistencia al avance almohade, cuando se entrega la fortaleza a la Orden de Calatrava que la mantendrá en su poder hasta que en 1434 es enajenada al condestable de Castilla don Álvaro de Luna "a cambio -continúa Ruibal- de Arjona, participando en los conflictos del reino por estos años, siendo sitiada por el príncipe Don Enrique, quien pese a quemar muchas casas de los arrabales no pudo tomarla. Preso Don Álvaro sus hombres la defendieron y Juan II no pudiendo conquistarla por las armas llegó a un acuerdo con los defensores para su sometimiento"; y concluye su relato comentando que la reina Isabel la Católica vivió allí durante algún tiempo, sin especificar más.


El castillo tuvo varios propietarios hasta que fue comprado por don Gutierre de Cárdenas, influyente personaje del reinado de los Reyes Católicos, que alcanzó el cargo de Contador Mayor del Reino y alcalde de Toledo, quien tuvo que reedificarlo pues debía estar bastante deteriorado. El hijo de éste, Diego de Cárdenas fue nombrado por el emperador Carlos V, primer duque de Maqueda. Para terminar, apunta Ruibal de nuevo, encontramos en "1462 su alcaide García Sedeño, con 8.000 maravedies de sueldo".


El castillo que contemplamos en la actualidad tiene planta cuadrangular alargada construido en mampostería. Los lienzos debido al desnivel del terreno donde se asienta, tienen diferentes alturas . Cuenta con torres cilíndricas en las esquinas excepto donde se encuentra la entrada. Coronan los lienzos "unos curiosos merlones y almenas" construidos en ladrillo y sillares posiblemente siendo obra más reciente. La puerta, en el lienzo norte, está construida con un arco de medio punto a base de grandes dovelas decorada con alfiz coronado con el escudo de los Cárdenas, y sobre él, un "matacán de sillería y ladrillo, con una aspillera cruciforme". Añade Ruibal que "hay una poterna en el muro este, junto al torreón, que comunica con el camino de ronda a 20 metros de altura". Según pude comprobar a través de las aberturas que hay en la puerta existen ninguna construcción interna o éstas están fuera de la vista. Llama la atención una tronera que defiende la puerta de acceso desde el cubo del NE, abierta en la última reforma del edificio.


Durante años el castillo, propiedad del Ministerio del Interior, fue reformado en 1947 para convertirlo en casa-cuartel de la Guardia Civil. en la actualidad estaba en proceso de rehabilitación con el propósito de instalar en su interior el Museo Nacional de la Guardia Civil, hasta la llegada la crisis actual que ha paralizado el proyecto poniéndose a la venta el edificio. Para terminar indicar que la visita al interior me fue imposible.


Para esta entrada he consultado los siguientes libros:

 Alfonso VIII: rey de Castilla y Toledo, Martínez Díez, Gonzalo, Editorial Trea, Gijón, 2007.
Castillos de Toledo, Ruinal, Amador, Ediciones Lancia, León, 1992.
Construcciones histórico-militares en la línea estratégica del Tajo, Muñoz Ruano, Juan. Tesis doctoral.
Historia de España MusulmanaChejne, Anwar G., Editorial Anaya
La fortificación de España en los siglos XIII y XIV, Cooper, Edward, Ed. Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.

Puerta de acceso en la esquina NO del lienzo Norte
Tronera abierta en el cubo NE del lienzo Norte

miércoles, 13 de julio de 2016

Vellido Dolfos: traición o lealtad

Decía George Orwell que "La historia la escriben los vencedores", no le faltaba razón. Hace unos años un amigo me preguntó por la historia del cerco de Zamora, y lo primero que me vino a la mente fue el recuerdo que desde niño tenía de Vellido Dolfos, que junto junto al conde Don Julián, era el traidor por antonomasia. Revisando aquella historia leía que se estaba gestando un grupo que buscaba rehabilitar la memoria del noble leonés que en defensa de su ciudad dio muerte al rey Sancho II de Castilla, unos hechos en los que se mezclan la historia y lo juglaresco, y que en una visita reciente a Zamora, intenté recuperar paseando por los lugares donde ocurrió la historia y la leyenda.

Portillo  de la Lealtad y muralla desde el interior.
A la muerte del primer rey castellano, Fernando I, en 1065 su reino se repartió entre sus tres hijos varones; el mayor que reinaría como Sancho II heredó Castilla, el menor de ellos, García, heredó Galicia con Portugal; y Alfonso, que reinaría como Alfonso VI, heredará León reino en el que estaban incluidas las plazas de Zamora y Toro, aunque según Linage Conde, algún historiador "atribuye la primera a la hija Urraca y la segunda a Elvira, especie de origen poético que todavía nosotros alcanzamos a estudiar en el instituto", puesto que lo que legó a las hijas "fueron los monasterios reales de todos sus dominios, para que en ellos pudieran acabar sus días en celibato o mientras permanecieran en ese estado".

El Duero a su paso por el Puente de Piedra (Siglo XII)
El reparto se mantuvo, con tensiones contenidas, hasta la muerte de la reina Doña Sancha dos años después, en 1067. Siguiendo a Linage Conde, Sancho, que pudo alegar derechos de unidad territorial de época visigoda, se cree legitimado sobre la totalidad de la herencia. Sancho y Alfonso llegan a un vago acuerdo en 1071 por el que despojan a García del reino de Galicia pasando prácticamente a poder de Alfonso, En 1072 García es derrotado definitivamente por Sancho, y es desterrado al reino de Sevilla. Aún antes, ese mismo año, Sancho se enfrenta a Alfonso en Vulpejera derrotándolo. Prisionero Alfonso es enviado preso y encadenado a Burgos para ser ejecutado o cegado. aunque por mediación de Urraca, la hermana mayor, Sancho accede a liberarlo y lo destierra a Toledo. Por fin, Sancho II se corona rey de León y acumula en torno a sí la totalidad de los reinos heredados de su padre. Durante la jornada del 6 de octubre de 1072, en la plaza de Zamora sitiada por el rey Sancho y "ante las murallas de la ciudad rebelde a él por obra de Urraca y Pedro Ansúrez -éste último ayo y protector de Alfonso a quien incluso acompañó al exilio-, era asesinado el rey. Sólo el nombre del matador sabemos, y eso por una sola de las fuentes, Vellido Dolfos".

Portillo desde el exterior de la muralla.
Aquí se mezcla la historia con lo juglaresco y acudimos ahora al relato de Menéndez Pidal, analiza el Cantar de Zamora. Nos recuerda el quebranto del testamento de Fernando I por parte de Sancho arrebatando los reinos a sus hermanos, "y cercando a su hermana Urraca en Zamora. Enamorado de la infanta, un mal caballero, llamado Vellido Adolfo, mata oculta y traicioneramente al rey Sancho para libertar a Zamora y satisfacer su propia pasión amorosa. Pasando el matador ante la tienda del Cid, huye de éste cuando le pregunta por el rey. El Cid entonces sospecha la traición, y montando su caballo sin silla, persigue a Vellido, sin poderle alcanzar, porque el fugitivo se entra en Zamora". Según Menéndez Pidal en la redacción literaria de la historia se destaca la hostilidad hacia doña Urraca,"sobre todo en el coloquio entre el Cid y el rey Sancho antes de la batalla de Vulpejera (...) el espíritu de esta narración, enteramente hostil a la infanta Urraca, ya que ésta ofrece sin reservas su amor a Vellido, concuerda bien con la opinión de los castellanos coetáneos del suceso, manifestada reiteradas veces en documentos del siglo XI, donde acusaron duramente a la infanta de ser la causante de la muerte de su hermano", juicio que se atenuó con el paso del tiempo entre los propios castellanos.

Estado de la muralla junto al portillo
A  través de los Romances del Cid en Flor nueva de romances viejos del propio Menéndez Pidal, hacemos un recorrido por la historia que nos interesa. En el Romance Undécimo, durante el reparto de la herencia doña Urraca se queja a su padre por creer que se quedaba fuera del reparto de los reinos, es cuando el rey don Fernando le hace entrega de Zamora, "Allá en tierras leonesas / un rincón se me olvidaba, /  Zamora tiene por nombre / Zamora la bien cercada, / de un lado la cerca del Duero / del otro peña tajada"; termina el romance con "¡Quien vos la quitare, hija / la mi maldición le caiga! / Todos dicen "Amén, amén", / sino don Sancho que calla." Apunta que don Sancho no quiere respetar el testamento paterno aunque el Cid le conmina a que acate la voluntad del rey Fernando. Sin embargo Sancho irá despojando a sus hermanos de los reinos heredados quedando tan solo Zamora a la que pone cerco. En este punto, en el siguiente romance, el Duodécimo, el ayo de doña Urraca, Arias Gonzalo, también tachado de traidor en el Romancero, sugiere a ésta que abandone la ciudad: "-Vámonos hija a los moros / dejad a Zamora salva, / pues vuestro hermano y el Cid / tan mal os desheredaban." En el Romance Quince, un caballero zamorano advierte al rey: "¡Guarte, guarte, rey don Sancho, / no digas que no te aviso, / que del cerco de Zamora / un traidor había salido: / Vellido Dolfos se llama, / hijo de Dolfos Vellido, / si gran traidor fue su padre, / mayor traidor es el hijo", terminando el romance con la muerte del rey y huida de Vellido Dolfos. "Gritos dan en el real: / !A don Sancho han mal herido! / ¡Muerto le ha Vellido Dolfos: / gran traición ha cometido! / Desque le tuviera muerto / metióse por el postigo; / por las calles de Zamora / va dando voces y gritos: / -¡Tiempo era, doña Urraca, / de cumplir lo prometido!"

Portillo desde el interior de la muralla
Para terminar nuestra historia recurrir a los carteles informativos sobre la descripción que se hace de la Puerta de la Lealtad, (antes conocido como "Portillo de la Traición"), y la rehabilitación de Vellido Dolfos: leal a su ciudad: "Abierto muy cerca de la iglesia de San Isidoro, el Portillo de la Traición (o de Arena), simple arco de medio punto forma parte del primer recinto amurallado de la ciudad de Zamora y está vinculada con los hechos históricos del Cerco de Zamora y con la leyenda del regicidio de Sancho II de Castilla a cargo de Bellido Dolfos, noble leones del siglo XI que aprovechó un vulgar apretón del monarca para lanzarle un dardo mortífero y fue después perseguido por el Cid. Pero no existe constancia real de semejante hecho alevoso. Parecen ser glosas del romancero, perfectamente transmitidas por la vía de la oralidad, pero muy reelaboradas en época romántica". El Portillo se encuentra en un tramo recientemente intervenido y rehabilitado, "de 72 metros de longitd. Corresponde al tramo noroeste del primer recinto amurallado, construido durante los siglo XI y XII (...) En el siglo XVIII se hicieron reformas para adaptar su defensa a las nuevas armas de artillería y fusilería, insalando un adarve y un peto artilleros. En 1910 se construyó el Laboratorio Municipal de Zamora y cuyas obras afectaron  directamente a la muralla"; posteriormente, concluye, en 1967 se llevó a cabo una restauración que afectó a parte de la muralla desde el Portillo al cabo de Valorio. Definitivamente, "El 22 de diciembre de 2010 a instancias municipales y como acto de desagravio con la figura de Bellido Dolfos, el Portillo de la Traición cambió su nombre por el de Portillo de la Lealtad, pues es evidente que en el contexto de ese cerco, la ciudad fue sobre todo leal a sí misma".

Iglesia de San Isidoro, frente al Portillo (Siglo XII)
A la muerte de Sancho, Alfonso regresa del destierro habiendo heredado los tres reinos, aunque hubo de jurar en Santa Gadea a instancias del Cid, que no había participado en la muerte de su hermano, lo que le valió el destierro al de Vivar. Como hemos visto las culpas recayeron en Vellido Dolfos y sobre todo en doña Urraca a los que se les atribuían amores, así como, tres siglos después estos amores se les atribuyeron desde fuentes musulmanas en amores incestuosos entre la infanta y Alfonso. Aquí anotar también que según Linaje Conde, cabe la posibilidad de que el Cid desempeñara el mismo cargo de ayo protector de Sancho como lo era Pedro Ansúrez de Alfonso. El otro hermano, García también regresó de su destierro en Sevilla tras conocerse la muerte de Sancho; a instancias de Urraca se entrevistó con Alfonso en León, y tras esta reunión "García salió de allí para el norteño castillo montañoso de Luna " donde estaría recluido el resto de sus días.

Muralla de Zamora de la que sobresale los muros del castillo.
Para esta entrada, además de los carteles informativos que hay junto al Portillo he consultado los siguientes libros:

Alfonso VI: el rey hispano y europeo de las tres religiones (1065-1109), Linage Conde, Antonio, Editorial Trea, Gijón, 2006
Poesía juglaresca y juglares, Menéndez Pidal, Ramón, Espasa-Calpe,col. Austral, nº 300, Madrid, 1983.
Flor nueva de romances viejos, Menéndez Pidal, Ramón, Espasa-Calpe, col. Austral, nº 100, Madrid, 1989.

Casa de Arias Gonzalo, ayo de doña Urraca, aunque para otros es la
casa del Cid, junto a la puerta del Obispo en Zamora.
Armadura: peto y hombreras. Parador Nacional de Turismo de Zamora

miércoles, 6 de julio de 2016

La atalaya de Torrelodones


Después de visitar el magnífico castillo de Manzanares el Real y los restos de su primera fortaleza, regresando a Madrid por Collado Villalba para retomar A-6, a escasos kilómetros y a nuestra derecha nos encontramos con la atalaya de Torrelodones. Quizá sea una de las estructuras medievales más vistas de toda la Comunidad de Madrid, porque inevitablemente al transitar por la A-6. a su paso por Torrelodones se ve esta pequeña edificación califal. Es una construcción que se denomina las cabeceras de los valles del Manzanares y del Guadarrama, junto a la Torrecilla del Collado o de Navahuerta, en Hoyo de Manzanares, ubicadas ambas en la Sierra del Hoyo, estando esta última muy deteriorada y en un lugar inaccesible al publico en general. Volviendo a Madrid la ciudad está a la izquierda de la autopista, y la atalaya a la derecha y para acceder a ella se ha de hacer desde el pueblo, descender por un paso bajo la autopista y desde allí subir una cuesta empinada, aunque bien preparada, que facilita el ascenso al risco donde se ubica.


Antes de iniciar la subida hay un cartel que nos recuerda brevemente la historia de la atalaya, "la torre de los Dones o Lodones, una de las atalayas o almenaras mandadas construir por el califa Abd al-Rahman III hacia el año 950 dentro de un vasto programa de consolidación y defensa de la frontera media entre Al-Andalus y Castilla". La misión de estas construcciones  era "actuar como puestos avanzados por delante de las principales fortificaciones y guarniciones entre Medinaceli (Soria) y Talavera (Toledo), detectar las incursiones castellanas y dar la alarma con el fin de que se organizara con suficiente antelación una respuesta militar". Debido a su función meramente de vigilancia, eran estructuras muy sencillas que solían edificarse sobre cerros e intersecciones de caminos estratégicos, "ambas torres -la de Torrelodones y la del Collado- , vigilaban los accesos a Madrid desde el paso de la Fuenfría y los valles altos del Manzanares y Guadarrama", aunque no existía visualización entre ambas.


Para la construcción de estas atalayas se utilizan los materiales cercanos y más a mano, lo que ahorraba el transporte y propiciaba su rápida construcción. En el caso de Torrelodones al asentarse la atalaya sobre un cerro de afloramientos graníticos, iba a facilitar el material para la obra de cantería y la fábrica de bloques regulares de mampostería "sobre todo en las hiladas inferiores, haber sido realizadas en sillarejo". Se aprovechaba el relieve del terreno y sobre éste se igualaba la base rellenándola y elevándola, lo que le proporcionaba solidez, "Los tres primeros metros son macizos, elevándose a partir de esa altura la parte hueca de la atalaya". La torre por su altura, en torno a los 13 metros, debió tener 3 pisos aunque reformas de consolidación modernas han borrado cualquier rastro que lo atestigüen, La torre se sustenta sobre una sólida base de tan solo de 4,2 metros de diámetro y unos muros de 80 centímetros de espesor. A la torre se le adosa una cámara rectangular, donde está la puerta de acceso siendo desde esta estancia desde donde se accederá a la torre. El hecho de que las piedras de ambas estructuras traben bien la torre y la cámara hace pensar que ambas son una misma construcción.


El aspecto actual no es ni mucho menos el original ya que la atalaya fue consolidada hace unas décadas. Se añadieron los cuatro merlones de la cámara rectangular, y también el petril con canecillos que corona la torre cilíndrica que dotan al conjunto de una idealización romántica. También se han abierto dos ventanas inexistentes en la estructura original en la cámara rectangular, añadiéndose a su vez en el interior una escalera que tampoco existía, tapándose los mechinales, -huecos donde se anclaban las vigas- y que indicaban las alturas de los pisos.


Es una visita agradable que, como bien recomienda la Guía de Castillos de Madrid, permite al visitante "percibir la esencia del pasado, formar parte de éste, y disfrutar del entorno de la naturaleza", en este caso de Madrid, aunque extensible a cualquier otro lugar.

Para esta entrada he consultado, además de los carteles informativos que hay al pie de la atalaya, los siguientes libros:

Castillo, fortificaciones y recintos amurallados de la Comunidad de MadridDirección General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, catálogo elaborado por Fernando Sáez Lara. Madrid, 1993.
Guía de castillos de Madrid, Direccón General de Turismo, Consejería de Empleo, Turismo y Cultura de la Comunidad de Madrid; edición y textos de Fernando Sáez, Madrid, 2015.

Base de la torre cilíndrica sobre los afloramientos graníticos
Petril sobre canecillos en torre y merlones de estancia cuadrada añadidos
Unión de la estancia cuadrada a la torre y ventana no original
Vista del valle del Guadarrama desde la base de la atalaya